Que siga la fiesta

Colombia derrotó 2-1 a Costa de Marfil y se clasificó a octavos de final del Mundial de Brasil 2014. Los goles de James Rodríguez y
Juan Fernando Quintero pusieron a celebrar a todo el país. El martes, ante Japón, la selección espera asegurar el primer lugar del Grupo C.

/EFE

Exactamente 24 años después de aquel inolvidable gol de Freddy Rincón a Alemania, en el Mundial de Italia 1990, la selección colombiana de fútbol volvió a poner de cabeza al país. Ayer, en un partido emocionante, le ganó 2-1 a Costa de Marfil y se clasificó a los octavos de final en la cita de Brasil 2014, pues Japón y Grecia igualaron 0-0 en el juego de fondo. Con aire en la camiseta por las dos victorias consecutivas en el torneo y 47 millones de personas tirando para el mismo lado, como casi nunca lo hemos hecho, la tricolor enfrentará el próximo martes a los nipones en Cuiabá, con el objetivo de asegurar el primer lugar del Grupo C, que lidera con seis unidades, tres más que Costa de Marfil. Grecia y Japón suman una cada uno.

El estadio Mané Garrincha de Brasilia se vistió de amarillo, porque al menos 45.000 de los 68.748 espectadores eran colombianos. Y, tal y como se esperaba, Costa de Marfil fue un rival mucho más complicado que Grecia, al que Colombia derrotó 3-0 en el estreno.

Tradicionalmente los seleccionados africanos juegan con desparpajo e irreverencia, pero los elefantes fueron un equipo ordenado, serio y solidario, especialmente en la primera parte. Al igual que Colombia, que volvió a demostrar ser muy confiable en defensa y contundente adelante. El equipo de José Pékerman aprovechó sus momentos de brillantez y soportó los embates del rival cuando el partido parecía írsele de las manos.

En la primera parte ambos conjuntos fueron cautelosos, se respetaron demasiado. Se alternaron el dominio y no generaron opciones reales de gol, aunque peleaban a muerte cada pelota. La única oportunidad colombiana se presentó en un contragolpe en el que Juan Guillermo Cuadrado hizo un cambio de frente para James Rodríguez y el 10 metió un centro preciso a Teófilo Gutiérrez, quien adelantado, pero habilitado por el juez de línea, falló en la definición.

El complemento pintaba igual, pero el técnico José Pékerman le apostó a la victoria e hizo variantes. Sacó a Víctor Ibarbo, más en funciones defensivas, y mandó a la cancha al talentoso Juan Fernando Quintero, quien le dio alegría y dinámica a la tricolor, que casi se va en ventaja tras un remate de Cuadrado que tocó el arquero y luego se estrelló contra el vertical. Mario Yepes, el capitán que cumplió 100 partidos con la selección y merece un 10 de calificación, salvó una acción de peligro marfileña tras un error de Pablo Armero en un despeje. Y casi de inmediato llegó el primer gol de Colombia.

James Rodríguez le ganó el cabezazo a Didier Zokora y a Didier Drogba, quien había ingresado minutos antes, y mandó la pelota al fondo de la red ante la euforia de la afición cafetera. Reaccionaron los elefantes y se acercaron con peligro en un par de ocasiones. Y justo cuando Colombia se había metido atrás llegó el segundo tanto. James le robó un balón a Die Serey, el rebote lo tomó Teófilo Gutiérrez y se lo dio a Quinterito, quien definió con clase ante la salida del arquero.

Todavía no se habían sentado los hinchas criollos cuando Gervinho anotó el descuento, luego de eludir a Camilo Zúñiga, Abel Aguilar y Carlos Sánchez. El gol sirvió para que el equipo de Pékerman entendiera que el juego no estaba cerrado y que debía seguir concentrado hasta el final. El técnico trató de cerrarlo con el ingreso de Santiago Arias y Alexánder Mejía, mientras Costa de Marfil se dedicó a pelotear en los minutos finales, que fueron muy sufridos. Brillaron Yepes y Cristian Zapata, así como Carlos Sánchez, el auxilio de todos. También el arquero David Ospina, seguro por arriba.

Hasta que el árbitro inglés Howard Webb decretó el final y todo Colombia se unió en un solo abrazo. Los seis puntos en dos presentaciones dejan al equipo clasificado para octavos de final, que era su primer objetivo, pero además ilusionan al país, porque la selección juega bien y se nota sólida en la cancha, con los dos centrales como figuras, además de Sánchez, James y Teo, quien pasa por un momento excepcional.

Después del juego los jugadores y el técnico Pékerman coincidieron en que “fue un partido muy difícil y el triunfo muy merecido, pero todavía queda mucho camino por delante”. Tal vez esa es la gran virtud de este plantel, ambicioso y con mentalidad ganadora. Cada uno de sus integrantes tiene hambre de gloria y entiende que haciendo un buen Mundial la puede lograr, por lo que se entrega completico dentro y fuera de la cancha.

Por eso valen la pena todos los sacrificios. Apenas terminó el juego, los jugadores se cambiaron, saludaron brevemente a sus familias, que los esperaron en la tribuna preferencial. James, dichoso, alzó durante algunos minutos a su hija Salomé, mientras Faryd Mondragón llevó a sus hijos Lucca y Paolo hasta el campo de juego, en donde se tomó una foto con ellos. David Ospina y Abel Aguilar compartieron con sus padres, mientras la familia Zapata gozó con el comentario del partido que les hizo Cristian, el central vallecaucano.

Con nostalgia se despidieron y regresaron de ayer mismo a la concentración en Cotía, cerca de São Paulo, en donde desde mañana comenzarán a preparar el partido ante Japón, seguramente con un equipo mixto para darles descanso a varios titulares que están golpeados y motivar a quienes han sido suplentes. Mientras tanto, en todos los rincones de Colombia sigue la fiesta mundialista porque la selección, que ya cumplió su primera meta, que era avanzar a la segunda ronda, nos da motivos para soñar.