“Neymar es un fenómeno pero no es el mejor”: Tostão

El exjugador brasileño, campeón del mundo en 1970, analiza la actual situación del fútbol de su país y la llegada de Tite.

El brasileño Tostão, en sus épocas de futbolista.  / Efe
El brasileño Tostão, en sus épocas de futbolista. / Efe

Eduardo Gonçalves de Andrade, más conocido como Tostão, más conocido aún como el delantero titular de aquel mítico Brasil que ganó el Mundial en 1970, sigue siendo uno de los mejores jugadores de la historia del país carioca. Su carrera en el campo fue corta pero victoriosa: 10 años en los que tuvo tiempo de ser comparado con Pelé cuando O Rei aún estaba en plenitud. Su vida no se quedó sólo en el fútbol, fue mucho más allá. Cuando un problema en el ojo izquierdo le impidió seguir jugando en 1973, con 26 años, estudió medicina y no volvió a estar vinculado con el deporte en el que había sido una estrella hasta los noventa, momento en el que empezó a trabajar como columnista y comentarista. Ahora publica su autobiografía, Tiempos vividos, soñados y perdidos, habla del técnico de la selección brasileña, Tite, y explica por qué el fútbol brasileño se ha estancado tanto en los últimos años.

¿Cómo valora el inicio del trabajo de Tite en la selección?

Es muy bueno. Diría que hasta sorprendente, por la rapidez de los resultados. El equipo ganó y jugó bien. Lo que pasa es que en Brasil las cosas funcionan así: si se empieza bien, todo es estupendo, Tite es un genio y todo lo que diga va a ser genial. Si Dunga dijese lo mismo, lo tildarían de ignorante. Creo que esa euforia y ese entusiasmo son peligrosos, porque aún hay muchas cosas que corregir y mejorar.

Pero ¿usted ve una evolución en la selección de los últimos años?

Sí. Lo que veíamos en el Corinthians de Tite, y que era una excepción en la Liga brasileña, ya ha empezado a atisbarse en la selección: combinaciones, triangulaciones, el equipo intenta robar el balón más arriba. Todas esas características son del fútbol mundial, no es nada novedoso. Es lo que hacen en Europa desde hace años y ahora está empezando a hacerse aquí. Tite sabe hacerlo bien. Y es una persona amable, sabe tratar a la gente, no como Dunga, que era arisco. Hay una ilusión positiva grande, pero aún es pronto para toda esa euforia.

Antes de que contrataran a Tite, usted dijo que quería ver al argentino Jorge Sampaoli al mando de la selección. ¿Por qué los entrenadores argentinos de la actualidad son tan superiores a los brasileños?

Existe una discusión en torno a la ausencia de técnicos brasileños en Europa y la amplia presencia de argentinos. No sólo en Europa sino en los equipos de Suramérica. Tanto es así que seis de las diez selecciones de las eliminatorias las dirige un argentino. El motivo principal es que los técnicos brasileños ganan demasiado aquí en Brasil y no quieren irse a equipos pequeños europeos para empezar una carrera. Se creen que saben lo suficiente como para entrenar al Barcelona, al Real Madrid o al Bayern. Esa prepotencia, unida a los sueldos altísimos que cobran aquí, acaba provocando esa situación. Otra razón es el idioma. Los entrenadores brasileños son perezosos y no quieren aprender español, inglés o francés. Y los argentinos tienen ese plus, por lo menos en España.

En líneas generales, ¿cree que los entrenadores brasileños están anticuados?

Los técnicos brasileños, tras haber permanecido muy anticuados durante un tiempo, están renovándose, principalmente después del Mundial. Se han espabilado. Hasta el Mundial, el 99 % se indignaba cuando alguien les decía que estaban desfasados con respecto a los europeos. Después del Mundial es diferente. Ahora presumen de hacer charlas con Guardiola, Mourinho y otros grandes europeos.

¿Tite ha ayudado al fútbol brasileño a actualizarse?

Sí, él es el gran precursor de este movimiento. Antes del Mundial, el Corinthians campeón del mundo en 2012 jugaba como un equipo modesto inglés. Era una innovación en el fútbol brasileño. Tenía una rigidez táctica muy fuerte. Después del Mundial, una gran cantidad de técnicos empezó a jugar con un estilo parecido al europeo. Al fútbol brasileño todavía le queda mucho del vicio de los últimos 20 años, cuando se les daba demasiada importancia al juego aéreo, al exceso de faltas, a los partidos trabados. Todavía persiste ese vicio, pero se está corrigiendo. Los equipos brasileños se están modernizando.

¿Y qué parte de responsabilidad tienen los jugadores en esa falta de evolución del fútbol brasileño? ¿Hay algún problema en la formación de los jugadores?

Sí. El fútbol brasileño no se actualizó y esa deficiencia colectiva ha afectado la formación de jugadores. Una cosa llevó a la otra. El mejor ejemplo de ello es que hace 20 años que no ha salido ni un solo gran centrocampista en Brasil. Y eso se debe a que se ha producido una división en el centro del campo, entre los mediocentros, que juegan más atrás, defendiendo, y los dos mediapuntas, que juegan por delante, cerca del área rival. Se ha perdido el juego de combinación en ese espacio. Los españoles y los alemanes hacen eso muy bien. Eso fue lo mejor que tenía Brasil en mi época, y ha desaparecido. Teníamos a Gérson, Rivelino y Clodoaldo. Después, a Falcão y Cerezo. Es lo que hacen Iniesta, Rakitic, Modric y Kroos, por ejemplo, y ya hicieron Xavi y Schweinsteiger. La característica que más incentivaron los europeos, los brasileños la menospreciaron.

¿Qué opina de Neymar? ¿Cree que llegará a ser el mejor jugador del mundo?

No sé. Pero no cabe duda de que es un fenómeno, un jugador espectacular. Hace muy bien todo lo que un delantero tiene que hacer. Chuta bien, regatea bien, es inteligente. Pasa bien, sabe tirar faltas y es veloz. Todavía no lo es, pero tiene bastantes posibilidades de convertirse en el segundo mejor jugador de la historia del fútbol brasileño, sólo por detrás de Pelé.

¿Mejor que Ronaldo o Romario?

Sí, porque es completo, hace de todo. Romario y Ronaldo hacían cosas más específicas. En cambio Neymar es como Messi, hace de todo durante un partido. No es el mejor jugador del mundo porque está en la misma época de Messi y Cristiano Ronaldo. Ha habido jugadores que fueron los mejores del mundo, como Rivaldo, Figo o Kaká, pero Neymar está por encima de ellos. Por supuesto, necesita mejorar. Aún sigue enfadándose mucho en el campo, fuerza muchas faltas y a veces provoca rifirrafes con los adversarios. Pero sus números son impresionantes.

En el libro dice que las grandes generaciones aparecieron de 12 en 12 años desde 1958. La siguiente, entonces, sería la de 2018. ¿Cree que se va a confirmar?

No es casualidad. Es el tiempo de inicio y fin de una generación: 1958, 1970, 1982... la de 1994 no es que fuera tan buena, pero fue vencedora y contaba con Romario y otros excelentes futbolistas. En 2006, Brasil tenía siete jugadores en la lista de los mejores del mundo. Estaban Ronaldo, Ronaldinho, Robinho, Adriano, Kaká, Cafú y Roberto Carlos. El grupo de 2006 podría haber ganado el Mundial con facilidad, dando exhibiciones, aunque por una serie de motivos no se dio el caso. Pero era una generación espectacular individualmente. Según esas cuentas, la próxima gran generación sería la de 2018. No espero que sea espectacular porque la única gran estrella es Neymar, pero contamos con otros grandes jugadores y algunos que están evolucionando.

¿El Mundial de 2014 puede perjudicar a esa generación o van a llegar a 2018 queriendo y necesitando borrar lo que pasó?

Exacto. El fracaso de 2014 será un factor más para el éxito en 2018. Lo mismo pasó en 1966 y Brasil tuvo después una selección espectacular en 1970. En 1978 tenía en equipo mediocre y en 1982 un equipazo. En la selección de 1994 había varios jugadores que fracasaron en 1990. El problema es que el trauma del 7 a 1 (cuando, en el Mundial de 2014, Alemania desclasificó a Brasil por una gran goleada) ha sido muy grande. Fue algo muy expresivo.

Fuera del campo, ¿qué se puede esperar de la CBF (Confederación Brasileña de Fútbol) los próximos años?

La prisión de José María Marín y el que hubiera quedado claro que había corrupción y ese tipo de relación perniciosa entre las federaciones y los clubes solidificó lo que ya era obvio: que la estructura es pésima para el fútbol brasileño. Lo ideal es que se produjera un cambio total en la estructura de dirección del fútbol brasileño, con personas independientes al mando, pero eso no es lo que ocurrió. Ese es un problema en el fútbol brasileño. Pero ahora están mucho más vigilados y saben que no pueden hacer lo que quieran porque todo el mundo se va a enterar.

¿Todo lo que pasa fuera de los terrenos de juego acaba influyendo en el rendimiento futbolístico?

Eso no afecta a la selección brasileña, que puede tener un gran equipo y tener éxito, independientemente de la gestión de la CBF, pero perjudica mucho al fútbol brasileño. Hacen falta grandes cambios para mejorar el fútbol brasileño. Pero como el 90 % de la selección está compuesta por futbolistas que juegan fuera, no afecta tanto.

Usted jugó en la selección durante la dictadura en Brasil. ¿Había alguna clase de interferencia de los militares en el equipo?

Eso es una prueba de que las cosas se separan. Un equipo puede tener éxito independientemente de quién lo esté dirigiendo. No había una interferencia directa, a pesar de que había militares en el cuerpo técnico, en la parte de preparación física, por ejemplo. Pero la CBD (Confederación Brasileña de Deportes) en aquel momento se volcaba totalmente en el fútbol, porque sabía que el éxito dentro del campo atenuaba las cosas fuera de él. Por entonces había un apoyo muy grande para que la selección funcionara bien. Y los militares que estaban allí no interferían porque no entendían nada de fútbol.