Santa Fe, con la clasificación al alcance de la mano

Un gol de Wilson Morelo a 10 minutos del final, mantiene con esperanza al conjunto cardenal en la serie de octavos que se definirá el próximo 12 de mayo en El Campín.

Wilson Morelo marcó el gol que mantiene con vida a Santa Fe. Foto: EFE

La actitud del segundo tiempo, el gol del descuento que tanto se merecía Wilson Morelo y una sonrisa que era imposible de imaginar en el comienzo de la noche, cuando Santa Fe parecía perdido como un turista entre las diagonales de La Plata. El campeón terminó consiguiendo un resultado que, a fin de cuentas, no es tan dramático. La derrota duele, claro. Pero el grito del delantero monteriano es un plus. Convertir de visitante resulta fundamental en la Copa Bridgestone Libertadores. También, la cara que mostró el equipo cardenal en la etapa complementaria, cuando dominó a Estudiantes y lo empujó contra el arco de Hilario Navarro con personalidad y fútbol. El martes esta historia se definirá en el Campín y la clasificación está al alcance de la mano. Con el 1 a 0, el rojo capitalino accederá a los cuartos de final.

Fue fatal el primer tiempo para Santa Fe porque protagonizó un descalabro defensivo que no se le había visto en toda la Copa. Pagó demasiado caro las distracciones. Y en cuatro minutos sufrió dos goles inadmisibles para el manual de Gustavo Costas. Luciano Acosta sacó rápido un lateral, se durmieron Yulián Anchico y Juan Roa y Alvaro Pereira, cuando se le terminaba la cancha, metió un centro atrás que Carlos Auzqui cabeceó en las narices de Dayron Mosquera y Andrés Castellanos. Fue llamativa la facilidad con la que se elevó el delantero de Estudiantes. Y enseguida, el equipo argentino pegó el segundo golpe. Otra vez, con la fundamental participación de Acosta. El chiquilín que llegó de Boca Juniors ejecutó un córner desde la derecha, Sebastián Domínguez bajó la pelota en la puerta del área chica y Guido Carrillo anticipó a los estáticos defensores colombianos, quienes parecieron ponerle una alfombra roja al atacante platense.

Costas caminaba desesperado, al borde de la cancha y de un ataque de nervios. Por las deficiencias de la última línea, claro. También, por la ausencia de volumen de juego en tres cuartos de cancha. Omar Pérez no está bien físicamente y quedó en evidencia durante los primeros cuarenta y cinco minutos. Ni siquiera pudo aprovechar los tiros libres. Anchico escalaba por la derecha, pero no influía el mano a mano con el uruguayo Pereira. El más incisivo resultó Wilson Morelo. Rápido, movedizo, inquietó a Estudiantes hasta que pisó el área de Hilario Navarro. Sin embargo, en la zona de fuego, se diluyó. Y ni siquiera pudo aprovechar un obsequio navideño fuera de temporada de Domínguez, que entregó la pelota en la salida para Pérez, el enganche argentino habilitó al delantero monteriano, que hizo una finta de más y permitió la recuperación de Israel Damonte.

Estudiantes fue superior porque presionó con constancia, ganó la pulseada en la mitad de la cancha y fue efectivo en el área, donde Santa Fe falló de punta a punta, incluso su arquero.

Costas sacudió las cabezas de sus jugadores en el vestuario. Y salieron con una actitud diferente en el segundo tiempo. Santa Fe adelantó las líneas, empujó a Estudiantes contra su arco y ganó las pelotas divididas. También, el terreno. Con Morelo como principal arma ofensiva, esta vez mejor acompañado por Luis Arias, que tuvo dos situaciones en el comienzo. Dos veces se filtró en el área, pero Navarro estuvo inspirado. Lo dejó claro en la jugada más clara que generó el equipo cardenal en toda la noche platense, cuando Anchico metió un centro al corazón del área y el portero correntino se lució ante un cabezazo a quemarropa de Luis Páez.

Buscó variantes en el banco Santa Fe. Sacó a Páez, la referencia de área, pero de lentos desplazamientos, y le dio pista a Miguel Borja, más veloz. Y siguió presionando adelante, lejos de Castellanos. Generando peligro en las inmediaciones de Estudiantes, que se sometió al asedio colombiano. Hizo todo lo posible para marcar. Y encontró el descuento con una fórmula que tantas alegrías le dio: la pegada de Pérez. El enganche metió un centro frontal y Morelo, que había había merecido un gol por su insistencia, anticipó con la pierna izquierda y despertó las gargantas de los 500 hinchas cardenales que desafiaron la distancia y llegaron hasta La Plata. Se fundió el equipo platense. Mostró su mejor versión el campeón colombiano. Y salió bien parado ante un rival con mística copera. Para volver a Bogotá con una luz de esperanza.