El equipo soñado de Florentino Pérez

La titularidad de Illarra ante el Celta completa una línea de centrocampistas personalmente fichados por el presidente del Madrid, que los ha defendido incluso ante las objeciones técnicas

James Rodríguez celebra con Isco uno de los goles en la victoria del Real Madrid contra el Cornella. Foto: EFE

Florentino Pérez tuvo una visión hace dos años. Un poco porque su sensibilidad se lo dictaba, otro poco porque lo pedían a gritos las encuestas que hacía entre los socios, el presidente del Madrid resolvió que había que reforzar la idea del juego como espectáculo y se hizo cargo de la política de altas y bajas. Sus colaboradores más próximos dan fe de que aquella decisión primero propició la marcha de Mourinho y luego le llevó a desencontrarse esporádicamente con Ancelotti. Los criterios futbolísticos del presidente no siempre coincidieron con los criterios técnicos. Pero al cabo de dos años, después de mucho insistir —y después de algunas situaciones más o menos aleatorias—, el Madrid saltará al Bernabéu con una alineación que refleja con detalle aquella que soñó el mandatario. Será este sábado (20.00 horas, Canal+ Liga y GolT) ante el Celta. En ninguna línea se insinuará más la mano de Florentino Pérez que en el mediocampo: Bale, Illarra, Kroos y James.

Illarra (40 millones de euros), Bale (100), James (80) y Kroos (25) han sido las grandes apuestas estratégicas del club desde 2013. Cuatro fichajes impulsados personalmente por Florentino Pérez sin considerar demasiado la opinión del entrenador. Carlo Ancelotti ni pidió ni desestimó a ninguno de ellos. El único que no encajó fue Illarramendi. Su exclusión de la final de la Champions en favor de Khedira, que venía de cinco meses de inactividad, disgustó tanto al presidente que su séquito en el palco de Lisboa dio por despedido a Ancelotti. Solo la obtención de La Décima salvó al italiano.

Cuentan en Valdebebas que esta temporada el entrenador vive su estancia madridista con filosofía. Como si cada día que pasara fuese un regalo. Su postura es pragmática. Cree que la política deportiva del presidente ha reducido tanto su margen de maniobra que no le queda más alternativa que emplear a futbolistas que, en otras circunstancias, habrían ocupado un lugar complementario. El caso de Illarra es el más claro.

Los traspasos de Alonso y Di María, las reticencias de Khedira a renovar, la lesión de Modric, y la baja de Isco por sanción, devuelven a Illarra al primer plano. Ayer Ancelotti anunció su titularidad. El técnico se esforzó por demostrar que confía en el joven. Pero en el vestuario sospechan que lo pone porque no tiene más opciones. Con más resignación que convicción. Illarra vuelve a la titularidad en Liga después de dos meses: solo ha comenzado el partido contra el Elche, el 23 de septiembre.

Los colaboradores del presidente en cuestiones futbolísticas se felicitan por lo que creen que ha sido una sucesión de aciertos brillantes. Advierten de que esta plantilla es mejor que la del año pasado. Que Di María era un futbolista desordenado, que Alonso estaba en su declive físico, y que la acumulación de mediapuntas en el mediocampo dará resultado si el entrenador sabe propiciar su entendimiento. Al mismo tiempo, estos expertos incurren en una aparente contradicción cuando afirman que el éxito o el fracaso del Madrid esta temporada dependerá del esfuerzo que hagan Isco y James por adaptarse a una posición que no les resulta natural. Es decir: la plantilla es mejor, pero su configuración resulta atrevida. De otro modo, el destino no quedaría en manos de la capacidad de adaptación de dos muchachos de 22 y 23 años.

Ancelotti ha tenido la habilidad de sugestionar a sus futbolistas hasta conseguir un clima general de entusiasmo. Jugadores, funcionarios y técnicos del club coinciden en que la fortuna del equipo no será consecuencia del orden táctico ni del profesionalismo tanto como de esa fiebre competitiva. El día que los artistas dejen de correr con las mismas ganas todo se vendrá abajo.

“Me sorprende un poco la actitud de los jugadores”, admite Ancelotti, “porque muchos no han tenido la costumbre de trabajar en defensa en el pasado: Isco, Kroos, James o Bale… Esto me sorprende un poco. De verdad: el equipo es muy compacto. Trabaja junto y se sacrifica. Como he dicho muchas veces, la defensa es solamente una cuestión de sacrificio”.

El sacrificio explica la eficacia defensiva que ha conseguido el equipo a pesar de desprenderse de los mediocampistas más expertos en defender. Los goles y los remates en contra se han reducido sin Di María, sin Alonso, y sin Khedira. La temporada pasada hasta la jornada 13ª el Madrid recibió 157 remates y 17 goles en contra. Este año lleva 153 y 12, respectivamente. Y en ataque la progresión es más notable. De 35 goles a favor a estas alturas del campeonato pasado, a 48. El ritmo goleador apunta a un récord absoluto en España. Como las victorias consecutivas. Si el Madrid gana al Celta y la semana que viene al Ludogorets habrá superado la marca de 18 triunfos seguidos del Barça de Rijkaard. Algo insólito.

Florentino Pérez acarició la idea del espectáculo y los efectos de su iniciativa son espectaculares. Al presidente y su círculo les parece lógico. La directiva cree que los pasados meses demuestran que cuantos más creativos se añadan a la fórmula, mejor. En el palco reina el optimismo. Pero en la caseta son cautos. Ancelotti todavía no sale de su incredulidad. Sabe que el fútbol no obedece a desarrollos lineales. La campaña es larga y su desenlace depende de la insondable motivación de chicos que no se han visto en otra igual.

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