Río de Janeiro, aguarda con su belleza el Mundial 2014

La 'cidade maravilhosa' se enorgullece de albergar su mítico estadio Maracaná, que acogerá varios partidos del Mundial 2014, incluida la final.

EFE

Bañadas por la luz dorada del atardecer, decenas de pelotas parecen flotar simultáneamente sobre el mar en la playa de Ipanema. A falta de canchas y con arena de sobra, el fútbol se reinventa en Rio de Janeiro.

La 'cidade maravilhosa' se enorgullece de albergar varios clubes históricos de primera división como el Flamengo, el Fluminense, el Botafogo o el Vasco, así como de su mítico estadio Maracaná, que acogerá varios partidos del Mundial 2014, incluida la final.

Pero la jungla urbana gana espacio entre la exuberante selva tropical, salpicada de morros y, paradójicamente, Rio sufre de una falta de terrenos baldíos planos para disputarse el balón.

Al igual que la vegetación que se cuela por las grietas del asfalto, el fútbol se ha adaptado a la playa, a las canchas de balonmano, basquetbol y voleibol, así como a las calles de las favelas, sin dejar de ser fiel a la cultura brasileña.

Fútbol + voleibol = futvolei

Miles de personas juegan cada día al fútbol de playa en este país que vio nacer la disciplina, y que en enero aplastó a su gran rival Argentina 10-1, en el marco de la Copa America.

Vistiendo apenas una 'sunga', el pequeño bañador brasileño, y con el cuerpo encerado por el sudor, otros jugadores disputan partidos de "futvolei", utilizando cabeza y pies para disparar con increíble destreza la pelota sobre una red de voleibol. La pelota, que puede estar en contacto con cualquier parte del cuerpo menos brazos y manos, no debe tocar el piso.

El futvolei fue creado a mediados de los años '60, cuando el exastro del Botafogo Octavio de Moraes comenzó a jugarlo en la famosa playa de Copacabana.

"En esa época, la policía no dejaba jugar al fútbol en la arena, pero las personas evadían esta prohibición jugando en las canchas de voleibol de playa", contó Marcus Vieira, vencedor de la Copa internacional en Alemania el año pasado.

"Se les ocurrió tirarse el balón por encima de la red y así nació el futvolei", explicó antes de un entrenamiento en la célebre playa de Ipanema.

Esta disciplina, que ha ganado estatus olímpico, ha calado incluso entre varias estrellas mundiales del fútbol, como Romario o Ronaldinho, que lo practican seguido, o Diego Maradona, que lo jugó en una memorable sesión en Copacabana.

El futvolei también es televisado a una hora de gran audiencia, enseguida después de las populares telenovelas.

"El ataque del tiburón"

Aunque lo que ganan los jugadores profesionales es poco en relación a los salarios de Messi o Neymar, "los mejores jugadores de futvolei pueden vivir del deporte", aseguró Vieira. "Y no hay necesidad de mucho equipo, ni siquiera de una playa. Solo de arena".

Al borde del mar en Ipanema, el barrio chic pegado a Copacabana, un partido de futvolei ha reunido a varios jóvenes que juegan tras el trabajo y también a una mujer, Anna Borela, de 22 años, alumna selecta de Marcus Vieira.

"Vivo cerca de la playa y me pasaba mirando como jugaban. Adoro controlar la pelota. Juego todo el tiempo; pienso que he nacido para esto", dijo la joven.

¿Su jugada preferida? "El ataque del tiburón", entre arte marcial a la Zlatan Ibrahimovic y movimiento de capoeira: hay que saltar hasta la pelota cuando está a la altura de la cabeza y lanzarla por encima de la red con el pie.

Lejos de la playa se disputa un partido de fútbol cinco en el que participan empleados de empresas, bajo el ojo atento del auspiciante Paris Saint Germain. Son partidos de 50 minutos en mini campeonatos.

"La idea es crear buenos equipos de trabajo fuera de la empresa", dijo el responsable franco-brasileño, Sidney Bovy.

El concepto es parecido al del fútbol de salón, que tiene su acogida en la televisión y por el cual han transitado varias estrellas de la selección brasileña de fútbol, como Neymar. Es en el fútbol de salón que el número 10 de la 'seleçao' afinó su técnica en pequeños espacios y su rápida ejecución.

En la playa, sobre todo al atardecer y hasta la llegada de la noche, cientos de brasileños también se divierten solos haciendo piruetas sin que el balón caiga al suelo ('baixinhas'), o en pequeños grupos, en círculos ('altinho').

Y cuando amanece, los trasnochadores regresan a casa, los madrugadores llegan a la playa con sus pelotas y todo comienza de nuevo.