Ante Chile, Colombia tiene que mostrar su mejor versión

En las primeras fases de los torneos, el conjunto de José Pékerman suele ser un equipo y en las etapas definitivas es otro.

El arquero Davis Ospina y James. / EFE

La superioridad individual que posee la selección argentina respecto al resto de los equipos es muy grande, sobre todo en esta Copa América en la que han desertado todos sus adversarios más poderosos. Hablamos de Uruguay, de Brasil y de Paraguay; selecciones que en el continente, sobre todo Uruguay y Paraguay, son capaces de enredarla y de neutralizar sus posibilidades. Argentina tiene a Messi. Y Leo tiene todos los poderes dentro de la cancha. Cuando él aparece en el partido, es un golpe para el rival. Sus jugadas llevan el sello del gol. (Vea Colombia, una selección que invita a soñar) 

Argentina, sin embargo, en determinados momentos de los partidos, pierde el guión. No mezcla bien en la mitad de la cancha. No domina el encuentro. Es entonces cuando, lentamente, el equipo se empieza a disolver. No coordina bien la presión y pierden la pelota porque la manejan mal. Pero hay algo todavía más profundo: la albiceleste persigue un estilo musical y no cuenta con los intérpretes adecuados en la banda. Es un problema conceptual y no táctico. Son criterios del juego: cuándo presionar, cuándo no; cuándo dar un paso al costado. El equipo no se junta alrededor de la pelota, sin embargo, cuando lo hace, crea oportunidades con mucha facilidad. Es tanta la jerarquía de los jugadores de Argentina que, de un momento a otro, todas sus carencias se convierten en algo accesorio, superfluo. Para Estados Unidos, la selección argentina de Leo y sus compañeros es un escollo muy difícil. Un equipo es una idea de juego, pero también es los futbolistas que lo componen. Y la albiceleste es potencialmente mucho más que el conjunto de Klinsmann. El técnico alemán le ha dado optimismo. Es un equipo que tiene empuje, dinámico y que cree en sus posibilidades. Tendrán a su gente a favor, pero visto lo que pasó con México, eso se puede convertir en una contingencia.

El resultado de Chile ante México fue lo suficientemente elocuente como para describirlo como su mejor partido en la Copa. La Roja se encontró ante un adversario insólito, totalmente desorientado, perdido en cualquier sector de la cancha. Chile, desde la época de Bielsa, se ha convertido en un equipo atrevido, desacomplejado. Y cuenta con jugadores que han levantado muchísimo su nivel. Es el caso de Alexis, del todoterreno Vidal y de Marcelo Díaz, un cerebro en el campo. Chile tiene futbolistas que son más de selección que de equipos, como Vargas. Jugadores que enseñan su felicidad cuando juegan para su país.

Colombia es un gran misterio. En las primeras fases de las competiciones suele ser un equipo y cuando se acercan las etapas de definitivas otro. Se convierte en un conjunto tenso, pierde esa capacidad de jugar sin pensar (en el buen sentido). Y cuando no se encuentra con su mejor versión es equipo común y corriente. Son físicamente muy fuertes, tienen una genética envidiable, pero da esa sensación, que les pesa el momento de la definición más que a otros equipos. Por eso es incierto el rendimiento de Colombia.