Holanda vuelve al aula con Van Gaal

El entrenador ha reconstruido una selección muy alejada de su tradición histórica del 4-3-3. Hoy, con un énfasis táctico y defensivo, enfrentará al campeón reinante en Salvador de Bahía.

El color naranja ha perdido fuerza incluso en Ámsterdam. Hubo un tiempo en que se sabía del inicio de un campeonato de selecciones por la exhibición de los desacomplejados y pintados hinchas de Holanda. No es de momento el caso de Brasil.

Ya sólo falta que algún equipo incorpore la zamarra oranje para que Holanda quede desnuda y sea irreconocible después que sus adversarios hayan evolucionado el estilo de Rinus Michels y Johan Cruyff hasta alcanzar la victoria, como pasó con España en Johanesburgo. Incluso Chile, tercer equipo del Grupo B, parece futbolísticamente más holandés que Holanda por la influencia que tuvo el paso de un técnico como Marcelo Bielsa. “El know-how que hizo único al fútbol holandés es ahora propiedad del mundo”, sentencia un periodista tan reconocido como Simon Kuper.

Holanda se destiñe en la calle al tiempo que pierde identidad en la cancha y se divierte en Ipanema. Muy desacomplejados y despreocupados después de un exigente entrenamiento matinal protagonizado por Robben, peleado siempre con sus marcadores, especialmente con el defensa Martins Indy, los futbolistas jugaron el lunes a las palas y al voleibol en la playa, como si fueran brasileños.

Van Persie y Robben, dos treintañeros, son con Sneijder, los líderes de un grupo muy escolar comandado por el maestro de escuela perfecto, Louis van Gaal, un técnico con fecha de caducidad, porque el próximo curso entrenará al Manchester United para enderezar su rumbo.

Especialmente táctico, riguroso y reiterativo en el juego de posición, Van Gaal tiene un plan para cada partido del Mundial, y muy bien podría ser que en el estreno contra España dispusiera de una defensa de cinco, un planteamiento que ya ha utilizado en los últimos amistosos y del que no se tenían noticias en Holanda desde un amistoso contra España en 2001.

“Yo soy el que toma las decisiones y mi trabajo es sacar el máximo rendimiento del equipo”, argumentó. “Es un sistema contra el que se hace difícil jugar”, añadió, consciente, por otra parte, de la debilidad histórica de la defensa, el punto débil de Holanda, agravado últimamente por la juventud de sus zagueros y por la falta de competitividad de la Liga. Van Gaal siempre tuvo obsesión por el sistema, también en el Barça.

Acusado a veces de fabricar autómatas, el seleccionador holandés siempre aspiró a que cualquier movimiento táctico se pueda entrenar con el fin de que un equipo con menos calidad individual pueda derrotar a un rival con futbolistas de un nivel superior. “Si no se ejecuta bien la táctica estarás muerto, porque entonces resuelven los mejores jugadores”, ha explicado en una entrevista al diario Algemeen Dagblad.

Ausentes ahora por lesión Strootman y Van der Vaart, se impone el sentido de equipo, a veces destruido por los egos y las disputas tribales de los jugadores en función de su club de procedencia y origen. Ahora ya no se cuentan conflictos raciales ni se cuestiona que se haya prescindido de la figura del 4 en favor del doble pívot, de la misma manera que no parece pecado quitar a los extremos por los carrileros y se procura olvidar la final de Johanesburgo de hace cuatro años.

Ya no está en el banquillo ni Marwijk ni Van Basten, y el juego de posición y combinación ha menguado tanto como la excitación oranje en la Copa del Mundo. Ahora manda Van Gaal.