Jugadores del Borussia dan explicaciones a los fanáticos en Dortmund

Los capitanes del equipo dirigido por Jürgen Klopp calman a su afición tras otra derrota que les deja colistas.

Mats Hummels conversa con aficionados tras la derrota contra el Ausburgo. Foto: EFE

Acabó el partido derrotado por el Augsburgo (0-1, gol del paraguayo Raúl Bobadilla) con el equipo prisionero de su propia ansiedad e impotencia ante un rival que jugó la última media hora con un hombre menos, con los graderíos centrales despoblados por la decepción. Fue entonces, mientras brotaban silbidos y abucheos, cuando Weidenfeller y Hummels, dos de los pesos pesados del Borussia Dortmund se dirigieron hacia la Südtribune del Signal Iduna Park (el Westfalenstadion de toda la vida), el graderío más intimidante de Europa, la muralla amarilla que con 25.000 personas tantas veces ha empujado al equipo. Allí estaban los dos capitanes del equipo intentando ofrecer alguna explicación: son colistas de la Bundesliga en una deriva ante la que se quiso encontrar en vano un alivio en el parón invernal.

Concentrado el pasado mes durante nueve días en la costa murciana, Jürgen Klopp entendió que el equipo estaba preparado para dar un paso adelante, el regreso de Marco Reus tras dos meses parado por una lesión de tobillo le daba alas. El jugador más cotizado del equipo volvió a jugar el pasado día 17 contra el Steaua en un amistoso disputado en Alicante, fue titular el pasado sábado contra el Leverkusen y contra el Augsburgo disputó 72 minutos en un tono menor.

El Borussia no ha conseguido marcar en los dos partidos tras el parón. Vivo en la Copa, donde le espera un asequible emparejamiento con el histórico Dynamo Dresde, que milita ahora en la tercera liga germana; intratable en la Liga de Campeones, donde culminó primero en su grupo por delante del Arsenal y se apresta a jugar los octavos de final contra la Juventus, Dortmund vive sus horas más bajas en el campeonato doméstico desde que en 2008 peleó por no perder la categoría y pudo salvarla en un tramo final en el que logró 15 puntos de los últimos 21. Sumido en una situación económica complicada, tras aquella campaña, en la que con todo fue subcampeón de Copa, llegó Jürgen Klopp para iniciar una exitosa reconstrucción, la de un histórico que solo ha jugado cuatro campañas (entre 1972-76) en Segunda y congrega a más de 100.000 socios para discutirle la hegemonía del fútbol germano al Bayern.

Ahora el Borussia Dortmund padece y lo hace con un equipo plagado de estrellas. No solo Hummels o Weindenfeller sino que también Reus, Gundogan, Sahin, Aubameyang o el criticadísimo Ciro Immobile fueron titulares ante el Augsburgo. Subotic, Mkhitaryan y Kagawa salieron desde el banquillo en una demostración de poder que no se corresponde con los resultados y la clasificación del equipo, afortunado porque casi todos los equipos que le preceden perdieron esta jornada, ganador en 4 partidos de 19, a dos de librarse de los puestos de descenso, a quince puntos de Europa. Estupefacto en el centro del campo mientras presenciaba junto al resto de sus jugadores como sus capitanes se disculpaban ante la Südtribune, Klopp se presentó tras el partido con un discurso tenue. “Duele la derrota. Esta noche nos pueden acusar de todo, es legítimo hacerlo y entiendo a quien lo haga. Soy yo el que tiene que devolverle el rumbo al equipo”, explicó. Ya sabe lo que es perder la categoría, lo hizo con el Mainz en 2007 tras llevarlo antes a Europa. Parece ilógico barruntar un desastre, pero el sábado ante el Friburgo, un rival directo en la cola de la tabla, debe empezar a construir el impensable reto de la permanencia.

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