Uruguay, sin goleador

Por su falta, la Fifa sancionó a Luis Suárez por nueve partidos y lo alejó cuatro meses de toda actividad relacionada con el fútbol. Además, el delantero tendrá que pagar una multa de US$112.000 y no podrá pisar ninguna cancha en el Mundial de Brasil, ni como aficionado. Los charrúas apelaron la decisión en medio de protestas.

Luis Suárez, delantero uruguayo, no podrá jugar contra Colombia este sábado. / AFP

Era inevitable: Luis Suárez no iba a poder eludir la sanción de la Fifa. Ya muchos lo habían anunciado: el organismo tendría que darle un castigo ejemplar. Más aún cuando los antecedentes eran tan dicientes: un mordisco cuando estaba en el Ajax, en 2010, y otro más en 2013, cuando ya era una estrella en Liverpool. En esas ocasiones se ganó suspensiones de siete y diez partidos, respectivamente. Por eso en el Mundial no se podía esperar otra cosa, aunque para algunos la decisión resulte desmedida: nueve compromisos sin poder jugar y una multa de US$112.000. Claro, además de una prohibición que lo aleja de cualquier clase de actividad relacionada con el fútbol durante cuatro meses. No puede entrenar. Ni siquiera pisar las canchas de Brasil ni el campo en el que se concentra su selección.

La Fifa fue tajante. Ayer, en horas de la mañana, dieron a conocer su veredicto: “Es culpable de haber cometido una ofensa a la deportividad contra otro jugador. El primer partido al que se aplicará la sanción será el próximo encuentro de la Copa Mundial entre Colombia y Uruguay, que se disputará el 28 de junio. El resto de la sanción se aplicará a los siguientes si esta selección sigue avanzando en el torneo”.

Las reacciones, claro, no se hicieron esperar. La Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), que no había aceptado los cargos, apeló ayer mismo por considerar la decisión “totalmente exagerada”. Y desde el interior del país suramericano, que arde de indignación, empezaron a llover las críticas: “Lo de Suárez es fruto de que Inglaterra e Italia no perdonaron lo que les pasó en la cancha y Brasil tiembla con la celeste”, dijo uno de sus más reconocidos políticos. “Nos duele la desmedida sanción. Ahora hay que ver cómo ayudamos al ser humano y cómo este grupo saca lo mejor de su clase”, tuiteó después la ministra de Deportes. “A todos nos gustaría un mundo más justo, pero simplemente ese mundo no existe. Los que mandan, mandan, y los fuertes son los fuertes... No nos juzgan con la misma ley”, publicó en redes Diego Lugano, capitán del equipo charrúa.

Y como si no bastara con el duro castigo para el jugador en términos deportivos, las repercusiones económicas ya se empiezan a ver. Adidas, por ejemplo, decidió suspender cualquier actividad de marketing con el voraz goleador durante la fiesta mundialista. “No aceptamos su comportamiento —aseguraron voceros de la marca alemana, patrocinadora personal de Suárez—. Adidas apoya plenamente a la Fifa. Los planes futuros serán revisados una vez que termine el torneo”.

Sin embargo, este castigo, como lo explicó la Fifa, no afectará ninguna intención de traspaso que se quiera hacer entre clubes. Y mientras los rumores de su venta al Barcelona siguen en pie, el Liverpool apenas se ha pronunciado: “El Liverpool Football Club esperará hasta que haya visto y haya tenido tiempo de revisar el informe de la Comisión Disciplinaria de la Fifa antes de hacer cualquier comentario”.

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Pero más allá de toda la polémica que se ha generado alrededor de Suárez, de su desdén, de su conflictiva actitud, de las burlas infinitas —desmedidas también— que rondan en la red y en los más grandes medios de comunicación, de las entrevistas y anuncios ridículos que, con médicos a bordo, intentan incluir al jugador en una patología, lo cierto es que aquí el verdadero perdedor es el fútbol. Son sus hinchas, la gran afición que se sienta cuatro años a esperar para ver un gran espectáculo, aunque no sea sólo eso.

Y Suárez, pese a todo, pese a su desdén, pese a su proceder, pese a que ahora quede marcado como uno de los tantos malvados en la historia del Mundial (ver parte superior), era una ficha esencial para que, por lo menos, este sábado fuéramos testigos de un buen encuentro. Con más riesgos y con más miedos.