Moise Kean, un "centennial" en la Champions

El delantero del Juventus, de 16 años, se convierte en un fenómeno mediático y mercantil al ser el primer futbolista del 2000 en debutar en la máxima competición europea.

Moise Kean celebra uno de los goles con los que Juventus derrotó a Sevilla. / EFE

El pensamiento mágico obra en beneficio pecuniario del imberbe Moise Kean y su séquito. Los hechos son llamativos. Juega en el Juventus, lo que confiere un prestigio automático. Es poderoso, ágil, y en el pie derecho reserva el toque explosivo de una mula. La edad, 16 años, induce a pensar que se trata de un prodigio, como suele suceder con todos los deportistas prematuros. Pero estas circunstancias, que ya de por sí sitúan a cualquiera en una buena posición en el mercado del fútbol, no son las que hacen de este muchacho una especie de bienaventurado. La bendición es casual, como la forma de las nubes. Porque casi todo el valor de Moise Kean deriva de la fecha de su nacimiento: 28 de febrero de 2000. Este martes en Sevilla se convirtió en el primer futbolista de la generación del actual milenio que debuta en Champions.

Hijo de costamarfileños nacido en Vercelli, pequeña localidad del este del Piamonte, se convirtió en un fenómeno mediático cuando el sábado debutó ante el Pescara. La Juve lo había captado de las categorías inferiores del Torino, jugaba en la Primavera, y las lesiones de Higuaín y Dybala lo habían promocionado accidentalmente al primer equipo. "Esto es solo un inicio; siempre apunto más alto", dijo, al salir del campo, y a nadie en el club le sorprendió el atrevimiento.

Mosie Kean es un espíritu libre. Tan libre que se escapaba de las concentraciones de la cantera porque no soportaba el claustro. Su desparpajo era visible cuando jugaba de extremo. Combinada con la fuerza natural, la osadía le convirtió en un elemento impresionante. La pepita de oro que captó la atención de Mino Raiola, el agente más revoltoso del mundo. Se buscaron el uno al otro, en realidad. A Raiola le atrajo su potencial de beneficios netos. Al chico le fascinó aliarse con el agente de Paul Pogba, su ídolo.

Inmediatamente comenzó a tensarse la cuerda. La madre, partidaria de Raiola, se ha propuesto conducir su carrera lejos de la Juventus, en un programa que preveía primero al Zwolle, de la Eredivisie, donde dispondría de minutos, y después al Manchester City. En el otro extremo, el padre, se aproximó a la Juve y a la propuesta del director deportivo Giuseppe Marotta, que le ofrece tres años de contrato. Lo razonable, cuando a los 16 años la inmensa mayoría de los jóvenes no han definido ni siquiera si llegarán a profesionales.

La entrada de Kean por Pjanic en el minuto 84 del partido que disputaron la Juve y el Sevilla en el Sánchez Pizjuán cebó la bomba. El atacante, que saltó al campo distinguido por la cresta amarilla, en homenaje a Pogba, apenas tocó el balón pero exhibió su arrojo. En plena ola de euforia, La Gazzetta dello Sport celebró que pelease con Marcano un balón aéreo.

"Está creciendo", resopló el entrenador, Massimiliano Allegri, cuidadoso con no inflar la burbuja más de la cuenta; "ha tenido un pico y después ha caído, como les pasa a los jóvenes. En estos días ha pagado el gasto de energía mental de su debut en Serie A".

"Tiene la suerte", avisó Allegri, "de entrenarse con grandes campeones que podrían ser modelos de comportamiento para él".

Allegri se esforzó por mostrarse empírico y racional. Bogó como una cáscara de nuez en el huracán. Da igual que este adolescente atlético no haya hecho nada verdaderamente importante aún. Da igual que miles de grandes promesas desaparecieran del mapa al mes siguiente de hacerse famosos, atormentados por la fantasía, la propia y la ajena. El espectáculo de Moise Kean es real. La hinchada quiere ver al futbolista con nombre de profeta meter un gol al Genoa el próximo fin de semana. El pueblo espera que los números mágicos corroboren el advenimiento de otro ídolo.