Eto'o compra la mansión maldita de Tutankhamón

El delantero camerunés, refuerzo invernal de Sampdoria, compró la lujosa casa por un precio de 25 millones de euros.

Fachada de la mansión que compró Eto'o cerca del puerto de Portofino.

Recientemente Samuel Eto’o regresó a la Serie A de Italia para jugar con Sampdoria. Junto con Luis Fernando Muriel, el delantero camerunés se convirtió en uno de los refuerzos de invierno del equipo que dirige Sinisa Mihajlovic, por esta razón el atacante inició su búsqueda de casa para pasar los próximos meses en Génoa.

Eto’o, que ha pasado por equipos como Mallorca, Barcelona, Inter, Anzhi, Chelsea y Everton, consiguió una mansión de 25 millones de euros cerca del puerto de Portofino, a 36 kilómetros de la ciudad donde juega su nuevo equipo. La lujosa propiedad es una bella construcción del siglo XIX de más de 30.000 metros cuadrados, con 40 cuartos, pero que cuenta eso sí, con una oscura historia.

Los pobladores aseguran que a los habitantes de esta lujosa mansión yace maldición de Tutankhamón. Originalmente, fue propiedad de Lord Carnarvon, principal inversor de la expedición que descubrió la tumba del faraón. El co-descubridor, murió apenas unos meses después de la aparición de la tumba, cuando un mosquito le infectó erisipela en un hotel de El Cairo, Egipto.

Un fallecimiento al que seguirían con los años los de al menos 16 personas relacionadas de alguna manera con uno y otro, lo que hizo surgir lo que vino a llamarse «la maldición del faraón». Una de estas muertes tuvo lugar también en la nueva mansión de Samuel Eto'o. La protagonizó el sobrino de Carnavon a consecuencia de una inexplicable caída por las escaleras.

La maldición volvió a los primeros planos en 2001, cuando la Condesa Francesca Vacca Augusta, ex modelo de Gucci y que repartía sus días entre Acapulco y la mansión, desapareció y fue encontrada tres semanas más tarde muerta en las playas de Saint-Tropez.

Con estos antecedentes, se creó la leyenda de que Lord Carnarvon había desatado una maldición en la tumba egipcia, y que había pagado con la muerte el costo de perturbar el sueño eterno del joven faraón.

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