Jackson Martínez: de hazmerreír a genio

En 2004, cuando debutó con Medellín, los hinchas no lo querían. Ahora lo adoran en Portugal por meter goles de chilena y de taco con el Porto.

Jackson Martinez se ha ganado a la afición de Porto gracias a sus buenas actuaciones y goles.
Jackson Martinez se ha ganado a la afición de Porto gracias a sus buenas actuaciones y goles.EFE

“Cuando mandaba a Jackson Martínez al campo, la gente en el Atanasio Girardot nos insultaba a mí y a él”, recuerda el antioqueño Pedro Sarmiento, el primer técnico del delantero, por estos días de moda en Portugal. “Al principio era resistido porque la gente lo veía flaquito, endeble, sin mucha potencia. Es que él venía de Quibdó mal alimentado y sin plata. Pero veía que él tenía mucho potencial. Y mire”.

Jackson Martínez juega fútbol por suerte. De niño entrenaba en la cancha de La Normal, la más tradicional de Quibdó, ubicada en el céntrico barrio Niño Jesús. Ese terreno pelado se lo dividen unas seis escuelas y lo disfrutan a la semana unos 150 niños de escasos recursos, como lo era Jackson Martínez. “Como veía que en Medellín me puteaban por meterlo a jugar, decidí ponerlo en Bucaramanga. Entramos al camerino y él no tenía nada: tocó prestarle calzoncillos, medias, guayos y canilleras. Era muy pobre”, añade Sarmiento.

En las divisiones menores del Medellín limaron sus defectos, potencializaron sus virtudes aéreas y de manejo. Mientras los de su edad como Falcao y Hugo Rodallega eran figuras en las selecciones juveniles de Colombia, Martínez entrenaba para ser mejor. Su máxima versión en Colombia las aprovechó el técnico Leonel Álvarez en 2009, cuando el chocoano fue el goleador de ese DIM campeón y del torneo con 18 goles. Luego su vida vivió un capítulo vertiginoso: llamados a la selección de Colombia, 36 goles en dos años con Jaguares de México y seis tantos en cuatro meses con Porto, incluidos un gol de chilena y otro de taco este fin de semana por el que los diarios europeos le tildan de artista, circense y maravilla. El diario O Jogo optó ayer por una primera página más poética: “Jackson pinta de espaldas”.

A Martínez lo llevaron al Porto por nueve millones de euros para reemplazar a Falcao y por ahora lo está consiguiendo. Al chocoano, a quien sólo le falta anotar en Champions League, lo comparan en Portugal con Falcao desde que llegó, pero eso no parece incomodarlo. No le perturba el adjetivo reemplazo.

De hecho, es el inquilino del apartamento que dejó Radamel en Porto y también conduce un BMW (como lo hacía Falcao) mientras le gritan por las calles en portugués, el idioma que le traduce James Rodríguez, su amigo y cómplice en ese país, así como los argentinos Lucho González y Nicolás Otamendi. También heredó sus amigos.

Esa popularidad que ha contraído por los diarios aduladores no ha entorpecido su humildad. Sigue llevando una biblia debajo del brazo a donde quiera que vaya, no dejó de ser quien lidera las oraciones de la selección de Colombia y aún lo describen como el tímido amigo. Sólo que ahora realiza piruetas para hacer goles y en las tribunas recibe sólo elogios. Ya no más insultos.