El adiós del gran Xavi

Después de 17 años, el volante se despide del Barcelona. Emigrará al Al Saad catarí.

Xavi Hernández

Las horas que le quedan a Xavi Hernández en el Barcelona comienzan su cuenta atrás. Después de 17 años, y más de 750 partidos con el primer equipo, 504 de Liga, y después de haberse convertido en el primer futbolista que supera los 150 en Champions, el 6 dice adiós. Ha escogido, ha decidido y el Barça obra en consecuencia mientras pone punto final a su trayectoria en el club. Se va tras ganar otra Liga, su octava con el Barcelona, y después de 23 títulos en el club, y resulta que sólo levantó una Copa, la del Rey, en el Manzanares, en 2012, y porque se la cedió Puyol. La Federación y el Barça negocian la posibilidad de que el sábado, tras el partido contra el Deportivo que cerrará el campeonato, Ángel María Villar entregue el trofeo a Xavi en el césped del Camp Nou. Está por ver si será posible.

El Barcelona ultima el diseño de lo que será un partido de homenaje. Xavi, que el jueves anunciará en rueda de prensa su decisión de abandonar el club, decisión que ya ha comunicado a la entidad, emigrará al Al Saad catarí, donde ganará un buen dinero y tratará de acabar de formarse como entrenador, tras haber rechazado otras ofertas.

“Nos ha dado mucho durante toda la temporada”, le reconoce Luis Enrique. Fue su compañero en el vestuario y ha sido su capitán durante este curso. Y ha sido el tipo que puso todo y más para que Messi entrara en razón después de la bronca que tuvo en enero con el entrenador, que a punto estuvo de incendiar el vestuario. Capaz de interpretar un rol para el que decía no estar preparado —había decidido abandonar el Barça tras el Mundial de Brasil—, Xavi ha jugado 30 partidos, 18 como titular.

El último fue en Madrid, el pasado domingo, donde el volante azulgrana lloró emocionado sobre el césped del Manzanares tras ganar el partido y el título contra el Atlético. Xavi, al que sus compañeros de vestuario no sólo le reconocen su jerarquía sino que le llenan de afecto, soportó como buenamente pudo las muestras de cariño del equipo y algún que otro cántico en el camerino, antes de subirse al avión de vuelta a Barcelona, donde se negó a posar él solo con el entrenador, Luis Enrique, y el presidente Josep Bartomeu, en la tradicional foto con la copa de cava en la mano. “Que vengan todos los capitanes”, pidió. Y a su lado estuvieron en esa foto Messi, Iniesta y Busquets, su heredero.

“Estoy triste, sé que esto se acaba, pero me siento tremendamente feliz por ver la manera en que termina. Estoy más que agradecido”, explica el centrocampista, al que se le hace un nudo en la garganta, por la emoción, al recordar cómo le recibió la gente en el Camp Nou durante los últimos partidos.

Sabe Xavi que el club está montando para el sábado un homenaje que incluirá un mosaico y alguna sorpresa. Será un merecido tributo de despedida. No faltan razones. “Xavi es un trozo del escudo”, le reconoce Iniesta. “Es un patrimonio del club”, declara el vicepresidente del área social, Jordi Cardoner, en nombre de la entidad. Incluso Adidas, la marca que siempre le ha patrocinado, se ha querido sumar a la despedida, creando una bota especial de la que solo hay 17 pares, uno por cada año que ha jugado en el primer equipo, edición especial que no saldrá a la venta.

Falta, claro, que Luis Enrique le utilice durante el partido, pero parece más que probable. Seguramente se lo debe. Por lo mucho que ha aportado. Xavi ha estado presente en un papel para el que no estaba preparado, pero en el que se ha sentido a gusto porque ha entendido que su último año en el Barcelona era el que le tocaba, más allá del pase eterno con el que ha marcado una época en el fútbol mundial. A ratos Xavi se mira al espejo de Iker Casillas, su álter ego en el fútbol español, y se siente orgulloso de ser del Barça. “Cuando veo cómo le tratan a él y cómo me tratan a mí, me sabe mal”, afirma el capitán azulgrana. Se va Xavi y el Barcelona espera que la Federación Española acepte que lo haga levantando el trofeo de su última Liga. No se merece menos.

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