Marlos Moreno, la alegría verdolaga

A punta de goles y gambetas el delantero paisa tiene soñando a los hinchas de Nacional con el título de la Copa Libertadores.

Marlos Moreno ha sido la figura de Nacional en los dos primeros partidos de la Copa Libertadores de América. / AFP

Dirán algunos que 22 partidos como profesional son muy pocos para graduar a un futbolista como figura, pero quienes conocen a Marlos Moreno desde que era niño, aseguran que en la Copa Libertadores de América está mostrando lo mismo que hacía hace una década en las calles del barrio Manrique Oriental, de Medellín.

Allí vivía hasta hace un par de años con su madre y sus siete hermanos mayores, a quienes ayudó para que arrendaran una casa en el municipio de Bello, pues él se queda ahora en un hogar de jóvenes del Atlético Nacional.

“Era un niño muy habilidoso y rápido, pero por encima de todo inteligente para jugar”, explica Eladio Tamayo, quien lo descubrió y lo llevó al club Leonel Álvarez y luego lo presentó a las divisiones menores del cuadro verde de Antioquia.

Tamayo fue su padre futbolístico, aunque sabía que el muchacho no necesitaba mayores consejos en la parte deportiva, sino más bien en el aspecto personal. “Ahí uno trata de transmitirle la experiencia de la vida, a ayudarle a ser responsable y disciplinado, luchar por sus sueños”, agrega Eladio, quien le dio posada durante varios meses, para que se alimentara mejor y cumpliera con los entrenamientos.

Se parece al “Tino”

Marlos es el nombre que tiene registrado en notaría, pero realmente su mamá quería ponerle Marlon. “Se equivocó quien llenó el registro y me quedé Marlos”, aclara con vehemencia el jugador, quien, sin embargo, se intimida cuando lo comparan con Faustino Asprilla, por su habilidad, gambeta y estilo de juego.

En realidad, una de las principales virtudes de la nueva joya paisa es que puede actuar como centro delantero, abierto por los costados e incluso como volante de enganche, así como lo hacía el Tino.

“Yo era nueve, jugaba en punta, pero el profe Osorio me enseñó a ir por las bandas. También me gusta salir de atrás, porque hay más panorama”, dice. Eso lo demostró la noche del martes en la contundente victoria de Nacional 3-0 sobre Sporting Cristal de Perú, por el Grupo 4 de la Copa Libertadores.

Marlos fue una pesadilla para la defensa inca. Se asoció arriba con Víctor Ibarbo y Jonathan Copete, pero también en la mitad con Alejandro Guerra, Sebastián Pérez y Alexánder Mejía.

“La figura no fui yo, fue todo el equipo. Este es un trabajo de todo el plantel”, señaló con humildad, aunque reconoció que “estamos muy ilusionados con este grupo, queremos pelear la Copa”.

Y en Nacional saben la clase de jugador que tienen. Por eso tratan de llevarlo con calma y seguirlo puliendo para el futuro. “Tiene un enorme talento, pero queremos que no se deje presionar, que siga jugando con alegría, que disfrute lo que hace”, explica Reinaldo Rueda, quien se la jugó con Marlos el semestre pasado y lo puso como titular al lado de Jéfferson Duque. El juvenil no le falló y fue clave para ganar la estrella 15 ante Júnior y la Superliga frente al Deportivo Cali.

Moreno, quien probablemente no permanezca mucho tiempo en el fútbol colombiano, tiene dos grandes obsesiones: ser figura del Nacional y comprarle una casa a su familia. La primera está muy cerca, porque con apenas 19 años ya es uno de los referentes del equipo verde y uno de los consentidos de la afición. La segunda seguramente se hará realidad si el club toma en serio alguna de las ofertas que comienzan a llegar por él.

“El profe y mis compañeros me dicen que me preocupe por jugar, por rendir, por divertirme, que lo demás llega en la medida en que me cuide y sea juicioso”, reconoce Marlos, a quien se le aguan los ojos cada vez que salta a la cancha y los hinchas comienzan a corear su nombre, pues eso hacían sus hermanos hace años, cuando jugaban a la pelota en la habitación en la que vivían en el barrio Manrique.