Mundial y Fiesta Junina

En el trasfondo de Brasil 2014 hay tradiciones de las que no escapa ni la selección ‘verdeamarela’.

Los brasileños celebran el Mundial y también sus fiestas tradicionales. / EFE

El único lugar en Brasilia donde no vi a alguno de los 50.000 colombianos que estos días se tomaron la ciudad fue en los espacios comunales donde los fines de semana del mes se celebran las tradicionales fiestas Juninas, equivalentes a las nuestras de San Juan y San Pedro.

Se perdieron de una de las manifestaciones culturales más bellas de Brasil, este año adornadas no sólo con motivos artesanales y religiosos, porque cada parroquia organiza una, sino con detalles alusivos al Mundial de Fútbol. Aunque es un festejo originalmente rural, heredado de los portugueses, la capital de Brasil lo mantiene en sus barriadas como el escenario ideal para revalidar la historia del país en torno a deliciosas comidas, música folclórica, exhibiciones y bailes típicos alrededor de fogatas. El sábado fui a las del Santuario del Santísimo Sacramento y a la de Nuestra Señora de Guadalupe. Sonaba de fondo la canción Festa do interior, que dice: “Ardia aquela fogueira que me esquentava. A vida inteira, eterna noite. Sempre a primeira festa do interior”. El arraiá se planeó durante el año previo como un carnaval.

Hubo actividades como la representación de un matrimonio, coreografía en la que la mayoría se viste de campesino y baila dando salticos tomándose de los brazos. La alegría es tan contagiosa como la de un estadio abarrotado para un partido del pentacampeón. Impresiona también la “miscegenación” o muestra de las razas que integran esta nación con ascendencias blanca, negra, oriental, indígena, mestiza. Las une la música, el futebol y los juegos de pueblo, incluido “el correo elegante”.

Muchachas y muchachos van entre las mesas cargando canasticos de mimbre en los que llevan de un lado a otro, entre comensales, mensajes anónimos escritos en papeles de colores. Por lo que me contaron, por los gestos cómplices y por las sonrisas, hubo desde recados de amor hasta deseos porque Brasil se corone campeón mundial por sexta vez. Brindaron con vino caliente (quentao) y cenaron. Los vítores y los fuegos de artificio no sólo fueron por los futbolistas sino por la bendición del alimento: “Olé, olá. A galinhada vamos saborear”. Deliciosa gallina con arroz. Platos servidos en cantidades para todos los gustos: sopas, pasteles, dulces, y no faltó el cachorro quente (perro caliente). Los brasileños se reencontraron con sus vecinos, se desearon parabienes y se sentaron a las mesas en familia, desde abuelos hasta nietos. Esta vez la celebración resultó doble por el Mundial.

No faltaron las camisetas verdeamarelas y los cánticos de los fanáticos. Los lugareños contaron que este ambiente es parte de la selección nacional. Al revisar la prensa local encuentro el titular “Festa Junina atrapalha coletiva de Felipão”, donde se cuenta que el técnico de la selección, Luiz Felipe Scolari, es el primer defensor de esta tradición y le encanta ir a la fiesta de Canindé, en São Paulo, a la que lleva a sus jugadores. Me aclararon: “No es para emborracharse sino para alegrarse de ser brasileño”. Salgo con la convicción de que esta energía fortalece el alma de un campeón. Me invitaron con la garantía de “¡venha se divertir!” y vaya que la pasé de lo lindo en la Junina mundialista.

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