Fútbol y danza

Las torsiones, las contracciones, los saltos, los movimientos, las caídas y las coreografías mismas han permitido que en este Mundial los espectadores sean testigos de un verdadero baile que, en el caso de Colombia, ha permitido que un país se contagie de unión y alegría.

La selección de Colombia con su juego y celebraciones ha demostrado que es un equipo lleno de ritmo. / EFE

Me había prometido a mí mismo, luego del vil y absurdo asesinato de Andrés Escobar en 1994, que nunca más vería un partido de fútbol. Recuerdo que estaba en París el día del fatídico autogol, viendo el partido con mi amiga Marie France Delieuvin: nunca olvidaré la gravedad del rostro lívido de Escobar luego de marcar ese tanto a favor de los EE.UU. Recuerdo también que le dije a Marie France: “¡Dios mío, pobre hombre, en Colombia lo van a matar!”. Lo dije así, sin pensar, a la ligera, como acostumbramos a decir, ociosamente, tantas veces... “me dan ganas de matarte” o “mi papá me va a matar”, etc.

Diez días más tarde estaba en la ciudad de Marburg, Alemania, bailando en un festival. Al salir al foyer luego de la actuación, encontré a los técnicos frente a un televisor viendo un partido. Al verme me dijeron: ”¿Ya se enteró de lo que pasó en su país?” En ese momento salió en la pantalla una foto con el hermoso rostro de Andrés y alcancé a entender la palabra 'tot'. Al instante comprendí. Se me saltaron las lágrimas: lloré de rabia, de dolor, de vergüenza. ¡Nunca más un partido de fútbol, malditas pasiones, maldito país enloquecido!

Sin embargo, 20 años más tarde -¡el tiempo todo lo cura!- me he visto a mí mismo pegado como nunca al televisor, siguiendo las hazañas de nuestros muchachos en Brasil. Y esta vez me tocó en Costa Rica, compartiendo además con los 'ticos' sus propias hazañas y agonías. Ayer mismo, en el aeropuerto de San José, al momento de abordar el avión que me traía de regreso a Colombia, llegó la hora cruel de los penaltis. Los pasajeros, sublevados, le dijimos a la aerolínea que debía esperar a que se definiera el partido. Y así fue... ¡Por una vez ellos debieron esperar!

En mi hotel en Costa Rica encontré, en la TV por cable, el canal oficial de la FIFA que transmite para todo el mundo. Es una transmisión alucinante, sin narradores histéricos ni publicidad agobiante, con los sonidos ambiente -en tiempo real- de los camerinos, de las calles, de las multitudes, de la cancha, los estallidos del balón, las panorámicas de los estadios, las hazañas de los jugadores en cámara lenta desde todos los ángulos, los gritos de dolor por las lesiones reales y las ficticias: las teatrales. Sin comentaristas, sin especulaciones: el espectáculo crudo y puro. ¡Extraordinario! Auténticos documentos de cinearte, de videoarte: ¡de videodanza!

Nunca como en esta ocasión he apreciado y valorado tanto la gracia, la potencia, el vuelo, las caídas, las torsiones, las contracciones, los saltos suspendidos... ¡Danza pura! Y además ver a los muchachos de nuestra selección, celebrando con hermosas coreografías sus goles y sus proezas, con tanto sabor, sabrosura y virtuosismo: ¡danza pura!

Uno de mis maestros más importantes en la escuela de Martha Graham, el veterano Stuart Hodes, partenaire de la misma Graham en muchas de sus obras, en un hermoso artículo suyo sobre la ética de la danza, hace un interesante parangón entre lo que aportan a la educación de los niños y los jóvenes, los deportes y lo que la danza puede aportar.

Dice Hodes:

“(...) El deporte ofrece ejercicio, desafío, sociabilidad, recreación, carrera, terapia, autodescubrimiento y autotrascendencia. La danza sirve a estos fines y además florece en el vasto universo del arte. En los deportes, la competencia es primaria y abierta, en la danza es secundaria y sublimada. La competencia no es el fin primario. En los deportes tienden a separar a las personas por géneros, la danza tiende a reunirlos. La danza estimula la mezcla de edades y de capacidades físicas, es más fácil de extender a los minusválidos, a las personas mayores y a los enfermos. Los deportes tienden a recompensar y a maximizar el logro, la danza a recompensar y maximizar la participación. Muchos deportes son una metáfora de la guerra; la danza, una metáfora del amor”.

Una metáfora de la guerra, sin duda: los ejércitos de dos países enfrentados 'a muerte' para salvar el honor, encarnando estos jóvenes gladiadores las esperanzas, los dolores, las frustraciones, la historia, el presente y el futuro de naciones enteras, que se preparan durante cuatro años para demostrar su valía, su autoestima y su dignidad.

Pero en esta ocasión, y en especial a través del trabajo alegre y disciplinado de nuestra selección y de quien tan acertada y sabiamente la dirige, he sentido no sólo el espíritu de la guerra sino también el del amor, de la fiesta, del compañerismo, de la fuerza de un sueño compartido... He visto en nuestro equipo la metáfora de un nuevo país que quiere creer en sí mismo, luego de décadas de auto destrucción y auto humillación. Sí, he visto que el fútbol puede también ser una metáfora del amor y de la competencia sana y leal, de la fuerza de la concentración y la concertación: la búsqueda de un ideal colectivo.

Fútbol y danza: cuerpos en movimiento, en vuelo, cuerpos para la paz, la dignidad y la plenitud de sus capacidades... ¡Para celebrar la vida! El inútil y triste sacrificio de Andrés Escobar, metáfora de nuestra locura -ojalá pretérita- se ha visto en parte recompensado por esta fiesta de talento y trabajo en equipo.

El entrenador de uno de estos ejércitos dijo en estos días algo que me ha hecho pensar en mi propio trabajo de educador y coreógrafo: el talento debe estar al servicio del colectivo y no el colectivo al servicio del talento. La ausencia de nuestro Falcao, que parecía una catástrofe anunciada, se convirtió en la fórmula para que surgiera el talento colectivo y para que brillaran otros talentos.

Fútbol y Danza: nunca hubiera imaginado que iba escribir este artículo... Pero es que llegó para Colombia el momento de creer en nosotros mismos, animados por estos bailarines -Atletas de Dios, los llamaba Marta Graham- que nos han hecho soñar y que nos invitan a creer en un país posible.

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2014-07-01T21:52:57-05:00

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Álvaro Restrepo, Director del Colegio del Cuerpo

Fútbol y danza

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