Pelea casada

Lo más interesante del estreno de Argentina en el Mundial de Brasil fue el candente duelo en las tribunas del estadio Maracaná entre sus hinchas y los de la selección local. El equipo albiceleste le ganó 2-1 a Bosnia. Messi encontró la magia en el segundo tiempo.

Lionel Messi festeja emocionado su primer gol en el Mundial de Brasil. Fue un tanto de antología, fiel a su estilo. / AFP

Ya que en la cancha el duelo entre Argentina y Bosnia duró apenas dos minutos, tiempo que se demoró la albiceleste en ponerse en ventaja ante un equipo debutante, los hinchas se inventaron uno en las tribunas que probablemente se definirá el próximo 13 de julio, cuando se dispute la final de la cita de 2014.

Anoche, en el estadio Maracaná, se disputó el primer capítulo de la contienda que todos quieren ver. Los 70.000 espectadores estaban divididos en partes casi iguales: una mitad vestida de azul y blanco, la otra de otros colores, pero en su mayoría brasileña.

La disputa comenzó con el pitazo del salvadoreño Joel Aguilar. Argentina tomó posesión del balón y comenzaron los chiflidos de la torcida local. Pero muy pronto llegó la anotación albiceleste, un autogol del defensa bosnio Sead Kolasinac, quién desvió un centro desde el costado izquierdo y desequilibró la pizarra.

Aparecieron entonces los hinchas argentinos con sus cánticos de batalla, especialmente el famoso: “Y ya lo ven, y ya lo ven, somos locales otra vez”. Ese grito enfureció a los brasileños, que comenzaron a alentar al equipo rival con el “olé, olé, olé, olé, Bosnia, Bosnia”. El ambiente se calentó en las graderías pero estaba frío en la cancha, porque el equipo de Alejandro Sabela no emocionaba y su rival tampoco reaccionaba.

La disputa siguió cuando se escuchó: “Brasileño, brasileño, qué amargado que te ves, Maradona es el más grande, es más grande que Pelé”. A lo que los verdeamarillos respondieron pronto: “Pentacampeão, pentacampeão, pentacampeão”.

Se fue la primera parte con los hinchas como figuras y un Lionel Messi decepcionante, impreciso, sin chispa. Bosnia se acercó un par de veces con peligro pero no fue contundente, mientras Argentina apenas se volvió a arrimar a predios de Asmir Begovic.

Los hinchas estaban tan cansados que en el entretiempo hicieron una tregua para recargar energías y definir la contienda en la segunda parte.

Pero Messi también se recargó y casi al principio del complemento anotó el segundo gol, muy a su estilo: picó por el costado derecho, hizo una pared corta con Sergio Agüero y enganchó una, dos, tres y cuatro veces antes de rematar con zurda y clavar el 2-0. Hizo la jugada de siempre, la que todos conocen pero nadie puede evitar. Fue la segunda anotación del 10 en un Mundial tras la que consiguió contra Serbia en Alemania 2006.

Y apenas con una genialidad, el mejor futbolista del mundo prácticamente cerró el partido, en el campo y en la tribuna, pues desde ese momento comenzó la fiesta de los hinchas llegados desde el sur del continente: “Volveremos, volveremos… volveremos otra vez… volveremos a ser campeones, como en el 86”.

Por algunos minutos rondó por las tribunas el fantasma del ‘Maracanazo’, como si los torcedores locales le hubieran dado crédito a esa amenaza, así esta selección albiceleste no intimide tanto como otras veces. Nada sería peor para Brasil que Argentina le ganara el Mundial en casa.

“Oe, oe… yo soy así, el que no salte… es de Brasil”, terminaron gritando los argentinos, rendidos a los pies de Messi, quien parece ser el único capaz de hacer algo diferente en la selección albiceleste.

Esa euforia mermó con el descuento que logró el delantero Vedad Ibisevic, quien quedará en la historia como el primer bosnio en anotar gol en una Copa Mundo. Creció, en cambio, la algarabía de los locales, que hicieron fuerza por un empate que finalmente no se dio.

La pelea quedó casada, porque a la salida del estadio los brasileños prometieron revancha, pero con equipo propio. Si antes temían enfrentar a su más tradicional rival, ahora lo desean para dejarle en claro, según ellos, quién manda en el fútbol mundial.