De hincha a hombre récord

Faryd Mondragón empezó las eliminatorias en las gradas, como un aficionado más. Dos años después se convirtió en mundialista y en el futbolista más veterano en disputar un partido de una Copa del Mundo, con 43 años y tres días.

Mondragón le da gracias a Dios antes de ingresar a la cancha. / EFE

Cuando Jackson Martínez marcó el tercer gol de Colombia frente a Japón, José Pékerman no celebró excesivamente. Casi de inmediato giró su cabeza hacia el banco de suplentes y le gritó a Faryd Mondragón las palabras que harían realidad su sueño y el de muchos hinchas: “Alistate que entrás”. Mondragón se preparó, sin importar que no hubiese estirado, tomó unos sorbos de agua, usó algunas gotas para humedecer sus guantes, abrazó y besó al técnico y corrió hasta la zona de cambios. El tablero del cuarto árbitro mostró los números 1 y 22. David Ospina salió pidiendo, a los cerca de 25.000 colombianos que estaban en las tribunas del estadio, aplausos para su sustituto. Mejor dicho, para su maestro, pues Mondragón fue uno de sus ídolos de infancia y una de las motivaciones para convertirse en portero. Se fundieron en otro profundo abrazo y luego Faryd corrió con paso firme y los ojos vidriosos hacia la portería sur. Su objetivo se había cumplido: ya era el más veterano en la historia de los mundiales. Ahora su misión era mantener el arco en cero en los cerca de ocho minutos que iba a jugar.

Con la pierna derecha sacó el único balón que le llegó con peligro, el partido terminó 4-1 y después vinieron la fiesta y el festejo para él y para el equipo que terminó la primera fase con puntaje perfecto e ilusionando con su buen fútbol. Mondragón recibió aplausos de todo el estadio. Lucía tan emocionado que se le salieron varias lágrimas. Fue inevitable recordar la forma en que salió del estadio de Lens en 1998.

Su llanto tras la eliminación de Colombia del Mundial de Francia, a manos de Inglaterra, contagió de dolor a todo el país y hasta a sus rivales de entonces. Alan Shearer y Michael Owen consolaban a un destruido arquero colombiano que se había convertido en una de las grandes figuras de una generación que terminaba un ciclo exitoso. Habrían de pasar 16 años para regresar a otro Mundial. Ese momento estaba lejos de ser el fin para Mondragón. Su gloria estaba por consolidarse. La vida le tenía algo mejor guardado y ni él se lo hubiera imaginado así. El vallecaucano vino a encontrar consuelo por esas lágrimas a miles de kilómetros, en el centro de Suramérica, en una ciudad que quizás ni sabía que existía.

En estos 16 años de espera, Mondragón estuvo cerca de colgar los guayos y dedicarse a otras actividades, como el modelaje o el comentario deportivo. Incluso en 2011, cuando fue a jugar a la MLS, lo hizo con el propósito de terminar su carrera en una liga tranquila y en un país en el que su familia pudiera estar cómoda. Sin embargo, como él mismo dice, “las cosas no siempre se dan como las pensamos”. Recibió una llamada para volver al Cali en 2012 y, por su cercanía con el club, aceptó la propuesta.

Cuando comenzaron las eliminatorias hacia Brasil 2014, lejos estaba Mondragón de la selección de Colombia. Incluso desde que atajó en un partido amistoso previo a la Copa América de Argentina, no había vuelto ni a sonar. Es más, para el partido entre Colombia y Argentina, en Barranquilla, Mondragón asistió como hincha junto a su familia. Sin embargo, cuando Pékerman asumió como técnico lo llamó y le dijo que estaba muy conforme con Ospina, quien sería su titular, pero necesitaba a un hombre de experiencia para afrontar un largo camino hacia el Mundial. “¿Cuento contigo?”, le preguntó. “Es un honor”, respondió Faryd. Desde ahí se ha convertido en una especie de miembro más del cuerpo técnico y hasta los desprevenidos han llegado a preguntarle cómo se siente integrar el cuerpo técnico de Colombia. La pregunta no es del todo descabellada: él está pendiente de detalles, les da mensajes de apoyo a los jugadores jóvenes y se encarga de que todos mantengan los pies sobre la tierra, mucho más en una situación como la que se vive ahora, cuando la ilusión es grande.

Los fracasos que vivió en su período anterior con la selección han sido una experiencia de gran valor para esta nueva generación. David Ospina le contó a este diario en alguna entrevista previa al Mundial que siempre le preguntaba a Faryd cómo era estar en una Copa del Mundo. Que se sentaba horas y horas en las concentraciones a oírlo contar anécdotas que lo han enriquecido. Si David ha sido una de las grandes figuras de Colombia en Brasil 2014, es en parte gracias a un trabajo que ha hecho junto a Camilo Vargas, el preparador de arqueros Eduardo Niño y Mondragón. En especial Mondragón. “Son hermanos, mi alegría es la de ellos”, reconoció Faryd al final del partido en el que marcó el récord Fifa como el jugador más veterano en actuar en una cita mundialista. Sus compañeros en el banco fueron los que más fuerza hicieron para que ingresara, porque, en esencia, ese logro tuvo muchos dolientes y él mismo lo reconoció: “Esta es una marca que rompió el fútbol colombiano, no Faryd Mondragón”.