El placer de jugar con Messi

La madurez y generosidad del 10 han aliviado la vida a los delanteros del Barça.

Lionel Messi, delantero del Barcelona. Foto: AFP

La vida alrededor de Messi ha dejado de ser un tormento para los delanteros del Barça. Ya no se discute sobre las relaciones del argentino con sus acompañantes en el frente de ataque a diferencia de los tiempos en que mezclaba con Ibrahimovic, o después con Villa o anteriormente con Eto’o. Tampoco se debate sobre la posición del ariete natural, preferentemente volcado al extremo para facilitar la posición de falso 9 que Guardiola inventó para el 10. La controversia sobre la táctica se ha rebajado y el estilo se da por asumido desde la llegada al banquillo de un técnico tan pragmático como Luis Enrique, un muy buen amigo, por otra parte, del hoy entrenador del Bayern Múnich.

El fútbol del Barcelona, al fin y al cabo, evoluciona de nuevo a partir de la posición de Messi, hilo conductor de la etapa azulgrana más gloriosa, siempre presente en los tríos de goleadores más históricos: Messi, Eto’o y Henry, protagonistas del triplete con 100 tantos (2008-2009), o Messi, Cesc y Alexis, que sumaron 101 la temporada 2011-2012, o Messi, Villa y Pedro, que totalizaron 98 en el ejercicio 2010-11. Messi, Luis Suárez y Neymar han cantado 102 y van camino de romper el récord de 118 que rubricaron Cristiano Ronaldo, Higuaín y Benzema con el Madrid en 2011-12.

Los números de Messi en las tres competiciones siguen siendo los de un goleador: 49 tantos en 49 partidos, 25 asistencias y 112 remates a portería, con un acierto de 43,75%. El equipo, sin embargo, ya no depende tanto de la fecundidad del 10. Ha aumentado espectacularmente el protagonismo de Neymar: pasó de 15 goles en 41 partidos con Martino en el banquillo del Camp Nou a 32 en 43, y un 50% de efectividad, con Luis Enrique. Igualmente destacable ha sido la integración de Luis Suárez desde su debut en el Bernabéu, partido en el que precisamente el Barça perdió su imbatibilidad en la Liga: 21 goles en 37 partidos y 16 asistencias, números que acreditan su condición de Bota de Oro la temporada pasada con el Liverpool (31).

El rendimiento del uruguayo ha aumentado desde que se situó como delantero centro y dejó el extremo derecho para Messi, un puesto que para nada le resultaba extraño al rosarino, que debutó en la banda con Rijkaard. La nueva disposición ha favorecido el buen entendimiento de los tres delanteros: Messi ha combinado 166 veces con Luis Suárez y 250 con Neymar, Suárez dio 173 pases al argentino y 122 al brasileño y el 11 se asocia más con Messi —329— que con el charrúa— 148.

Aunque desde el vestuario del Camp Nou siempre se ha subrayado la buena sintonía de los delanteros, visible habitualmente en la cancha, su productividad ha sido variable, alterna, no siempre han marcado los tres en un mismo partido, como pasó con el Getafe. Las fotografías del martes evocaron la postal que el club vendió a todo el mundo cuando Messi, Suárez y Neymar se abrazaron para festejar sus tantos y la victoria contra el Atlético de Madrid. Hubo un nuevo detalle a tener en cuenta en el encuentro ante el Getafe: ninguno de los tres atacantes fue sustituido, como venía ocurriendo últimamente, cosa que en su día provocó el enfado de Luis Suárez y más tarde de Neymar. Ambos expresaron con mala cara su disconformidad con la decisión de Luis Enrique. El entrenador, sin embargo, ha sabido reconducir la situación y controlar los egos: no ha discutido más con Messi desde la suplencia de Anoeta, la única, y en cambio reprochó al brasileño su actitud en una charla con la plantilla. El 11 ha respondido con goles en partidos de distinto pelaje como el último de Liga en el Camp Nou.

Messi no se toca, nadie discute su liderazgo, ni siquiera el entrenador, y a cambio se muestra más generoso con sus acompañantes por el bien del equipo, convencido de que el éxito pasa por los goles de Neymar y Luis Suárez. Al 10 le ocupa volver a ganar títulos y recuperar el Balón de Oro en poder del desafiante Cristiano Ronaldo —el portugués, que tiene tres trofeos por cuatro del argentino, suma un gol más en la pugna por el Pichichi: 39-38. El 10 se ha reinventado, reparte los goles, delega y ejerce cuando es menester de capitán, sin necesidad de ser el punto final del juego del Barcelona. “Únicamente quiere que si te da una asistencia, metas el gol; no falles”, explica uno de sus amigos en el Camp Nou.

A la salud de Messi ha contribuido mucho Luis Enrique, tanto desde el punto de vista táctico, como de recuperación de la cultura del esfuerzo, olvidada en las últimas temporadas del Barça. Vuelve a presionar el equipo, se arriman defensas y medios a los delanteros, se juntan las líneas y se cuentan goleadas como la última del 6-0. Las opciones de título pasan por el bienestar de Messi y hoy al 10 se le ve más generoso y maduro con delanteros que compiten a goles que con atacantes entregados a la causa del número 1. Han cambiado las tornas y los delanteros ya no se quejan sino que son felices con Messi.