Messi, un extraterrestre sin corona

La estrella del Barcelona, repleto de récords y títulos en su palmarés con el equipo catalán, tiene aún una deuda con su país. La Copa América del Centenario es una nueva oportunidad para alzar el trofeo. Este lunes, su selección se estrena frente a Chile, el equipo que justamente le arrebató el triunfo en la Copa de 2015.

El argentino Lionel Messi ya está concentrado con la selección en Estados Unidos para la Copa América. / AFP
El argentino Lionel Messi ya está concentrado con la selección en Estados Unidos para la Copa América. / AFP
La sonrisa ancha, los brazos apuntando al cielo, la gloria dibujada en el rostro y Lionel Messi vestido de Barcelona. Blaugrana, de pies a cabeza, el astro rosarino se encargó de arrasar récords y coleccionar títulos para su palmarés. Son 28 vueltas olímpicas, nada menos. La última, en la Copa del Rey, hace dos semanas. Y las vitrinas de su casa, erguida en el exclusivo barrio Pedrealbes, ostentan cinco balones de oro. Sin embargo, con la camiseta albiceste tiene una cuenta pendiente. Una daga invisible que atraviesa su pecho, que le aguijonea el orgullo, que lo pone de frente a una obligación. Con la selección de Argentina nunca fue campeón. Al menos, con la Mayor. Porque los Juegos Olímpicos, esos que ganó en Pekín 2008, y los torneos juveniles no tienen demasiado relieve en este rincón del Cono Sur.
 
Entonces, las imágenes que se observan de la Pulga con el escudo de la AFA a la altura del corazón y la cinta de capitán en el brazo izquierdo son el contraste de aquellas que se multiplican en Barcelona. Messi, el mejor futbolista del planeta, no para de conseguir laureles en su Segunda Patria, pero acumula frustraciones en el país donde nació. Y parece hasta injusto cargarlo de responsabilidad cuando Argentina hace 23 años no logra un título de mayores. De hecho, Leo ni siquiera había empezado la escuela primaria. Pero estamos ante un extraterrestre, el Maradona moderno. Y sobre su espalda carga una mochila muy pesada porque su talento no sólo merece un campeonato; también, lo exige la comparación con Diego.
 
Messi jugó tres Mundiales (2006, 2010 y 2014), tres Copas América (2007, 2011 y 2015) e irá por el bono extra, esta Copa América del Centenario que empieza a tomar color en Estados Unidos. Y en la cabeza del propio crack y el de todos los argentinos no se admite otro segundo puesto.
 
Todavía duele la vista de Messi clavada en la copa dorada de Brasil, cuando subió la escalinata del estadio Maracaná y pasó delante de este trofeo que alzó Philipp Lahm, el capitán alemán. Ni hablar de la medalla plateada que se colgó en el torso cuando Chile, en el estadio Nacional, le arrebató otra Copa América. Y aunque no lo diga públicamente, tal vez la Pulga piense como Diego Simeone, quien dijo después de la derrota por penaltis ante Real Madrid en la final de la Champions League que “del segundo no se acuerda nadie” y que lo suyo fue “un fracaso” por no levantar la “Orejona” con Atlético Madrid.
 
Parece una osadía decir que Messi fracasó en la selección, sobre todo teniendo en cuenta que está a un paso de transformarse en el máximo goleador histórico (con 50 gritos en celeste y blanco, está a cuatro de Gabriel Batistuta) y que ha tenido partidos extraordinarios. No obstante, es imposible soslayar las decepciones de aquellas finales perdidas. Y a 19 días de cumplir 29 años, siente que su carrera será incompleta sin un halago con Argentina. “La última vez que mi país fue campeón se dio en 1993 y creo que es importante terminar con la mala racha”, aseguró el astro en una entrevista a la prestigiosa revista Sport Illustrated.
 
El título del reportaje no admite dobles lecturas: “El mejor jugador del planeta ante el sueño americano”. Tampoco, aquella frase que dejó Leo en las páginas del magazín de Time Warner. Si justamente él, que rompió todas las marcas y se cansó de ganar partidos en Barcelona, habla de “mala racha”, ¿quién se atreve a cuestionar su necesidad de conseguir un título? Hay una presión externa, es cierto. Pero también una interna, propia de este fenómeno que busca terminar con la sequía argentina a nivel continental y mundial.
 
No es su mejor momento
 
Messi recién llegó el viernes a la Mansión Hayes, el lujoso hotel donde se aloja el plantel argentino. Lo hizo después de declarar en la tercera audiencia del juicio que afrontan el propio Lionel y su padre, Jorge, acusados de fraude tributario, entre 2007 y 2009, por 4’100.000 euros. Y aunque la fiscalía recomendó que sea absuelto del delito, para Leo resultó un duro golpe la condena que pesará sobre su progenitor, quien se expone a 18 meses de prisión, una pena excarcelable. Es que, durante todo el proceso judicial, la estrategia de la defensa tuvo que ver con deslindar de responsabilidades al jugador.
 
“Yo firmaba los contratos porque confiaba en mi papá”, fue la excusa del baluarte argentino. Jorge no podrá eludir su rol de partícipe necesario en la creación de sociedades con fines defraudatorios. Difícil creer que no aterrizó en California sacudido emocionalmente. Además de ser insultado a la salida del tribunal, el abogado del Estado español lo comparó con el capo de una estructura criminal. Y a él que nunca le gustó quedarse sentado en el banco de suplentes –sólo basta recordar los cuartos de final de Alemania 2006, con José Pékerman al frente del equipo–, terminó en el banquillo, pero de los acusados. Todo, gracias a los movimientos que realizó el padre. ¿Cómo continuará la relación después de esta situación incómoda en la vida familiar?
 
Lo cierto es que, más allá del compromiso que tiene Messi con la selección, todavía es una incógnita si será titular este lunes ante Chile en Santa Clara, porque arrastra un golpe en la parrilla costal izquierda, producto de un choque durante el último amistoso que disputó Argentina, en San Juan ante Honduras, previo al viaje a suelo norteamericano. “Está mejor. Y ahora que está acá, con nosotros, irá evolucionando”, dijo Daniel Martínez, médico del plantel, apenas tomó contacto con Leo en Estados Unidos.
 
¿Hacía falta que Messi jugara ese partido, teniendo en cuenta que debía volver a cruzar el océano Atlántico para declarar en un juzgado de Cataluña? Con el hecho consumado –lesión incluida– se puede decir que Gerardo Martino cometió un error. Pero a la vez, marca la voluntad del crack. Porque no le dejó abierta la puerta a la especulación. En ese sentido, el entrenador de la selección albiceleste remarcó: “Es normal que lo afecte la situación judicial. Pero está visto que, a la hora de entrar en la cancha, lo que pasa afuera, queda afuera. Quedó demostrado en el último partido de la Liga española. Jugó en un alto nivel y fue campeón. Y de la misma manera va a jugar con la selección, no hay dudas”.
 
La Pulga fue acompañado a sol y sombra por Marcelo D’Andrea, el masajista de la selección de Argentina. Incluso, hasta estuvo el día de la audiencia en Barcelona. “Está muy bien”, dijo Daddy, apodo que el fisioterapeuta adoptó por su parecido a un actor local, Raúl Brieva. Amigo, confidente, hombre del círculo de confianza de Messi, no se apartó en ningún momento de la estrella. Estuvo en la clínica de San Juan, donde se le realizó el primer estudio que descartó una lesión ósea; en Arroyo Seco, a pocos kilómetros de Rosario, donde reside el futbolista cada vez que viene a Argentina, y en Barcelona.
 
Messi siempre quiere jugar
 
Los medios españoles fueron lapidarios con la posibilidad de que Messi esté presente, con la número 10 brillando en su espalda, en el bautismo copero ante Chile. Incluso, trascendió que está muy dolorido, aquejado por esa contusión en la zona prevertebral lumbar, con consecuencias en tres costillas. Desde su entorno, en cambio, deslizan que no está tan afectado y son optimistas respecto a su recuperación.
 
Habrá que ver qué decisión toma el entrenador, que sólo tuvo dos prácticas con Leo antes del partido. Teniendo en cuenta las horas de vuelo, las idas y vueltas, la lesión y el componente anímico, ¿sería ilógico que el mejor futbolista del planeta no juegue contra los chilenos, descanse, se ponga a punto y sea de la partida frente al Panamá de Hernán Bolillo Gómez, el viernes en Chicago? “Yo a Messi lo pongo siempre, hasta parado”, dijo Ramiro Funes Mori, zaguero central del Everton. Más probable, a esta hora, es que haga su primera presentación en la Copa América contra los panameños.
 
Para Argentina, esta Copa América es una “revancha”. Difícil creer que se curará la herida de la final perdida contra Chile hace un año. No obstante, la ansiedad por ganar un trofeo se impone. Porque Alfio Basile, el último técnico campeón, ya peina canas. Y para Messi, especialmente, es indispensable el título. En Estados Unidos, a partir de este lunes o cuando le toque jugar, tendrá que pagar la deuda externa de los argentinos.