El Madrid de hoy y el Barça de ayer

Florentino Pérez expresa a los socios su alineamiento con las tesis y el nuevo "señorío" alentado por Mourinho mientras Guardiola reivindica la figura de Joan Laporta, enfrentado con Sandro Rosell.

Si hay una coincidencia entre el Barça y el Madrid es que el despacho presidencial de ambos está en el banquillo. Ya sea porque uno lo exige (Mourinho) o porque otro lo asume sin remedio ante la debilidad institucional (Guardiola).

La diferencia está en el pensamiento único, en el caso madridista, y el discordante, en el culé.

Mourinho ha conseguido que el presidente electo, Florentino Pérez, se alinee en público con sus tesis victimistas y conspirativas como jamás lo había hecho este empresario con ninguno de sus empleados futbolísticos, quizás porque nunca nadie fanatizó al dirigente de tal forma.

Pérez ha pasado del famoso “lo que diga Valdano” a lo que dice Mou es lo que yo digo. Lo hizo ante la asamblea. Fue tal su alineamiento con el técnico que el presidente llegó a enfatizar que el entrenador portugués ha abierto los ojos a 109 años de madridismo al patentar un nuevo señorío: “¿Qué es esto del señorío? Mourinho nos ha agitado... La lucha contra la injusticia también es señorío”. ¿Injusticias? “Si no ganamos la Champions no fue por nosotros”. ¿Justicias? “Ganamos la final de Copa con más audiencia de la historia”.

Aunque algunos socios reprocharon los métodos de Mou, dejó claro que ambos son coguionistas del nuevo relato del madridismo.

Casual o no, el Madrid no ha sido el único en convocar asamblea este fin de semana. Lo hizo el Barça el sábado y Sandro Rosell sacó adelante su patrocinio de Catar y la Grada Jove pese a la infiltración en dicho grupo de unos cuantos violentos. Lo que no consiguió el presidente azulgrana es el respaldo que más necesita: el de su técnico.

Rosell quiso sofocar para siempre los ecos de Joan Laporta, su particular demonio. Sincero y valiente, Guardiola salió en defensa del expresidente: “Tengo mucho afecto por la junta anterior. No merecen sufrir tanto. En este club todos han hecho cosas buenas y malas”.

En el Madrid de hoy, rebautizado por Mou, no caben las disidencias porque hay un nuevo señorío. En el Barça de Guardiola, que es el hoy y el ayer, se toleran en favor de su memoria histórica.

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