Francisco Meza, un defensor que dejó huella

El de este miércoles fue el último partido de Meza con la camiseta del equipo albirrojo. Desde el próximo año jugará en la Liga mexicana. Tigres lo compró, pero lo prestaría a Pumas o Atlas.

Francisco Meza en el momento en el que le marcó gol a Independiente de Avellaneda, en los cuartos de final. / AFP

Desde el primer partido que disputó Francisco Meza con Independiente Santa Fe se ganó un espacio en el once titular. El 16 de abril de 2011, en el estadio de Techo, el cuadro albirrojo recibió al Cúcuta Deportivo. En los días previos a aquel juego, el entonces técnico Arturo Boyacá consultó a los entrenadores de los equipos menores por un defensor central que pudiera completar el grupo de concentrados, teniendo en cuenta que había un jugador en esa posición que no podría actuar. El recomendado del DT del equipo sub 20 fue Francisco Meza, quien había hecho pretemporada con el equipo profesional, pero por esos días no tenía contacto con los jugadores del plantel profesional. A los 10 minutos de aquel partido ante los motilones, Jhonier González se lesionó y le tocó debutar a Meza. Ingresó cuando Santa Fe perdía 1-0, pero al final fue triunfo 3-1. “Excelente, Meza”, le dijo el DT Boyacá, quien desde ese día lo siguió poniendo como titular. Ya han pasado 252 partidos en los que ha logrado dejar huella. No sólo por sus 11 goles, cinco títulos y una sola expulsión, sino por su manera de jugar.

En el barrio La Alboraya de Barranquilla creció Francisco Meza, quien comenzó a jugar fútbol en la escuelita Niños Unidos. Flaquito, con una altura promedio, pero con mucha velocidad, el costeño comenzó a hacer su camino. Siempre jugó en la posición de defensor central y ni en Tiburones ni en Real Caribe, sus otros equipos de infancia, intentaron ponerlo en otro lugar del campo. Las grandes carreras de Iván Ramiro Córdoba, quien por esos días ya se destacaba con la camiseta de la selección colombiana, fueron las que motivaron a Francisco a seguir y nunca desistir en su idea de vivir del fútbol.

La presión para él llegó cuando se dio cuenta de que el futuro de su familia dependía de él. Su padre Ómer ya no entrenaba a jóvenes boxeadores, sino que se dedicaba a masajear a futbolistas aficionados de Barranquilla, claramente sus ganancias eran menores, pero en ese momento Pacho ya se encontraba en Bogotá, a donde había llegado a probar suerte en 2009, justo en el año en el que Independiente Santa Fe ganó un título tras más de 30 años sin alzar un trofeo, la Copa Colombia.

En silencio y a punta de trabajo se volvió en un referente y en un ídolo de la hinchada cardenal. Durante todo su proceso con el equipo cambió varias veces de compañero en la zaga, jugó línea de tres y línea de cuatro y siempre se acomodó sin problema. De hecho, por eso se ganó un espacio en la selección colombiana de fútbol y es uno de los futbolistas con proyección para ser influyente en el camino hacia el Mundial de Rusia 2018.

En esta Copa Sudamericana fue uno de las figuras, gracias a la solidez y el liderazgo que les dio a sus compañeros. Anoche, con una sonrisa, tras dar la vuelta olímpica y celebrar el primer título internacional para Santa Fe, el barranquillero de 24 años cerró su primer ciclo como jugador albirrojo. Ahora su meta es triunfar en el exterior (irá a la Liga mexicana) y en unos años regresar al club en el que se hizo grande.