Jupp Heynckes, el sabio de la bombilla

El alemán tiene el desafío de eliminar al Barcelona en la semifinal.

El alemán Jupp Heynckes, de 68 años de edad. / AFP
El alemán Jupp Heynckes, de 68 años de edad. / AFP

Más de mil partidos en la Bundesliga, como entrenador y futbolista, contemplan a Jupp Heynckes. “Nunca soñé que alcanzaría esta cifra cuando era jugador. Hay suficiente material para escribir más de un libro, pero no lo voy a hacer”, aseguró el hombre que este martes (1:45 p.m., Espn) asume el reto de eliminar al Barcelona de la Champions. “Para mí, tratar de sacar al equipo que ha dominado el fútbol en los últimos años supone un gran desafío. Va a ser difícil, muy difícil”, sostiene Heynckes, quien a los 68 años está escribiendo la última página de una gloriosa carrera que le señala como un grande.

Conocido en Alemania como Osram, famosa marca de bombillas alemana —un mote que le puso el que fuera futbolista del Espanyol Wolfram Wuttke cuando le entrenó en 1980, por su facilidad para ponerse rojo cuando le da el sol—, es también conocido como Don Jupp, tras su paso por la Liga, donde entrenó al Athletic en dos épocas (1992-94 y 2001-03), al Tenerife (1996-97) y al Real Madrid (1997-98), en el que dejó muy buen sabor entre los futbolistas que le trataron. “A mí me marcó”, reconoce, por ejemplo, el Cuco Ziganda, actual entrenador del filial rojiblanco. “Recuerdo que trajo cosas tan novedosas al Athletic que me apuntaba los ejercicios de los entrenamientos. Aún hoy, utilizo un par que aprendí con él”, dice el Cuco, que destaca “su mentalidad ganadora y su gusto por trabajar con el balón y jugar al ataque”.

Aquella temporada empezó con una bronca tremenda, según recuerdan testigos tras el primer amistoso de la pretemporada, contra el Stuttgart de Buchwald. Venía el Athletic de una mala temporada y en el estreno de la pretemporada perdieron (1-0) después de darle un baile al conjunto alemán, puntero en la Bundesliga. Los jugadores estaban felices por su partido. Al término de la cena dijeron: “Hemos perdido. Y jugamos para ganar”, les recordó su entrenador a voces. No lo olvidaron nunca. “Tenía mucho método”, señala Julen Guerrero al hablar del hombre que le hizo debutar en Primera. “Le tuve en dos etapas. En la segunda había cambiado, había evolucionado en función del juego. Me impactó cómo, pese a tener una edad, era capaz de reciclarse”.

Hijo de herrero, Heynckes lleva casi 50 años en el fútbol. Debutó el 14 de agosto de 1965 en la Bundesliga. Rápido y de gatillo fácil, acumuló 385 partidos y anotó 220 goles, un dato que le convierte en el tercer goleador más exitoso en la Bundesliga, y jugó 39 partidos con la selección. En ella conoció y trabó una amistad que aún perdura con Ulli Hoenes, actual presidente del Bayern. Miembro de la generación que dominó el fútbol en los 70 y que justifica por sí sola la frase de Gary Lineker: “El fútbol es una cosa que juegan once contra once y siempre ganan los alemanes”.

Si su palmarés como futbolista es grande, también lo es su hoja de servicios como entrenador, que incluye una Copa de Europa (1998), con el Real Madrid, la séptima. “No tuvo un trabajo nada fácil, el club vivía una situación convulsa, pero supo sacarle rendimiento a un vestuario con talento”, recuerda Fernando Hierro. “Sí, Heynckes nos ha tenido mucho respeto, siempre nos ha escuchado, pero eso ha sido un error. Nos ha escuchado demasiado”, dijo en su día Panucci del trabajo del alemán al frente de aquel equipo. Más allá de sus muchos títulos, sorprende la gran cantidad de futbolistas que han seguido carrera de entrenadores tras pasar por su pizarra. “Es siempre interesante ver qué exjugadores llegan a ser entrenadores. Habla de una influencia positiva, de una labor reconocida. Me gusta ver cómo trabajan ahora antiguos jugadores que se han hecho entrenadores. Muchos dicen: ‘Cambié de opinión sobre el juego por usted’, y eso da valor a mi trabajo”. Cita un ejemplo: “Balich, con el que trabajé en el Leverkusen, dijo: ‘Si hubiera tenido a Jupp como entrenador siendo más joven, mi carrera hubiera sido muy diferente’. Es un reconocimiento mayor que todas las críticas”.

Se reconoce heredero de Udo Lattek, de quien fue segundo, y especialmente de Weisweiler: “Influyó enormemente en mi forma de ser como entrenador”. Sostiene que ahora, en lo que llama fútbol moderno, “todos los equipos están mejor preparados. La preparación física y táctica es mucho mejor y eso genera menos espacios. Para encontrarlos es cuestión de que el colectivo premie sobre lo individual. A estas alturas hay que saber manejar los talentos y darles la perfección que necesitan, trabajando intensamente cuestiones tácticas”.

En ese sentido, reniega de señalar a Messi como la única grandeza del Barcelona. “Basta una palabra, es un fenómeno. Pero he visto al Barça los últimos años y es fascinante el juego de ese equipo. Es extraordinario lo que están haciendo en el fútbol moderno”.

Discreto, socarrón, culto y sencillo, los 50 años de Heynckes en el fútbol dejan títulos y buen juego, y mucha discreción fuera del campo. Pero hay detalles que le definen: le despidieron por teléfono del Borussia Mönchengladbach en 2007 y lo primero que hizo fue llevar el carro propiedad del club a un autolavado. Llenó el tanque, lo estacionó en la plaza reservada al entrenador en la sede del club y dejó las llaves en la recepción.