Santa Fe murió con las botas puestas

¿Por qué regaló un tiempo? Al margen de las desinteligencias defensivas que culminaron en el primer gol del partido, nunca mostró actitud para presionar a los volantes rivales. River fue más veloz y más preciso.

El capitán Omar Pérez jugó los primeros 45 minutos. / AFP

Los brazos en jarra de Gustavo Costas, a un costado del campo de juego. La mirada perdida de Omar Pérez, ya sentado en el banco después de cuarenta y cinco minutos despojados de su magia. La desazón se refleja en todo Santa Fe. Por ese partido que empezó a perder muy pronto, cuando los hinchas todavía no se habían acomodado en las butacas. Aquel que parecía liquidado con el cabezazo de Lucas Alario, justo en el amanecer del segundo tiempo. El mismo que le devolvió la esperanza a media hora del desenlace, con ese grito que pegó Horacio Salaberry. No pudo aprovechar la onda expansiva de Japón, ese triunfo ante Kashima Antlers que derivó en el primer título de un equipo colombiano en otro continente. No pudo ante River, el coloso argentino, que alzó su decimosexto trofeo, el quinto en apenas dos años, de la mano de Marcelo Gallardo, el Muñeco de las grandes gestas en el Monumental. Muy a pesar del árbitro peruano, Víctor Carrillo, que no cobró dos penales a favor del conjunto cardenal.

¿Por qué regaló un tiempo Santa Fe? Al margen de las desinteligencias defensivas que culminaron en el gol de Sebastián Driussi, nunca mostró actitud para presionar a los volantes rivales. River era más veloz, más preciso, armaba sociedades con Andrés D’Alessandro y Nacho Fernández y rompía por los costados con Gonzalo Martínez y los laterales. Jorge Moreira más que paraguayo se pareció a aquellos viejos marcadores de punta brasileños, siempre imponiéndose en el mano a mano a Dayron Mosquera. Y demasiado temprano se encontró en desventaja el 'León'. ‘Pity’ Martínez desbordó a Carlos Arboleda y el centro del zurdo, rasante, superó el cruce de Salaberry. A su espalda, en la puerta del área chica, Driussi le hizo explotar el arco a Robinson Zapata. Apenas iban tres minutos.

Y le quedó corto el resultado al primer tiempo. Porque River, aun sin tanta profundidad, controló el juego. Y Zapata tuvo que revolcarse para evitar que un zurdazo de ‘Pity’ Martínez se transformara en el segundo gol millonario. Santa Fe no hallaba la pelota. Le costaba sostenerla en un mediocampo con futbolistas aptos para la marca, pero con poco manejo. Para colmo, Omar Pérez mostró una versión desangelada. Con una lentitud exasperante, el capitán no generó un ataque. Y Humberto Osorio quedaba tan lejos como Buenos Aires de Bogotá. El único que inquietó fue Yeison Gordillo, quien sacó un derechazo de media distancia que tapó Augusto Batalla.

Distinta fue la postura del rojo capitalino en la segunda etapa. Costas no se dejó llevar por la idolatría de Omar Pérez y lo sacó. Entró Kevin Salazar. Y el joven enganche le cambió la cara a Santa Fe. Con otro ritmo, los colombianos ya no se mostraron inofensivos. Sin embargo, volvieron a fallar en defensa. La máxima de los dos cabezazos en el área se cumplió cuando D’Alessandro metió un centro exacto, Jonatan Maidana se la bajó a Alario y el goleador ganó en el cielo del área para marcar el segundo.

Bajó la intensidad River, siempre bien sostenido por Leonardo Ponzio. Había hecho un desgaste muy grande en el primer tiempo. Y dejó crecer a Santa Fe. Costas volvió a sacudir el banco. Prescindió de un volante (Leonardo Pico) y mandó a la cancha a Juan Manuel Falcón. Fue más agresivo el conjunto cardenal. Y descontó con un cabezazo de Salaberry, que enmendó su error en el primer gol de River. Pero nunca tuvo claridad Santa Fe. Y se sometió a una lamentable noche de Carrillo. Ya había lo deslizado Costas en la previa, sembrando desconfianza por el arbitraje. Carrillo ya lo había perjudicado con Atlético Mineiro. Y anoche se comió dos manos, una de Arturo Mina minutos antes del gol de Alario. Otra, de Moreira en el epílogo.

Un penal podría haber cambiado la historia. Pero River fue superior. Incluso, estuvo cerca del tercero, cuando 'Pity' la pinchó por encima de Zapata y el travesaño salvó a Rufai. Dio la vuelta olímpica el gigante argentino de la banda roja. Poco podrá reprocharse de este exitoso campeón colombiano. Aunque la Recopa haya quedado en la Argentina, murió con las botas puestas. Ahora, deberá pensar en Millonarios, a la espera de cortar la racha negra en los clásicos y no pagar los platos rotos por la búsqueda de la gloria fronteras afuera.