James, el ídolo: feliz cumpleaños

El mediocampista colombiano, que cumple 25 años, es un referente del fútbol colombiano.

James Rodríguez, mediocampista de la Selección Colombia. Foto: AFP

Hoy cumple 25 años y ya se le ve como el jugador diferente de Colombia. En un país que abandonó la escala de grises y las medias tintas en muchos debates, no hay mayor comunión que la que impera en torno al cucuteño. Su camiseta, sea la amarilla; la blanca del Real Madrid, es parte del paisaje diario de Bogotá. No hay conversación que no desemboque en él. Nadie que se precie de futbolero se pierde un partido del Real Madrid e incluso los hinchas locales del Barcelona se muestran condescendientes con el eterno rival por el mero hecho de que es el ídolo quien viste los colores prohibidos. En palabras del “Pibe” Valderrama: "Antes que nada, somos hinchas de James".

La última temporada fue complicada. Después de haber sido uno de los jugadores más destacados en su primera campaña en el equipo blanco, en la segunda se convirtió en un jugador del banco. El problema para mediocampista colombiano es no contó con la confianza de su técnico Zinedine Zidane, tanto así que ni siquiera jugó en la final de la Liga de Campeones contra el Atlético de Madrid. Y su futuro en el equipo blanco está en entredicho.

Las estadísticas son contundentes: en su primera temporada en el Real Madrid (2014-2015), después de haber sido fichado del Mónaco francés por 80 millones de euros, James jugó un total de 3.619 minutos en 46 partidos, con 17 goles y 17 asistencias. En la última campaña, el que debía ser el de la confirmación, no contó con la confianza de Rafael Benítez al inicio de la temporada, ni con la de Zidane cuando el francés sustituyó en enero al madrileño. Y sus números cayeron a la mitad: 1.859 minutos en 33 partidos (muchos como suplente), 8 goles y 10 pases decisivos.

No obstante, su omnipresente figura no se tacha. Para muchos representa la berraquera. Una suerte de historia de superación y gloria que anhelaba Colombia y ahora celebra, al unísono con otros deportistas como Nairo Quintana o antes con Radamel Falcao. A diferencia del exdelantero del Atlético, James, que primero hizo campeón a un club argentino (Banfield); triunfó en Portugal (Porto); bebió del orden de Ranieri en el Mónaco y fue máximo goleador en su primer Mundial, su fichaje por el Madrid lo ubicó en un pedestal inalcanzable.

La pasión por James alcanzó niveles de locura en el Mundial de Brasil. Colombia regresaba a un Campeonato del Mundo después de 16 años. De la mano de Pékerman llegó hace un par de años donde nunca antes: los cuartos de final, en los que fueron eliminados por la anfitriona. Poco importaba a esas alturas. Fuera del estadio, James sigue un camino similar al que inició Falcao años atrás. Su imagen dista mucho de la de aquellos mitos colombianos de los noventa, los Higuita, Valderrama o Asprilla. La mayoría de sus compatriotas ven en él a un tipo modelo, no solo por estética.

Alaban también su comportamiento. Muchos recuerdan cómo durante su presentación con el Madrid un niño saltó al césped del Bernabéu en su búsqueda. Pese a que la seguridad del club lo interceptó, James lo defendió, abrazó y regaló un balón. No fue un caso aislado. Unos meses después, en Londres, durante un amistoso contra Estados Unidos, otro hincha con la camiseta, la bandera y la cara pintada con los colores colombianos se fue en busca de su ídolo, que lo abrazó. Al acabar el partido, James colgó una foto del momento en su cuenta de Instagram con un mensaje para el mundo: Colombia es pasión.