Su majestad Cristiano Ronaldo

Desde 2008 el portugués y Lionel Messi se han repartido los más importantes galardones que se han entregado. Esta vez volvió a ganar el portugués. El francés Antoine Griezmann quedó tercero.

Con 31 años de edad, Cristiano Ronaldo conquistó su cuarto Balón de Oro y este lunes el premio The Best. / AFP
Con 31 años de edad, Cristiano Ronaldo conquistó su cuarto Balón de Oro y este lunes el premio The Best. / AFP

Ambición, confianza y un portentoso físico han llevado una vez más al portugués Cristiano Ronaldo al escalón más alto del planeta fútbol.

Cuando más parecía evidente la superioridad de Lionel Messi en el fútbol mundial, tras un 2015 en el que el argentino se llevó casi todos los títulos, Cristiano Ronaldo apretó los dientes y sacó a relucir su extrema ambición para conquistar ayer un cuarto Balón de Oro, que lo deja a uno del récord del 10 del Barcelona.

Detestado por unos y adorado por otros, generalmente coincidiendo si se trata de seguidores del Barça o del Real Madrid, el astro portugués ha sumado en 2016 a sus tradicionales estratosféricos registros goleadores (51 anotaciones en 55 partidos) dos triunfos que no se producen con frecuencia y menos en un mismo año: la conquista de la Liga de Campeones y de la Eurocopa de Naciones.

Los últimos en hacerlo fueron los españoles Fernando Torres y Juan Mata, cuando en 2008 levantaron ambos títulos con el Chelsea y “La Roja”, aunque con un rol protagónico mucho menos destacado que el portugués.

¿Pero cómo un futbolista al que algunos situaban ya en el inicio del ocaso de su carrera ha podido resurgir hasta el punto de levantar los dos trofeos colectivos más prestigiosos de Europa y el galardón individual más importante del mundo?

Quizá la respuesta quede resumida en dos palabras: ambición y confianza en sí mismo.

“Si todos estuviesen a mi nivel, seríamos posiblemente primeros”, dijo en febrero luego de perder en el Bernabéu un partido de liga ante el Atlético de Madrid.

Menos de tres meses después, y ante el mismo rival, al portugués no le tembló el pulso en el quinto y definitivo penalti del conjunto blanco, que daría al Real Madrid su undécima Champions.

Por responsabilidad, liderazgo, o por un bien entendido afán de aglutinar los focos sobre su esculpida figura, Ronaldo no es de los que rehúyen la responsabilidad en los momentos en los que más se le necesita.

el último año le ha deparado alegrías y sinsabores lejos de los terrenos de juego. Ni el fin de su relación con la modelo rusa Irina Sheik en 2015 pareció sacarlo de sus obligaciones sobre el césped, como tampoco lo hicieron sus frecuentes viajes, de incluso un día, a Marruecos para reunirse con amigos y disfrutar de su soltería.

Con su corazón de nuevo asentado, sale desde hace unas semanas con una joven española a la que ya ha llevado al palco VIP que tiene en el Bernabéu. Ronaldo mantiene el rendimiento sobre el césped y ni siquiera la reciente aparición de su nombre en el escándalo de filtración de secretos económicos en el mundo del fútbol, que revelaba que evadía impuestos en paraísos fiscales, le ha hecho variar su fútbol y sus registros.

Pero si su espíritu altruista y sus gestos hacia jóvenes enfermos o discapacitados le dieron un prestigio moral superior al de su rival deportivo, Leo Messi, condenado por la justicia española por evasión fiscal, los últimos datos destapados por el consorcio de medios europeos ciernen la sombra de la duda sobre su figura.

Pero su fortuna económica está asegurada con una reciente ampliación contractual que le vinculará con el Real Madrid hasta 2021, cuando llegue a 36 años, y con la propiedad de diversos negocios como el recientemente inaugurado hotel en su Funchal natal.

Sus fieles son conscientes de que, sea o no este su último galardón individual, levante o no más títulos con el Real Madrid, la ambición y la confianza en sí mismo de Ronaldo permanecerán hasta que cuelgue definitivamente las botas.