El revuelo político por la FIFA

En medio del más grave escándalo de corrupción de su historia, el rector del fútbol mundial se inclina por reelegir hoy a Joseph Blatter como su presidente. Rusia lo apoya, EE.UU. y Reino Unido se oponen y Francia pide aplazar votación.

Joseph Blatter, presidente de la FIFA y candidato a ganar las elecciones, que serán hoy en Zúrich, Suiza. / EFE

“Los próximos meses no serán fáciles para la FIFA, pero es necesario empezar a restaurar la confianza en nuestra organización”. Con este mensaje, en el que reconoció la gravedad del escándalo por sobornos a dirigentes de fútbol para la adjudicación de sedes de campeonatos mundiales y Copa América, pero tomando distancia de sus protagonistas, salió ayer a capotear la tempestad el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, quien seguramente será reelegido hoy para su quinto período consecutivo al frente de los destinos de la organización.

Un congreso que llega alterado por los efectos judiciales, políticos y mediáticos del escándalo, desatado el miércoles cuando nueve dirigentes de la Fifa y cinco de sus funcionarios fueron apresados para que respondan en una investigación que sobre el tema adelantan autoridades de EE.UU.

Tanto así que el presidente de la Unión de Asociaciones de Fútbol Europeas (UEFA), el exfutbolista francés Michel Platini, duro opositor de Blatter, rompió su silencio de los últimos días para pedirle al dirigente suizo que dé un paso al costado. “La FIFA no merece ser tratada así, es la madre del fútbol, es nuestra madre”, recalcó Platini, quien a pesar de que apoya la realización del Mundial de fútbol en Catar en 2022, hizo presencia en Zúrich para plantear estrategias que permitan darle un nuevo rumbo a la organización para evitar que su desprestigio siga aumentando.

Sin embargo, más allá de las elecciones en la FIFA, o de la incierta postura del único candidato opositor de Blatter, el príncipe Ali bin Al Hussein de Jordania, el asunto ya provocó un revuelo político internacional. La prueba es que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, súbitamente entró a apoyar a Blatter y señaló a Estados Unidos de estar detrás del bloqueo al dirigente suizo para afectar el Mundial de 2018, previsto para realizarse en dicho país. En contraste, otros mandatarios europeos reclamaron la dimisión de Blatter.

Por ejemplo, desde Londres, el primer ministro británico, David Cameron, insistió en que Blatter se tiene que ir, al tiempo que ofreció todo el apoyo del Reino Unido para las investigaciones judiciales por actos de corrupción en la FIFA. En el mismo sentido se pronunció su ministro de Deportes, John Whittingdale, quien públicamente pidió apoyo a la candidatura del príncipe jordano y les pidió a las federaciones europeas que respalden la necesidad de cortar el largo mandato de Blatter. Asimismo, precisó que Gran Bretaña entrará a fortalecer las pesquisas emprendidas por la justicia norteamericana.

Según analistas internacionales, la posición británica también tiene que ver con el hecho de que Inglaterra fue el país derrotado en la asignación de la sede para el Mundial 2018. Eso explica el liderazgo que ahora quiere tomar ante el escándalo en el ente rector del fútbol. En contraste, la cancillería francesa optó por una línea intermedia: solicitar el aplazamiento de las elecciones en la FIFA. De cualquier modo, aunque la suerte parece echada y por ahora Blatter sigue indemne, el asunto ya desbordó el plano futbolístico y se mueve en los reinos de la política exterior.

Al margen de estas vicisitudes, en la medida en que se conocen los pormenores del proceso promovido por la fiscal de Estados Unidos, Loretta Lynch, con el apoyo del director del FBI, James Comey, en los países de origen de los implicados en el escándalo el alboroto es mayor. Por ejemplo, en Brasil, la Confederación de Fútbol decidió apartar de su cargo a su vicepresidente José María Marin, circunstancia que aprovechó el actual senador y exfutbolista Romario para agudizar sus dardos verbales y públicos contra el poderoso dirigente del fútbol carioca.

“Han sido detenidos muchos de los ladrones que dañan el fútbol, incluido uno de los mayores en la nación, José María Marín”, precisó Romario, en medio de un sinnúmero de comentarios que en las redes sociales han tenido una evolución viral, al punto que hasta la presidenta Dilma Rousseff tomó distancia manifestando que no cree que el escándalo afecte a su país. Algo parecido a lo que sucede en Argentina, donde defensores de los empresarios implicados ya empezaron a requerir que el tema no incluya extradiciones y se esclarezcan responsabilidades individuales.

Por lo demás, siguen circulando versiones sobre los pormenores del proceso judicial por crimen organizado, fraude electrónico y conspiración de lavado de dinero, entre otros cargos. Se dice que todo surgió por la confesión de Daryll Warner, hijo de un empleado de la FIFA. De hecho, se afirma que ya confesó su participación en la defraudación y está libre por el pago de una millonaria caución. De igual modo, el empresario brasileño José Hawilla, propietario de una firma de marketing deportivo, admitió también responsabilidades y se declaró culpable.

Más allá de las especulaciones, el dilema que enfrentan los nueve dirigentes y cinco empleados de la FIFA implicados en la investigación judicial norteamericana es que presuntamente los pagos ilegales que recibieron por sobornos para derechos de transmisión de distintos eventos deportivos pasaron por bancos de Estados Unidos. Si la justicia de otros países decide abrir investigaciones paralelas, la perspectiva podría dar para esclarecer si detrás de las multimillonarias utilidades del espectáculo del fútbol se mueven las redes de la corrupción nacional e internacional.

Nunca antes el fútbol se había visto en sus dimensiones reales. Ahora es claro que más allá de los grandes jugadores o campeonatos se mueve un oneroso negocio que requiere veeduría y controles mínimos. No en vano, cercado por el escándalo pero renuente a dejar su trono, el suizo Joseph Blatter aceptó ayer que “los hechos han dejado una larga sombra sobre el fútbol”. Por eso se demandan cambios. Está por verse si el mandato de Blatter, que ya va por los 17 años, esté llegando a su fin, o sea el comienzo de una atomización del fútbol mundial.