Colombia, camino a la gloria

Colombia venció con categoría 2-0 a Uruguay y jugará los cuartos de final del Mundial ante la selección local, el próximo viernes. James Rodríguez, quien anotó los goles, fue la gran figura del partido.

Los jugadores de la selección de Colombia celebran el histórico paso a los cuartos de final en el Mundial de Brasil 2014, tras vencer 2-0 a Uruguay. /AFP

Será porque estamos tan acostumbrados a sufrir que los 47 millones de colombianos sentimos que acabamos de tocar el cielo con las manos. Ayer, en el estadio Maracaná de Río de Janeiro, la selección de fútbol derrotó 2-0 a la de Uruguay y se clasificó a los cuartos de final del Mundial de Brasil 2014, la hazaña futbolística, y probablemente deportiva, más grande de nuestra historia.

Y lo hizo gracias a una espectacular actuación colectiva y al talento de James Rodríguez, hasta ahora el mejor jugador del torneo. Su primer gol, esa obra maestra que no nos cansaremos de ver durante días, solo podrá compararse con el de Freddy Rincón en Italia 1990, ese que todavía nos hace erizar la piel al verlo. El 10 bajó el balón con el pecho, se dio media vuelta al borde del área rival y sacó un zurdazo espectacular que entró de pica barra.

Esa era la única manera de traspasar la sólida defensa uruguaya, que no había pasado afugias, ante un equipo colombiano paciente y autoritario que, consciente de su superioridad futbolística buscaba por todos lados la manera de abrir el marcador pero sin dar ventajas atrás, como tenía que ser.

La primera parte de la tarea ya estaba hecha. Ahora había que mantener la solidez defensiva y seguir manejando el partido. Y el equipo de José Pékerman lo hizo. Antes del entretiempo aguantó tres embates de los celestes, uno despejado por Carlos Sánchez y otros dos por el arquero David Ospina.

Ni siquiera el prematuro ole en las tribunas, en las que el 70% de los aficionados eran colombianos, hizo que el equipo se relajara. Tanto así que apenas arrancando el segundo tiempo llegó el segundo tanto de James en el partido, su quinto en el Mundial, del que ahora es goleador.

Perfecta combinación entre Jackson Martínez, Pablo Armero y Juan Guillermo Cuadrado, quien con inteligencia cabecea al centro del área, en donde el 10, bendecido, solo tuvo que empujar la pelota al fondo de la red. Y ahí sí, Colombia entera comenzó una celebración que aún no termina y que no parará en varios días.

Uruguay, fiel a su tradición, echó los restos y fue en busca del descuento, pero son claridad en la mitad ni contundencia arriba. Eso sí, a punta de pelotazos y coraje se arrimó. Entonces emergió la figura de Ospina, que sacó un par de remates complicados, uno de Cristian Martínez y otro de Édison Cavani, además de un mano a mano con Maximiliano Pereira. La ausencia de Luis Suárez, suspendido por la Fifa, se sintió, aunque los hinchas charrúas corearon su nombre y mostraron cientos de máscaras con su rostro.

Pero esta Colombia no cree en nadie. Completó su cuarta victoria consecutiva, con 11 goles a favor y solamente dos en contra. Ya superó, de lejos, cualquier actuación internacional, tanto en lo estadístico como en lo futbolístico, porque es un equipo equilibrado, disciplinado, serio y con chispazos de magia e irreverencia.

Claro que el camino a la gloria sigue abierto para la tricolor, que ahora tendrá que enfrentar nada menos que a Brasil, el local, el pentacampeón del mundo. Será el próximo viernes en el estadio Castelao de Fortaleza, desde las 3:00 p.m.. Misión tan difícil como la de ayer, pero igual de alcanzable. Chile demostró que se le pueda ganar al equipo de Luiz Felipe Scolari y Colombia tiene las armas para hacerlo.

Sobre todo porque el equipo ha mostrado un rendimiento muy alto, con hombres excepcionales como James, Mario Yepes, Cristian Zapata, David Ospina, Carlos Sánchez y Abel Aguilar. Todos los demás no han desentonado, así como el técnico ha manejado perfectamente la estrategia desde el banco. Y está optimista y mentalizado. Tanto que celebró poco, muy íntimamente en el vestuario y luego un rato con las familias, y de una vez comenzó a pensar en el próximo duelo, como debe ser cuando se tiene hambre de victoria.

El país entero sigue soñando como nunca antes. Gracias al fútbol en todos los rincones del país se canta con más fervor el himno nacional y se iza la bandera tricolor. Por culpa de la selección y a pesar de todos nuestros problemas, nos sentimos orgullosos de los colores amarillo, azul y rojo que se tomaron la Cidade Maravilhosa, en donde cerca de 10 mil compatriotas se quedaron fuera del estadio, porque una boleta revendida no costaba menos de mil dólares.

Volvimos a un Mundial después de 16 años de ausencia. Y lo hicimos pisando fuerte. Nuestro fútbol recuperó la buena imagen que tenía en los años 90, ahora con una generación igual de talentosa, pero más madura, experimentada y profesional. Ojalá hayamos aprendido todas las lecciones del pasado y sepamos afrontar este momento de euforia. El sueño sigue vivo y pase lo que pase de aquí en adelante, esta selección solo merece felicitaciones y agradecimientos por hacernos sentir tan orgullosos de ser colombianos.