Mundialistas

Terminó la espera. Después de 16 años, el himno nacional sonará en una Copa Mundo, la quinta de Colombia tras las de Chile 1962, Italia 1990, Estados Unidos 1994 y Francia 1998. Avanzar a octavos de final es el primer objetivo.

AFP

A las 10:55 a.m. de hoy, el himno nacional de Colombia sonará en todo el planeta. Después de 16 años la selección de mayores jugará un partido en un Mundial de Fútbol. Y usted, amigo lector y amante del deporte, difícilmente podrá evitar las lágrimas de la emoción. Porque esa pasión que despierta el equipo nacional es la que lo ha convertido en un símbolo del país, tan reconocido como el café y la bandera tricolor.

Y a partir de las 11:00 a.m., la nación entera se paralizará por culpa de los 23 guerreros que escogió el técnico José Pékerman para representarnos en el evento más mediático de la Tierra. Y aquí en Belo Horizonte, la selección actuará como local, porque por lo menos 30.000 colombianos han llegado al aeropuerto de Confins o a la terminal Santa María para apoyar al equipo en su estreno ante Grecia. Los alrededores del espectacular estadio Mineirao lucen como el Metropolitano en sus mejores épocas, vestidos de amarillo, azul y rojo, como seguramente estarán también todas las calles de nuestros pueblos y ciudades.

Esas cosquillitas que sienten los aficionados horas antes del primer partido son las que también experimentan los jugadores, que, por más experiencia internacional que tengan, están ansiosos por cumplir el sueño que tienen desde niños: jugar un Mundial. Tal vez la clave del éxito en el torneo dependa de la forma como el plantel maneje la presión, porque, tal y como lo reconoció el técnico ayer ante unos 100 periodistas de medios internacionales, “en lo futbolístico no hay misterios. Grecia, Costa de Marfil y Japón, nuestros rivales en la primera ronda, nos conocen muy bien. Nosotros también los conocemos”.

Y parece que en ese sentido Colombia ha hecho una buena tarea. A la madurez, amplia trayectoria y profesionalismo de los jugadores, les ha sumado la planificación y el conocimiento de un cuerpo técnico que no deja nada al azar. Incluso en los últimos días, en São Paulo, se ha intensificado el trabajo del psicólogo Marcelo Roffé, encargado de que los factores externos no afecten negativamente al grupo, como ocurrió en nuestras dos más recientes participaciones mundialistas.

Pero más allá del resultado deportivo, que dependerá exclusivamente de Pékerman y sus muchachos, Colombia debe gozarse el Mundial. Debe disfrutar el hecho de volver a ser protagonista de la fiesta más grande del planeta. Desde el ciudadano del común que hoy tendrá un motivo para reunirse con su familia a ver el partido hasta el aficionado que viajó a Brasil con su familia después de varios meses de planificación, pasando por el comerciante que aprovechó la fiebre amarilla para vender camisetas o banderas. Eso sin contar a las empresas y medios de comunicación que, gracias a la selección, han multiplicado sus ingresos y promociones. Una cosa fueron las ventas en 2002, 2006 y 2010, con el equipo nacional ausente, y otra muy diferente las de este 2014 con la tricolor entre los 32 mejores del Mundo.

En el aspecto deportivo, el objetivo es claro: avanzar al menos a la segunda ronda, una meta realista de acuerdo con el plantel y los rivales. Colombia tiene jugadores de talla internacional, triunfadores en las principales ligas del mundo, así que puede dar la pelea, lo que no quiere decir que vaya a tener el camino despejado. Estamos compitiendo al máximo nivel, en el que los pequeños detalles definen partidos.

El equipo está fuerte, unido y optimista, eso se percibe en cada aparición pública, como la de ayer en el reconocimiento de campo del Mineirao, en el que incluso estuvo Luis Amaranto Perea, descartado para el Mundial por una lesión. Ya se sabe que así como no anuncia previamente las formaciones, el entrenador tampoco es amigo de los grandes cambios, por lo que seguramente arrancará con el arquero David Ospina, cuatro defensas, dos volantes de marca, dos creativos abiertos y dos delanteros, uno de ellos más tirado al medio.

Tratará de superar la ansiedad del estreno sin perder el equilibrio que lo ha caracterizado en la era Pékerman, en la que ha disputado 22 partidos, 13 de ellos oficiales, con un saldo de 13 triunfos, seis empates y tres derrotas, con 39 goles a favor y 14 en contra. Ganar, o al menos no perder, será la primera misión ante Grecia, lo que no significa que se vayan a conformar con el empate.

Hoy Colombia volverá a ser mundialista y las nuevas generaciones tendrán la dicha de decir que escucharon en vivo el himno nacional en una Copa Mundo. Ojalá podamos hacerlo más de tres veces para que nuestras mejores hazañas en la Copa Mundo no sigan siendo los empates 4-4 ante la Unión Soviética en Chile 1962 y el 1-1 contra Alemania en Italia 1990.