Neymar fue dorado en Río 2016

El delantero del Barcelona fue el guía de su selección para conquistar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos, el único título que le faltaba al fútbol de su país.

Neymar convirtió el penalti decisivo ante Alemania  para conquistar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río. / AFP
Neymar convirtió el penalti decisivo ante Alemania para conquistar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río. / AFP

Neymar Jr., delantero del Barcelona, eligió el momento preciso y el escenario ideal para convertirse en el nuevo Rei del fútbol brasileño, el que acabó de un plumazo con años y años de maldición y el que consiguió que el país del fútbol completara su palmarés.

Brasil y su afición habían depositado sus esperanzas de gloria en los Juegos Olímpicos de Río. Sobre todo después de todos los últimos sinsabores, del escarnio sufrido en el Mundial 2014 con la dolorosa goleada ante Alemania (1-7) y de la prematura eliminación en la Copa América del Centenario.

Río 2016 era el escenario ideal para levantar la cabeza y elevar el balompié brasileño al Olimpo, alcanzar la gloria dorada que tantas veces se le había negado. Ahora, junto a Francia, ya puede presumir de tener todos los grandes títulos universales, desde categorías inferiores. Brasil por fin abrazó su sueño dorado. Y con un monstruo como Neymar tenía que ser posible.

Neymar necesitaba un partido como el del sábado en el mismísimo templo del fútbol brasileño como lo es el estadio Maracaná, y mucho mejor ante Alemania, para sanar el orgullo herido y frenar la caída libre de la auriverde desde la vergüenza en el Mineirao hace dos años.

Llamado a ser el heredero de Pelé en la verdeamarela, Neymar tomó la bandera del alicaído fútbol brasileño luego del fracaso en el Mundial de Sudáfrica 2010 y desde entonces el camino recorrido le ha mostrado más las caras de la derrota y la decepción.

Y de todas las medallas en juego, la del fútbol masculino era la más deseada para los 200 millones de brasileños, que la necesitaban como un bálsamo para calmar las heridas del humillante 7-1 que le propinó Alemania.

Con un récord de cinco títulos mundiales en su vitrina, Brasil nunca había podido conquistar una medalla de oro en Juegos Olímpicos. Hace cuatro años, en Londres, la seleçao, con Neymar todavía en el Santos pero en la carpeta de los grandes clubes de Europa, estuvo cerca de lograr la dorada, pero terminó perdiendo la final 2-1 con México. También se llevó las preseas de plata en Los Ángeles 1984 y Seúl 1988.

Dicen que no hay alegría sin dolor, y Brasil sufrió hasta el último minuto con los germanos en su templo sagrado para desatar el carnaval de Rií. La llave maestra de la felicidad total la tenía Neymar, golazo de tiro libre y el quinto penal en sus pies.

Cuando el astro está iluminado, no hay quien logre pararlo. Lo sufrió Dinamarca, luego Colombia y ni se diga Honduras. Neymar frotó la lámpara y salió un golazo de su botín derecho. Y celebración a lo Bolt, que lo aplaudía en la tribuna.

Neymar es el único jugador de su generación que puede considerarse heredero de la escuela de Pelé, Zico o Ronaldo, entre otros muchos. Está encendido y se consolidó con la selección de su país en un torneo más que especial, por ser locales y volver a la senda del triunfo.

Apenas anotó el gol definitorio, el delantero se deshizo en lágrimas, como descargando la enorme presión que soportó sobre su espalda luego de los sucesivos fracasos de la selección en solo dos años, con la cuenta de su Mundial 2014 y las copas América de Chile 2015 y Estados Unidos 2016.

En cambio, Alemania no pudo completar la hegemonía casi total en el fútbol mundial: su equipo femenino acababa de coronarse en Río 2016 al vencer a Suecia y el seleccionado mayor es el actual campeón del mundo.

“Me he consagrado campeón y entrego el brazalete de capitán, fue algo que recibí y lo honré con cariño. Fue un honor ser el capitán, pero a partir de hoy dejo de serlo”, dijo el brasileño, que dejará a uno de su compañeros el honor de ser el capitán de una de una de las selecciones más importantes del mundo.