"No imaginaba tan pronto el éxito"

El técnico de la selección Sub-17 de Venezuela, ya clasificada al Mundial, disputará hoy el título del Suramericano frente a Argentina.

Rafael Dudamel, en el estadio Juan Gilberto Funes, de San Luis, junto a la mascota del Suramericano Sub 17 de Argentina.  Foto de Marina Balbo / El Diario de La República
Rafael Dudamel, en el estadio Juan Gilberto Funes, de San Luis, junto a la mascota del Suramericano Sub 17 de Argentina. Foto de Marina Balbo / El Diario de La República

San Luis ofrece el encanto de sus montañas y una paz ajena a la bulliciosa Buenos Aires. Es una de las provincias mediterráneas de la Argentina y sede del Campeonato Suramericano Sub-17, ese que pronto querrán enterrar en su memoria los chicos colombianos dirigidos por Harold Rivera Roa y el propio tolimense, quien fue despedido después del fracaso tricolor. El que nunca olvidará su paso por esta tierra puntana es Rafael Dudamel. Sí, aquel portero que dejó una huella en Colombia durante una década en la que se consagró campeón de la liga local con Deportivo Cali en 1998, alzó la Copa Merconorte con Millonarios en 2001 y tuvo el privilegio de ser el primer venezolano en jugar una final de la Copa Libertadores de América, en 1999, aquella que los verdiblancos perdieron frente a Palmeiras en la definición por penaltis.

Dudamel, quien también atajó en Santa Fe, Cortuluá y América de Cali, es el entrenador de la selección sub-17 de Venezuela, la que el miércoles se clasificó al Mundial de la categoría en Emiratos Árabes y hoy, a partir de las 5:10 de la tarde, en el estadio Juan Gilberto Funes, puede lograr el campeonato, nada menos que ante Argentina.

Por eso rescata, en charla con El Espectador que despierta en él los recuerdos de su paso por Colombia, que “es un orgullo haber conseguido este pasaje mundialista, más no puedo pedir”. Con apenas tres años como técnico, y tras haber dirigido tan sólo a Estudiantes de Mérida en su país natal, el arquero que evitaba los goles ajenos y celebraba los propios con su gran pegada, condujo a la vinotinto más lejos de lo que él mismo esperaba.

La entrevista deriva hacia Colombia y esos años dorados de un portero que empezó atajando en Independiente Santa Fe en 1995 y terminó en América en 2008. Aunque su corazón está arraigado al Superdepor, por eso dice que “por la trascendencia de las metas alcanzadas en el Cali, en Colombia viví el mejor momento de mi carrera. Guardo muy buenos recuerdos. Fueron tres años formidables, llenos de alegría, siempre volcados al éxito. Pude trabajar en una de las mejores instituciones de Suramérica. Me sentí respetado como profesional y ser humano, pude trabajar con total tranquilidad, sin ningún tipo de preocupaciones. Recorrer cada calle de la ciudad de Cali era sentir el cariño y el mejor trato de la mejor de las hinchadas”.

Ya no parece casualidad que a Venezuela le vaya bien en todas las competiciones suramericanas.
No termino de entender por qué a los medios de comunicación les sorprende el nivel del fútbol venezolano. Ningún logro es producto de una casualidad, sino de constancia, de planificación, de convicción. Esta es una selección que se viene preparando desde hace 11 meses. Quizá no sea el tiempo idóneo, pero lo hemos aprovechado de la mejor forma. Y potencia a nuestros futbolistas. Se progresó mucho en Venezuela y el fútbol se maneja de manera cada vez más profesional.

¿Creyó que en tan poco tiempo podía conseguir semejante logro con esta selección sub-17, que esta tarde pelea el título?
Han sido decisivos, fundamentales, los conocimientos que adquirí a lo largo de mi carrera como jugador profesional. Recordando aquella etapa, siento que pude haber tenido una trayectoria más importante, que pude haber soñado en grande. Pero lo que no alcancé como futbolista me permite ahora, que soy director técnico, entregar un mensaje contundente, ambicioso y soñador con el que debo preparar a mis dirigidos. No alcanza con entrenarse diariamente si no hay fe en los objetivos trazados. La verdad, no imaginaba tan pronto el éxito, pero lo agradezco, Dios puso este logro en el momento justo.

¿En el futuro se ve dirigiendo la selección mayor de su país?
Espero y deseo estar dentro de la selección por muchos años. Me esforzaré para entregar lo mejor de mis posibilidades. Tengo una gran admiración por el profesor César Farías, que es un amigo profesional. También por Marcos Matías, el entrenador de la sub-20. Soy ambicioso, pero leal. En mi diccionario hay dos palabras que escribo en mayúscula: lealtad y honestidad. Sueño con la mayor, claro, pero no le voy a fallar nunca a Farías.

Y pensar que su último paso por un club colombiano fue América, archirrival del Cali y ahora en la Primera B...
Son etapas de la vida del jugador. Pero uno siempre defendió la profesión con honestidad y transparencia. A tal punto que mis mejores partidos fueron enfrentando a Deportivo Cali. Y dejé claro que lo pasional no puede estar por encima de lo profesional.

¿Dejó muchos amigos en su paso por Colombia?
Sí, claro. Muy buenos amigos, dentro y fuera del fútbol. Por ejemplo, Mario Alberto Yepes, que es un ejemplo de jugador y profesional. Y un hermano, que no es jugador de fútbol, pero sí el hincha número uno del Cali, Hernán Ramírez. Tuve la oportunidad, además, de conocer al mejor dirigente de mi carrera como futbolista, Humberto Arias (q.e.p.d.) Y una hinchada que siempre me fortaleció e impulsó a seguir el camino del triunfo.

¿Y de qué técnico aprendió mucho más en el fútbol?
Tuve la suerte de ser dirigido por el profesor César Farías en Táchira. Pero hubo colombianos que me dejaron una huella. Hoy sé qué se debe y qué no se debe hacer en el manejo de un equipo gracias a ellos. Todos los entrenadores me dejaron un aprendizaje. Uno de ellos es mi gran amigo, Cheché Hernández. Con él tuve dos años y medio de trabajo. Un gran maestro fue el profesor Reinaldo Rueda. Lo que logró en el fútbol internacional es consecuencia de su integridad y caballerosidad. Realmente está por encima del resto.

¿Le sorprende, entonces, que la Federación Colombiana de Fútbol haya optado por un director técnico argentino para la selección de mayores?
No soy la persona indicada para hablar de ellos, ya que estoy fuera del medio. Lo que sí puedo decir es que tengo una gran admiración y respeto por un señor como José Pékerman. Dichosos los colombianos por tenerlo en su banquillo.

¿Cómo ve la evolución del fútbol colombiano?
Le costó desprenderse de la sombra de los grandes. La de Freddy Rincón, Carlos Valderrama, Faustino Asprilla... los colombianos tardaron en entender que aquella había sido una generación brillante y exitosa, pero ya era historia. Entonces no se podían alcanzar los logros con imitaciones o bajo el estilo de ellos. Hoy, con Mario Yepes, Radamel Falcao, James Rodríguez y Pablo Armero, por citar algunos referentes, recuperó el protagonismo internacional, está más contundente que nunca y tiene a un gran seleccionador en José Pékerman.

¿Quién cree usted que es en la actualidad el mejor arquero de Colombia?
Sin duda, David Ospina. Por jerarquía, por rendimiento, tiene un nivel muy superior al resto de los porteros.

¿Y Breiner Castillo? Hace algunos unos días él mismo recordó los tiempos en los que compartieron Deportivo Cali y ponderó sus enseñanzas.
Siempre genera mucha satisfacción pasar por un país y dejar amigos. Y Breiner es uno de ellos. Fue mi compañero de posición, compartimos muchas alegrías, nos levantamos juntos de muchas derrotas y tuve el privilegio de dar un concepto de él para que sea valorado por Táchira a la hora de cerrar su contrato. Es un notable portero.

Aunque dice que quiere estar muchos años con la selección vinotinto, ¿no lo seduciría dirigir en el futuro en Colombia?
Crecí como futbolista admirando a Carlos Valderrama, René Higuita, Iván Ramiro Córdoba, Leonel Álvarez... Soy un gran amigo de ellos, aunque hayan sido rivales directos. Hoy, en mi función de director técnico, me visualizo dirigiendo en Colombia y en Europa. Es mi mayor anhelo.

BUENOS AIRES, ARGENTINA

DAvellaneda@agea.com.ar

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