José Pékerman está derechito

El técnico de la selección de Colombia ha acertado en casi todas sus decisiones durante el Mundial de Brasil 2014.

Así le agradeció Faryd Mondragón a José Pékerman sus minutos de juego frente a la selección de Japón. / EFE

Pocas veces se ha visto realmente emocionado al técnico José Néstor Pékerman como en la tarde y la noche del martes, cuando no pudo ocultar las lágrimas luego de la contundente victoria 4-1 sobre Japón. La tercera en línea de la selección de Colombia, esa que selló una primera fase inolvidable liderando el grupo C.

La verdad es que los últimos diez minutos de ese partido fueron sentimiento puro, incluso para un hombre tan curtido como el técnico argentino, tres veces campeón mundial sub-20 con su país. Él, que creyó haberlo vivido todo en el fútbol, sucumbió ante las circunstancias: golazo de Jackson Martínez, juego liquidado. Faryd Mondragón a la cancha a romper un récord y el abrazo sincero. Hasta besito le dio el golero vallecaucano antes de ir a su cita con la historia. Luego el cuarto tanto, el de James Rodríguez, el crack colombiano en este torneo. Y los ojos llorones tras el pitazo final. Entre felicitaciones y halagos, a don José apenas se le salió un “vamos, carajo”, con el que se quitó de encima el peso de la responsabilidad que le puso todo el país desde enero del año 2012, cuando asumió el cargo de entrenador nacional.

Porque José Pékerman ya cumplió. No solamente clasificó a la tricolor al Mundial de Brasil, luego de 16 años de fracasos, sino que la instaló en octavos de final con lujo de detalles. Nueve puntos en tres juegos, nueve goles a favor y apenas dos en contra. Veintiuno de sus 23 hombres han actuado, la selección de Colombia es una de las sensaciones de la Copa Mundo y una de las más ofensivas de los últimos tiempos.

Un trabajo planificado

Pero nada de eso es producto del azar. Todo lo que ha hecho el estratega argentino al frente de la selección tiene una razón de ser. Cuidó siempre la intimidad del equipo nacional de manera que nada la afectara. Fue excesivamente celoso con la logística del plantel e impuso siempre su criterio ante los dirigentes de la Federación Colombiana de Fútbol, a ratos preocupados por el excesivo poder que le dieron, pero satisfechos con los resultados.

Trabajó a su manera, con los métodos que conoce y que le han funcionado, pero aceptó sugerencias, así no hayan sido muchas. Se ganó la confianza de todos los jugadores, pero supo guardar distancia con ellos, así como lo hizo con patrocinadores y medios de comunicación.

Reservado, pero amable, Pékerman habló apenas lo necesario en los momentos justos. Nunca polemizó ni explicó decisiones públicamente. Siempre tuvo claras sus razones y eso fue suficiente. Y lideró el cuerpo técnico multidisciplinario, del que es el único vocero.

Sus números son contundentes. En 26 presentaciones ha logrado 17 victorias y seis empates. Su equipo apenas ha perdido tres veces. La selección de Colombia ha anotado 51 tantos y ha recibido solamente 16. El rendimiento bajo la batuta del estratega bonaerense es del 73%.

Pero como hombre del fútbol, sabe que la dinámica del juego obliga a fijarse nuevos retos al final de cada partido. El suyo ahora es ganarle a la selección de Uruguay y seguir haciendo historia. Y va a pelear con todas sus armas, esas que ha manejado magistralmente en el Mundial. Porque en Brasil, José Pékerman está derechito. Todo lo que hace, le funciona.

La convocatoria para el Mundial fue aceptada casi sin reparos, y cuando se vio en aprietos para escoger algunos jugadores, las lesiones seleccionaron por él. Se la jugó con Víctor Ibarbo en el estreno y el tumaqueño le respondió. Después, cuando la mano iba mal contra Costa de Marfil, le apostó al juvenil Juan Fernando Quintero y el volante cambió la historia del partido. Ya clasificado se dio la libertad de hacer ocho cambios en la nómina titular y los suplentes respondieron, pero además, cuando quiso ganar, sacó a James Rodríguez como su as bajo la manga y ganó el juego. Hasta tuvo tiempo para meter a Faryd Mondragón y quedar como un rey: además de estratega y ganador, un gran ser humano.

Y fiel a su estilo sigue ponderando la unión del grupo, el profesionalismo de todos sus jugadores y la capacidad del futbolista colombiano. No lo hace por quedar bien, se le nota. Además está convencido de que maneja a la mejor generación de nuestra historia y que éste es el momento justo para que brille en la cita deportiva más importante del planeta.

“Cada partido es diferente, pero en todos hemos mantenido la identidad”, dijo más tarde, en la conferencia de prensa en el Arena Pantanal de Cuiabá. Más tranquilo, agregó que “acá hay mucho trabajo que no se ve, pero que los muchachos ejecutan de una manera brillante. El equipo tiene gol y no pierde el equilibrio. Y los momentos difíciles que tuvo en cada partido los supo superar. Y las individualidades han funcionado bien”.

También dijo Pékerman que a pesar de que el plantel está satisfecho con lo que ha logrado, tiene hambre de gloria y mucha ambición. “Que nadie se llame a engaños. No nos conformamos. Vamos a luchar hasta el final, porque nadie nos puede impedir que soñemos. La gente en Colombia puede estar segura de que daremos todo por seguir avanzando en este Mundial”, reflexionó.

Paso a paso

Por experiencia propia sabe que no será una tarea fácil. En el Mundial de Alemania 2006 se quedó en cuartos de final cuando dirigía a la selección argentina de mayores, precisamente ante los anfitriones. “No quiero hablar del posible enfrentamiento contra Brasil en cuartos. Por respeto a los otros equipos y, sobre todo, porque lo que nos compete ahora es pensar en los octavos. Nuestra mente y nuestras fuerzas están puestas nada más en ese duelo”.

Precisamente por eso ayer mismo inició la ‘Operación Uruguay’, aunque les dio la mañana libre a todos los jugadores. Él y sus asistentes se refugiaron en Cotía, su lugar de concentración, y empezaron a diseñar su estrategia para el duelo del sábado en el estadio Maracaná, tan minuciosamente como lo han hecho con cada uno de los 16 juegos oficiales que han diputado.

Ojalá don José siga tan acertado como hasta ahora y este momento mágico de la selección nunca llegue a su fin. Sobre todo porque ya les ha confiado a sus allegados que está dispuesto a seguir al frente de la selección e incluso a meterse un poco más en el trabajo en las categorías menores, porque cree que nuestro país tiene el potencial para seguir mejorando y prolongar por muchos años esta nueva generación dorada.