Ganar no es suficiente

Brasil enfrentará hoy a Camerún con la misión de disipar las dudas sobre su rendimiento. El país del fútbol está dividido entre los resultadistas y los amantes del ‘jogo bonito’.

Thiago Silva está listo para enfrentar hoy a la selección de Camerún y asegurar el paso de Brasil a los octavos de final del Mundial. / EFE

Zico, uno de los mejores futbolistas de la historia, admitió que el famoso jogo bonito de Brasil murió en el Mundial de México 1986, cuando la fabulosa selección que él lideraba quedó eliminada en cuartos de final, como le había ocurrido cuatro años antes en España.

Desde entonces el fútbol brasileño no volvió a ser el mismo. Dejó de lado la lírica y el arte, se volvió práctico y efectivo. Así, resultadista, ganó dos mundiales, los de 1994 y 2002, y fue finalista en 1998, aunque decepcionó en las dos más recientes citas, las de Alemania y Sudáfrica.

Ahora, sin embargo, ese estilo está siendo cuestionado. El país sede del Mundial está dividido entre quienes desean ganar a como dé lugar y los que prefieren hacerlo dando espectáculo, jugando bonito. Por eso el equipo que dirige Luiz Felipe Scolari tendrá hoy una prueba de fuego ante Camerún, en el cierre del grupo A.

La clasificación del scratch se da por descontada. Aunque no convenció en su estreno frente a Croacia, al que derrotó 3-1, y mucho menos después en el 0-0 ante México, el seleccionado local no debería tener problemas para al menos empatarles a los africanos, a los que ha vencido en tres de sus cuatro enfrentamientos previos, sólo uno de ellos en Copa Mundo, la de Estados Unidos 1994, cuando los verdeamarillos se impusieron 3-0.

Brasil no pierde un juego en la fase de grupos de un Mundial desde Francia 1998 y Camerún lleva seis partidos perdidos en la máxima competición del balompié. Además viene de caer 4-0 frente a Croacia y fue el primer equipo del torneo en quedar eliminado.

Lo que está en duda, entonces, es si el conjunto local podrá enamorar de una vez por todas a sus millones de torcedores. Con Neymar en un gran momento, pareciera que Brasil le apunta a su desequilibrio para resolver los partidos, más que al funcionamiento colectivo. “Algunos queremos gozar el Mundial, disfrutar del buen fútbol y del juego vistoso, pero todos, absolutamente todos, deseamos ganar”, advirtió Bebeto, campeón del mundo en 1994, para explicar que “al final lo que queda es el resultado, sin importar tanto cómo se consiga”.

Hoy, más que nunca, Brasilia será la capital de esta inmensa nación de más de 200 millones de habitantes. El país se paralizará cuando suene el pitazo inicial en el estadio Mané Garrincha, el mismo en el que Colombia derrotó el jueves pasado a Costa de Marfil. En la cancha, la seleção no peleará contra unos leones indomables, como se conoce a los cameruneses, sino contra sí misma. Por ahora, en este Mundial, el discreto juego de Brasil es su principal enemigo.

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