Italia, el tetracampeón del mundo

La selección ‘azzurra’ alzó la copa del mundo en cuatro ocasiones: 1934, 1938, 1982 y 2006.

Archivo agencias

Italia a lo largo de la historia de los mundiales ha asistido a 17 de los 19 torneos y en la mayoría de estas presentaciones ha sido un gran protagonista: pasó en 11 ocasiones la primera ronda; disputó en ocho oportunidades las semifinales y avanzó a seis finales, perdiendo solamente dos.

La selección ‘azzurra’ es el mejor equipo europeo en las Copas del Mundo, ya que ostenta cuatro campeonatos mundiales, dos subcampeonatos, un tercer y cuarto lugar dentro de su historia. Los mundiales que han ganado los italianos han sido en la Copa que organizó en 1934, Francia 1938,  España 1982 y Alemania 2006. Sus dos subcampeonatos los logró en el Mundial de México 70 y Estados Unidos 94, ambos contra Brasil. Y finalmente el tercer lugar lo consiguió en Italia 1990 y la cuarta posición en Argentina 1978.

Mundial Italia 1934

El primer campeonato del equipo italiano llegó en su casa, donde contó entre sus filas con las figuras de Giuseppe Meazza, Giovanni Ferrari  y Raimundo Orsi, sin embargo el jugador que más se destacó por sus goles fue Angelo Schiavio, el delantero marcó tres goles en el debut en la goleada 7-1 contra Estados Unidos;  y en la final marcó el gol que le dio el campeonato al equipo local.

Las connotaciones políticas en el Mundial de Italia fueron muy especiales. El dictador fascista Benito Mussolini utilizó este campeonato como herramienta política para la causa e hizo todo lo posible para que la selección 'azzurra' acabara llevándose el Mundial.

El seleccionado italiano jugó cuatro partidos en este campeonato, la ya conocida victoria contra Estados Unidos (7-1), donde además de Schiavo, anotaron Orsi (en dos ocasiones), Meazza y Giovanni Ferrari; un empate 1-1 contra España, partido que necesitó de un desempate que terminó 1-0, el mismo marcador contra Austria en San Siro por semifinales y el 2-1 final contra Checoslovaquia.

En este Mundial marcó 12 goles y permitió apenas tres en nueve partidos, lo cual es su segunda mejor diferencia en los campeonatos del Mundo. La nómina que utilizó el equipo en la final estuvo compuesta por: Combi (C), Monzeglio y Allemandi; Ferraris, Monti y Bertolini; Guaita, Meazza, Schiavio, Ferrar y Orsi. DT: Vittorio Pozzo.

El diario La Stampa, de Italia, publicó el 11 de junio “Antes de que el encuentro inicio es esta multitud la que llama la atención. Una multitud alegre y ruidosa que festeja y se apila en los escalones sacudidos por el temblor del viento, que canta, toca, agita banderines azules y blancos y rojos en el viento, que engaña al tiempo como puede. La colonia checoslovaca está ampliamente representada. Llena parte de la curva y parte de la tribuna de la piscina.

Antes, incluso, de que los actores de este último encuentro ingresen al campo, el altoparlante anuncia la formación de los equipos. El nombre del romano Ferraris es subrayado con aplausos. No por nada estamos en Roma. Pocos minutos antes de las 17 el estadio cuelga el cartel de "completo". Miles de personas continúan fluyendo hacia los ingresos pero deben, decepcionados, retornar sobre sus propios pasos y estacionarse en el parque del estadio para vivir la pasión de los noventa minutos, sin ver el juego, y guiarse según el termómetro de los gritos de los presentes.

La asistencia se calcula cercana a las 60 mil personas. La recaudación, muy próxima al millón de liras, o sea, el doble de lo que se logró en el partido entre Italia e Inglaterra”.

Mundial Francia 1938

El Mundial celebrado en suelo francés, en estadios remodelados para la ocasión, disfrutó de un enorme éxito popular y constituyó la última oportunidad en la que fue posible exhibir la fraternidad internacional a través del fútbol antes de que, al año siguiente, estallara la guerra.

La Guerra Civil hacía estragos en España, Alemania se había anexionado Austria y una Europa acosada por las crisis estaba preparándose para las hostilidades cuando la Fifa decidió que la tercera Copa Mundial se celebraría en Francia.

Para estar a la altura de las circunstancias, se realizaron obras de ampliación en el Estadio de Colombes y se remodelaron los estadios de Burdeos y Marsella. Además, por primera vez, la nación anfitriona y la campeona vigente se clasificaban automáticamente; un privilegio que se mantiene en la actualidad.

Italia llegó a defender el título y comenzó con pie derecho al derrotar a Noruega con un gol de Silvo Piola al minuto 94. En cuartos por desgracia para los 58.455 hinchas que abarrotaban el estadio Yves-du-Manoir, situado en Colombes (cerca de París), Italia se impuso por 3-1 ante Francia y, a diferencia de lo que ocurriera en Uruguay e Italia en las dos competiciones anteriores, esta vez la anfitriona no se alzaría con la victoria de la Copa Mundial.

El encuentro de semifinales entre Italia y Brasil prometía ser una final anticipada, pero el seleccionador brasileño, Adheniar Pimenta, cometió un grave error al decidir dejar fuera a dos jugadores clave, uno de ellos el gran goleador Leonidas. Pimenta declaró: "Lo conservo para la final". La escuadra "azzurra", lejos de sentirse intimidada, salió victoriosa (2-1) y se ganó el derecho a defender el título ante Hungría, que había batido a Suecia sin problemas.

En la final, Meazza y Ferrari, los dos organizadores del combinado italiano, se entendieron a las mil maravillas y, el ya por entonces legendario pragmatismo italiano hizo el resto. Italia se alzó con el triunfo (4-2) y, tras dos victorias consecutivas en la Copa Mundial, entró en la historia del fútbol como una de las mejores selecciones nacionales de todos los tiempos.

Desgraciadamente, estalló la guerra y puso fin a la competición durante doce años; y, probablemente, privó a esta generación italiana, repleta de jugadores de talento, de disfrutar de mayores glorias.

Mundial España 1982

42 años tuvo que esperar el seleccionado italiano para repetir la hazaña de alzar la Copa del Mundo, en esa ocasión ya no estaba la Jules Rimet, fundida precisamente ese año por los ladrones que se la robaron en Brasil. Este fue el primer Mundial que se celebró con 24 selecciones y tras un trabajoso inicio de campeonato, los italianos recuperaron su mejor nivel (gracias a su delantero estrella, Paolo Rossi, que estuvo mejor que nunca) y conquistaron su tercera Copa Mundial de la Fifa. Sin embargo, esta edición también se recuerda por dos encuentros que ya forman parte de los anales del fútbol: el Brasil-Italia y, sobre todo, la semifinal que enfrentó a Francia y Alemania Occidental.

En las semifinales, Italia (gracias a dos goles de un renovado Paolo Rossi) demostró ser muy superior a Polonia, en un encuentro que sólo tuvo un dueño. Y en la final la escuadra "azzurra", que contaba con grandes estrellas, se impuso sin dificultades a Alemania Occidental en la final (3-1), gracias a otro gol de Paolo Rossi, dinamizador del equipo. Dino Zoff, de 40 años y capitán de la selección italiana, recibió el trofeo de manos del rey Juan Carlos de España. Italia se convirtió así, después de Brasil, en el segundo país que lograba tres Copas Mundiales.

Mundial Alemania 2006

24 años más tarde, el seleccionado italiano logró quedarse nuevamente con los máximos honores. Magistralmente organizados por el seleccionador Marcello Lippi, que venía de triunfar con el Juventus. Veintiuno de los veintitrés convocados llegaron a saltar al terreno de juego, y diez de ellos encontraron el camino de la red en este certamen.

Italia se defendió mejor que nadie en la Copa Mundial, con una retaguardia construida en torno al guardameta Gianluigi Buffon y al capitán Fabio Cannavaro que sólo concedió dos goles: uno en propia puerta y otro a raíz de una pena máxima.

Llamó la atención la aleación de seda y acero que fraguaron en la medular Andrea Pirlo y Gennaro Gattuso, así como las bravas acometidas por las bandas de los laterales Gianluca Zambrotta y Fabio Grosso.

Fue precisamente un gol de Grosso el que decantó la soberbia semifinal contra Alemania del lado italiano, y fue su lanzamiento en la tanda de penales de la final tras el 1-1 con el que acabó el partido el que selló la victoria definitiva.

Curiosamente, se trataba del primer triunfo de los Azzurri en los penales decisivos, inmejorable remedio para enterrar de una vez por todas los fantasmas de sus tres anteriores fracasos en esa ruleta rusa, especialmente la de la final de 1994. Italia se convirtió así en la única selección europea en lograr cuatro campeonatos del mundo.