Rozamos la perfección: Joachim Löw

El técnico de Alemania evaluó la campaña de su selección seis meses después de conquistar el título en el Mundial de Brasil 2014.

Justo seis meses después de conducir a la selección alemana a la consecución de su cuarta Copa Mundial, Joachim Löw está en la cima del mundo. En la tarde del pasado lunes fue proclamado Entrenador Mundial de la FIFA 2014 durante la Gala del FIFA Ballon d'Or 2014. Desde luego, no se puede aspirar a más.

El seleccionador alemán (nacido hace 54 años en Loerrach, en la Selva Negra, cerca de la frontera con Francia y Suiza) es conocido mundialmente como un hombre de porte elegante y discreto, que piensa mucho cada palabra que dice. Todos saben también a la perfección cómo hace jugar a su equipo. Y pese a ello, a Löw le rodea cierta aura de misterio.

FIFA.com habló con él en exclusiva intentando arrojar algo de luz sobre algunos de los aspectos de la vida actual del seleccionador que le permiten reunir las fuerzas necesarias para trabajar en pos del mayor de los éxitos.

Señor Löw, enhorabuena por ese premio que le acredita como Entrenador Mundial de la FIFA 2014. ¿Qué significa para usted el galardón?

Desde luego, es un premio muy bonito y un enorme honor, algo que me llena de orgullo. Creo que este año pasado, con la victoria en la Copa Mundial, se lo ha merecido el equipo entero: los jugadores, los técnicos, el equipo que hay detrás del equipo y la Asociación Alemana de Fútbol. Les estoy muy agradecido a todos los que han trabajado conmigo: muchas, muchísimas gracias por contribuir a que alcanzásemos este enorme objetivo.

Usted ya había señalado anteriormente que el título mundialista fue un logro colectivo. ¿Hay alguien más a quien quiera dar las gracias en particular?

Le estoy agradecido a mi familia, por supuesto, y a todos quienes me han apoyado incluso en los momentos difíciles. Y a mis mejores amigos, que estuvieron a mi lado cuando venían mal dadas y aparecía el desencanto. Puedo contar con ellos durante toda mi vida, y no sólo en los buenos momentos. A todos ellos, ¡gracias!

¿Es este galardón el cierre ideal para un año perfecto?

Si consigues proclamarte campeón del mundo, evidentemente, es una situación perfecta. No se puede aspirar a más. Ese fue durante muchos años nuestro objetivo. Es el resultado de un esfuerzo muy prolongado, y también de muchas decisiones correctas por parte de la Asociación Alemana de Fútbol. Y es también el resultado de la buena formación que se ofrece en Alemania, así como de las estructuras existentes. En ese sentido estamos contentísimos.

¿Es posible mejorar todavía más?

El mayor reto es ahora revalidar el triunfo. Un título, por sí solo, está muy bien, pero reeditarlo... Eso son palabras mayores. En el fútbol importa siempre el futuro. Todos evolucionamos. El fútbol evoluciona. España lo consiguió, y ése ha de ser un poco para nosotros el ejemplo a seguir.

¿Qué hace de la Gala del FIFA Ballon d'Or algo especial?

Creo que el marco que crea la FIFA para el evento está muy bien. Hay emoción, todo el mundo tiene ganas de conocer los resultados. Allí se reúnen los nombres más destacados del fútbol. Es un acontecimiento especial, la guinda a un año muy interesante en el fútbol.

¿En qué ha cambiado su vida tras el triunfo mundialista en Maracaná?

No ha cambiado gran cosa. Por supuesto, la atención que despierto ahora dondequiera que voy es mayor, pero mi entorno (mi familia, mis amigos) sigue siendo el mismo. El título es algo que no se olvida nunca, y la alegría y las emociones que se viven en ese momento te acompañan toda la vida. Fue maravilloso. Pero por otra parte hay que ser capaz de volver a mirar hacia delante. Hay que prever lo que puede deparar el futuro e intentar mantenerse al nivel demostrado. Ante nosotros se abren desafíos importantísimos: no podemos vivir regodeándonos constantemente en el título.

Se dice de usted que es muy minucioso, casi un perfeccionista. ¿Estuvo la selección alemana cerca de jugar el partido perfecto en Brasil?

[Reflexiona] Creo que eso no lo alcanzará nunca nadie. Los entrenadores siempre encuentran detalles y aspectos que no han ido como debían. En nuestro caso ha podido verse que en un mismo torneo rendimos de manera distinta de un partido a otro. A veces se dan choques como el de semifinales ante Brasil en el que todo sale a pedir de boca y el desarrollo del encuentro es clarísimo. Y luego están los partidos como el de Argelia, que hay que pelearlos, llegar a la prórroga y echarle entrega y esfuerzo para ganarlos. Hay cosas que simplemente no siempre salen como a uno le gustaría. Pero para eso están los adversarios, que también juegan. Por eso creo que hay que valorar los torneos en su conjunto. Y si al final resulta que has ganado, es que has hecho muchas cosas bien.

En su ruta hacia la Eurocopa de la UEFA 2016 será preciso definir nuevos objetivos. Además, habrá que hacer frente a cierto relevo generacional, sin perder por ello calidad de juego. ¿Cuál de estas consideraciones será más difícil de llevar a la práctica?

El conjunto de todas ellas. Por un lado, evidentemente, habrá cambios en los integrantes del equipo, ya que se han retirado algunos jugadores que contribuían de manera notable a que fuésemos una unidad estable. Hay otros futbolistas que tras el enorme esfuerzo de la Copa Mundial están lesionados o no han recuperado del todo la forma. Hemos tenido que integrar nuevos miembros en el equipo, y ese no es un proceso que se desarrolle siempre sin contratiempos y de un día para otro. Por otra parte, el fútbol evoluciona sin cesar. Hay que estar siempre atentos y saber en qué dirección queremos progresar. ¿Cómo deberá jugar el equipo dentro de dos años? Por eso será necesario que también nosotros, que estábamos rozando la perfección, sepamos evolucionar tanto en lo concerniente al juego como a la táctica y el tipo de jugadores que empleamos.

En términos más concretos: ¿cómo cree usted que debe evolucionar el juego en los próximos dieciocho meses con respecto a lo que vimos durante la Copa Mundial?

Esa es una cuestión muy compleja, desde luego. Creo que el ritmo de juego ganará aun más velocidad. Ya estábamos en el límite. El aspecto físico seguirá progresando, y la técnica tendrá que ponerse a la altura. En el futuro necesitaremos jugadores de gran habilidad técnica capaces de controlar el juego bajo presión en espacios reducidos. ¿Y qué jugadores saben ver espacios abiertos? ¿Dónde colarse en esos espacios? ¿Cómo abrir el juego hacia ellos? Eso será importante, porque cada vez habrá menos huecos. Los equipos están cada vez más cohesionados y cada vez será más difícil superar sus líneas.

¿Está Alemania en condiciones de ganar también en Francia 2016 y marcar una nueva era?

Ese es siempre un objetivo importantísimo. Siempre que ganas un título, en un primer momento te sientes muy feliz, pero esa felicidad se pasa, porque el tiempo no se detiene. Cuando un equipo define una era y gana tres torneos seguidos, como hicieron los españoles antes que nosotros, demuestra grandes dosis de calidad, inteligencia y ambición. Nuestra siguiente tarea ahora es preguntarnos ¿cómo seremos capaces de revalidar un título así?

¿Qué hace Joachim Loew cuando llega a casa y cierra la puerta de la calle? ¿Cómo desconecta?

De formas muy diversas. Evidentemente, mi trabajo me agota. Estar siempre en el ojo público, tener que estar siempre a disposición del equipo requiere mucha energía, así que es natural que necesite fases de recuperación. ¿Que qué me gusta hacer? A veces disfruto simplemente quedándome en casa a solas con mi mujer o mi familia. O invitando a amigos. También me gusta hacer deporte, salir de excursión al monte, montar en bicicleta de montaña, ir a correr o jugar a fútbol. Cosas normales, las mismas que cualquiera. Créame que de vez en cuando procuro permitirme una pausa para alejarme de todo, apagar el teléfono y disfrutar de la tranquilidad.

En la película Die Mannschaft pudimos ver, entre otras cosas, que salía usted a correr cada día de buena mañana por las playas de Brasil, solo, y que aquello se convirtió para usted en un preciado ritual durante el torneo. ¿En qué pensaba usted en esos momentos? ¿En el fútbol o en cuestiones privadas?

[Sonríe] ¡Bueno, de todo! Efectivamente, madrugaba mucho, como tengo por costumbre. Allí a las seis ya era de día y hacía calor. Eran fases en las que había tranquilidad. Casi no había gente por la calle. Todo el mundo dormía, o casi todo el mundo. Era el tiempo que tenía para mí, un rato en el que moverme un poco. Por la cabeza me pasaban muchas cosas: ¿qué había pasado el día anterior? ¿Cómo vencer al próximo adversario? Pero también cosas muy distintas. A veces intentaba desconectar del fútbol y me limitaba a escuchar música [con auriculares]. Cambiaba mucho de un día a otro. En cualquier caso, era mi hora de tranquilidad por las mañanas, la hora de hacer lo que yo quería, que es para mí muy importante.