La metamorfosis de 'Adriancho'

Adrián Ramos espera una oportunidad de sumar minutos con la selección de Colombia. En su vida pasó de ser despreciado por flaco a ser querido por los grandes clubes en Alemania.

El goleador Adrián Ramos. / AFP

“Yo me entreno de la mejor forma para poder aportar, independientemente de dónde me toque jugar. Lo que quiero es entrar a la cancha a dejar la piel por mi país. Lucharé hasta el final por un puesto”, asegura Adrián Ramos. Y si de luchar contra las adversidades se trata, él es uno de los buenos ejemplos de personas a las que nada les ha quedado grande. El futuro delantero del Borussia Dortmund de Alemania ha sufrido y sembrado lágrimas, pero ahora cosecha alegría y triunfos.

Gustavo, el papá del hoy delantero de la selección nacional, trabajaba como jardinero en el prestigioso barrio Ciudad Jardín en Cali. Un día salió de su casa y nunca regresó. A los ocho días encontraron su cuerpo cerca a La Buitera, en el Valle. Anayiber, su madre, y Gilber Stiven, su hermano, se quedaron solos en un hogar que a duras penas se mantenía. La esperanza eran el fútbol y el talento de Adrián, quien con nueve años mostraba que podría llegar lejos, a pesar de que su contextura física hiciera recordar a su padre, un hombre que alcanzó a jugar en equipos aficionados pero que nunca fue aceptado por parte de los técnicos por ser un “flacuchento”.

Motivado por sacar adelante a su familia sin repetir la historia de su papá en las canchas, Adrián se propuso fortalecer sus músculos para que no hubiera excusas por parte de los entrenadores de los equipos en los que estaba y lo dejaran jugar, pero por más esfuerzo que hacía su cuerpo no cuajaba. Se destacaba por su habilidad con el balón, su cambio de ritmo y sus goles, esos que lo llevaron a ser tenido en cuenta por el América de Cali, en donde al principio también todo sería sufrimiento.

“Con ese físico, Ramos no va a llegar”, decían algunos. “Para que ese pelao crezca hay que invertir mucho billete”, comentaban otros. Nadie parecía valorar lo que hacía en la cancha, pero quien en ese momento era el gerente deportivo del equipo escarlata, Héctor Fabio Báez, le dio un espaldarazo que lo impulsó para poder cumplir su sueño.

Así como su presencia en el Mundial de Brasil 2014 se dio casi por casualidad, por la lesión de Falcao y el mal momento de Luis Fernando Muriel, el inicio de su camino por las selecciones juveniles de Colombia fue similar. Cuando tenía 16 años estaba jugando un torneo en Italia con el América, y por pura coincidencia en esa tierra estaba la sub-17 de Colombia dirigida por Eduardo Lara. Lo invitaron a entrenar con el equipo nacional, y aunque en un principio no dejó buena imagen, en pocos entrenamientos marcó goles y se quedó. Se ganó la confianza de un Lara que no le había visto mucha madera pero que lo mantuvo como parte del proceso.

Con Trujillanos de Venezuela llegaría su oportunidad en el fútbol profesional. El América lo prestó a ese club para que sumara minutos en cancha. No obstante, jugó poco. Tras dos años en los que sólo actuó en ocho partidos pasó a Independiente Santa Fe. Allí celebró sus primeros goles en el país. Luego volvería al América y saldría campeón antes de partir al Hertha de Berlín, club en el que realmente se transformaría de un jugador normal en uno destacado.

En octubre de 2009, Adrián Ramos marcó su primer gol en Alemania tras siete fechas en blanco. Pudo justificar de alguna manera los dos millones de euros que pagó el cuadro berlinés al América de Cali por su ficha. Ese gol se lo hizo a Jens Lehmann, quien fuera capitán de la selección teutona y un referente para los alemanes. Descensos y ascensos vivió Adriancho en Berlín, pero tras una extraordinaria temporada en la que terminó como cuarto artillero de la Liga con 14 goles fue oficializado para jugar con el Borussia Dortmund. “Es una alegría muy grande lo que he vivido en los últimos meses. El paso a un club más grande y la oportunidad de jugar un Campeonato Mundial. Debo seguir trabajando porque no se ha logrado nada aún. Yo quiero jugar”, le dijo a El Espectador el goleador que espera por una oportunidad para disputar algunos minutos en el juego de esta tarde frente a Japón en el estadio Pantanal de Cuiabá.

“Estamos en la segunda ronda, pero esperamos lograr mucho más”, destacó Ramos, quien a pesar de ser uno de los últimos hombres en unirse a este grupo, sin haber sumado un solo minuto en la eliminatoria, ha encajado bien en el equipo. “Se vive un ambiente muy bacano. Hay armonía en esta familia. No me siento el reemplazo de Falcao, creo que puedo aportar mi propio estilo”, asegura el ahora flaco pero potente jugador que sabe que puede aportarle a Colombia como extremo izquierdo o como delantero centro.