El premio a la paciencia de Armani

El arquero argentino llegó a Nacional con 23 años y tuvo que esperar tres temporadas para ser tenido en cuenta. Hoy es uno de los máximos ídolos en la historia del club paisa.

Franco Armani, guardameta de Nacional. Foto: AFP

Con el de la Copa Libertadores de América, Franco Armani llegó a 10 títulos con Atlético Nacional y puede darse el lujo de decir que es uno de los jugadores con más campeonatos ganados en la historia del cuadro verdolaga. En los seis años que lleva en el club paisa, este argentino de 29 años ha pasado de ser el tercer arquero al mejor arquero de todos los tiempo, igual de admirado a un ícono como René Higuita.

Pero para lograrlo, Franco tuvo que ser paciente, muy paciente. En junio de 2010 Atlético Nacional fue a hacer una gira de pretemporada a Argentina. En uno de esos partidos amistosos enfrentó a Deportivo Merlo, un club de segunda categoría en el balompié argentino, que en ese momento, tenía en su arco a un joven de 23 años, quien fue figura del partido y por eso prácticamente ahí mismo los directivos de Nacional lo contrataron.

¿Por qué traer un arquero extranjero para ser suplente?, se preguntaban en ese momento. Los directivos paisas lo sabían, pero tenían claro que Franco tenía que esperar. Y él así lo aceptó, por eso no se apresuró y asumió un papel secundario.  Incluso en 2011 tuvo opciones de salir para jugar en Venezuela o Estados Unidos, pero él no quiso, sabía que algo grande vendría para él y prefirió aprender de a quien hoy en día reconoce como uno de sus maestros y referentes, su coterráneo Gastón Pezzuti.

En 2012 tuvo su primera oportunidad de asumir el roll protagónico, pues Pezzuti se lesionó, sin embargo, tuvo la mala fortuna de lesionarse los ligamentos de su rodilla y eso hizo que tuviera que estar lejos de las canchas por más de seis meses. Con ofertas para ir al futbol argentino, él prefirió esperar y recuperarse en Medellín, la ciudad que lo adoptó como hijo. Fueron días de llanto, en los que costaba levantarse para hacerlas terapias. Pero lo más difícil para él llegaría luego, pues Juan Carlos Osorio, entonces técnico de Nacional, decidió traer a Luis Enrique Neco Martínez para reemplazar al Pezzuti, quien había partido al Rosario Central de Argentina. Aunque ya estuviera bien, su papel seguía siendo el de suplente y ya con 25 años eso no era fácil de entender.

Pero el mal nivel de Neco y las convocatorias de Cristian Bonilla a la selección juvenil, le dieron minutos a Armani, quien comenzó a meterse en el corazón de la exigente hinchada verdolaga. A mediados de esa temporada se adueñó del arco y desde ahí se ha consolidado. Su primer título en cancha fue ante Santa Fe en la Liga de 2013-1 y su rendimiento fue tan destacado que el club le renovó por tres años más su contrato.

Y se acostumbró a ser el héroe y a dar vueltas olímpicas. Ganó la Liga en el segundo semestre de 2013 y la Copa Colombia, en la que fue suplente de Neco. Luego, en 2014 nuevamente celebró el título del primer semestre, en 2015 el del segundo semestre y en 2016 la Superliga, ante el Deportivo Cali. Pero le faltaba el moño, el título continental, el que tanto había buscado y anoche logró ese sueño, siendo además una garantía de seguridad en el arco. En toda la competición solamente recibió seis goles.

Es posible que abandone el club, pero ya dejó un legado grande y una enseñanza para los jóvenes futbolistas: esperar vale la pena, siempre y cuando no sea válido rendirse.