Sergio Ramos, salvador eterno

El capitán del Real Madrid ha sabido cambiar la historia de los partidos claves en últimos minutos. Fue clave en el empate 1-1 en el Camp Nou.

Sergio Ramos celebró a rabiar el gol del empate 1-1 ante el Barcelona en el Camp Nou. / EFE
Sergio Ramos celebró a rabiar el gol del empate 1-1 ante el Barcelona en el Camp Nou. / EFE

“Alguien dijo: cuanto más duro trabajo, más suerte tengo”. Esa frase aplica perfectamente en Sergio Ramos, quien nuevamente fue protagonista y salvador para el Real Madrid. No hay cita importante en la que su equipo esté a punto de caer a la lona, en la que él no sea importante. En el Camp Nou, el clásico del fútbol español asistió a un nuevo capítulo de fe del capitán blanco.

Es un lema que se ha transmitido de generación en generación en el Real Madrid y que Ramos repite continuamente cuando vienen mal dadas. Le han enseñado a luchar hasta el final, no bajar nunca los brazos y en su actual puesto de capitán es el ejemplo perfecto sumándole la casta y el coraje que siempre le han caracterizado.

El testarazo de Sergio Ramos que compartió orgulloso en las redes sociales con sus seguidores, fue un paso más del Real Madrid hacia su gran objetivo del año, la conquista de la Liga. En el minuto 90, el pulso por el título pasó de estrecharse a tres puntos a mantenerse en seis.

Los de Zinedine Zidane habían superado las dos salidas más complicadas del curso —Vicente Calderón y Camp Nou—, y además seguidas, sin cortar su racha invicta, camino de la historia con 33 encuentros consecutivos sin caer derrotados.

Ramos lo había vuelto a hacer. El héroe de la Décima con su testarazo salvador de Lisboa, para castigar la alegría del Atlético de Madrid en la final de la Liga de Campeones, llegó en el ya famoso minuto 93. El mismo en el que impulsó al Real Madrid a una Supercopa de Europa que arrebató de las manos al otro equipo de su corazón, el Sevilla, en Cardiff.

El defensa con alma de goleador tenía otra aparición estelar reservada para uno de los partidos que marcan la temporada. El Real Madrid no había materializado en goles su superioridad de la primera parte y había sufrido en la segunda tras un error de marcaje en una acción a balón parado. Era en el minuto 89 con 49 segundos cuando la sociedad de la Décima reapareció. Luka Modric puso un centro medido a la cabeza de su mejor socio. Ramos se elevó y cabeceó con el alma a la red. Era el broche a un buen partido en el Camp Nou en el que se mostró firme sin cometer ninguna falta.

El capitán del Real Madrid, escoltado por un imperial Raphael Varane, sostuvo al equipo en momentos de apuro. Colaboró para que Luis Suárez solo apareciera en su gol, sacando provecho de un mal reparto de las marcas, y para que Leo Messi no se acercase a su nivel y tuviese una presencia testimonial.

La figura de Ramos es un pilar fundamental para Zidane, con quien compartió vestuario y tiene una complicidad especial. Es el jefe del vestuario, la figura que consolida un grupo unido en el que ya no hay bandos por nacionalidades como en el pasado. Su importancia la traslada al terreno de juego, sobreponiéndose siempre a las críticas, a los exámenes con lupa que recibe desde hace tiempo.

Superado el esguince de rodilla que sufrió con la selección española, poco a poco Ramos va recuperando su nivel para ser pieza importante en una temporada con grandes retos para el Real Madrid. Tras colaborar con un tanto de trascendencia en el firme camino a la Liga Santander, regresa a un Mundial de Clubes tras luego de elegido como mejor jugador del último disputado en Marrakech y siempre tiene en el punto de mira la Liga de Campeones, tras marcar en las dos últimas finales. Él lo resume en el fruto del trabajo diario. El premio a un gran sacrificio.

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