Viví la alegría más grande

Fue el mejor año de mi carrera y mi primer Mundial como entrenador. Con Costa Rica derrotamos a Uruguay, a Italia, empatamos con Inglaterra y conseguimos el paso a cuartos de final contra Grecia. Quedamos afuera contra Holanda, por penaltis, pero al final, en el juego, ningún equipo pudo superarnos.

/ Luis Ángel - El Espectador

Muchos pensaron que íbamos a ser el hazmerreír, que al enfrentar a Uruguay, Italia e Inglaterra quizá fuéramos a sacar algún empate. El grupo me gustó y lo dije siempre: queríamos enfrentar a los monstruos y tenía mucha confianza en mi trabajo. Pensaron que íbamos a ser la cenicienta y entonces lancé una frase que en su momento pareció agresiva: “Yo no sé quién vaya a ganar, pero que me fueran a ganar a mí iba a ser difícil”. Me encantó el grupo e íbamos a dar la pelea.
Hicimos seis meses de investigación a jugadores, técnicos y equipos. Por ejemplo, de Italia, en los seis partidos de eliminatoria que vi, saqué todas las acciones de bola muerta y se las controlé todas a excepción de una que casi termina en gol. Yo sabía qué hacía Pirlo en los 90 minutos, dónde se posicionaba y qué cuidados debíamos tener. Sabíamos que Candreva era el jugador que más desequilibraba y que más centros tiraba. De los 20 o 30 goles de Balotelli, sabíamos cómo los hacía: jugando en cruce de pelota en el área. Controlamos todos los gestos de juego. Con Uruguay desciframos el camino por el que hacía el 80% de los goles y los controlamos: Cavani era trascendental en todas las acciones y el manejo del juego recaía en Arévalo y Gargano. Del que tenía más dudas era de Inglaterra. Un equipo difícil en todo momento, pero por la falta de alta competencia de algunos de sus jugadores la veía como un adversario al que era obligatorio ganarle.
Conocía los equipos, los había analizado a fondo, conocía a mis jugadores y sabía qué tenían de bueno y de malo. Fue un proceso muy positivo, exigente, complicado. La eliminatoria nos había dado la base del equipo y tuvimos que estructurar detalles y jugar con lo fortuito: se lesionaron dos hombres muy importantes, uno en defensa y otro en ataque. Buscamos la mejor manera de suplirlos. Hicimos un proceso de preparación excelente, la pretemporada la comenzamos el 8 de diciembre de 2013, después del sorteo. La iniciamos en todos los aspectos: valoraciones, ciencia, fisiología, manejo táctico y estadísticas. Y luego vino trabajo, mucho trabajo y luego vinieron quizá las alegrías más grandes que he tenido en mi vida. Era una motivación que nadie creyera en nosotros y pensaba para mí: ‘Les voy a demostrar a los que no creen que podemos’. Se lo dije a los muchachos siempre: vamos a lograrlo y a medida que transcurrió el Mundial fuimos ganando confianza todos, nos fuimos agrandando equilibradamente. Jorge Valdano dice que el fútbol es la cosa más importante de las menos importantes. Y no, para mí el fútbol es la cosa más importante de las cosas importantes. Es mi vida, mi pasión, mi distracción y mi profesión. Lo dominante de mi existencia.

Yo había ido a varios Mundiales antes de Brasil y muy detalladamente los había analizado e investigado. Siempre me quedaba la idea, una frustración que me acompañaba a los partidos, de no poder estar nunca en el banco. Algún día, pensaba, llegaría el momento de pararme detrás de la línea para levantar los brazos. Esa ilusión nunca me empañó la mirada para ser testigo de vivencias y ejemplos a los que al final les saqué provecho. Vi la estructura táctica de Italia en cuatro o cinco Mundiales y me di cuenta de que era ganadora y productiva, y la puse en práctica. Vi a Alemania en facetas buenas y malas, a Argentina, a España... y creo que en este Mundial destacaría a Holanda, a Costa Rica y a Colombia. Colombia tuvo una buena expresión de fútbol, más individualizada que colectiva, pero destacada. Mostró talante futbolístico, propuso sin temer y eso fue clave. Alemania fue el mejor esta vez, me encanta ese equipo. Fueron los mejor posicionados tácticamente, los que más buscaron los partidos.

En Brasil estuve emocionado, di gracias a Dios, me sentí realizado. Siempre pensé antes del Mundial y durante el Mundial, que era el momento más importante en mi vida. Era mi sueño de niño y le iba a sacar el provecho, a disfrutarlo al máximo. Indudablemente que me puse nervioso, sobre todo con el gol de Uruguay: que en el primer partido y a los 20 minutos le hagan un gol a un equipo de jugadores debutantes en la competencia es una situación compleja, pero dimos vuelta y sumamos una victoria.

Hoy miro atrás y si tuviera que escoger mi mejor partido, diría que fue en el que enfrentamos a Italia. Esa fue la perfección del fútbol para mi equipo. No nos hicieron daño. Los controlamos, jugamos adelantados, presionamos, atacamos y ganamos. Es el juego de mi vida por la planificación y por el resultado. Nunca me ha molestado que me digan que soy un técnico que se cuida excesivamente en defensa. Eso les han dicho a los grandes. A Mourinho, a Rinus Michels. Del ‘doctor’ Gabriel Ochoa decían lo mismo y fue el que más ganó en Colombia. Esa es una apreciación que no tiene en cuenta los hechos del juego. Y, hay que decirlo, los medios de comunicación ven más lo malo que lo bueno.

Y fuimos avanzando y fuimos ganando, quisimos seguir dando pasos. Las voces que me llegaban desde Colombia eran muy estimulantes. Amigos del fútbol, mis hermanos, mis sobrinos, amigos... clubes como Alianza Lima, Unión Magdalena, me mandaban mensajes... amigos, todos emocionados, sorprendidos, entrenadores, exjugadores... amigos. Todos me llenaron de palabras hermosas, inevitablemente emocionantes. Yo les agradecía y les agradezco, después de tantas luchas, tantos partidos encima, fueron el premio a mi dedicación. Fue mi mejor año, todo el mundo me habla de estímulos y reconocimientos, pero el premio que más aprecio y me siento orgulloso de haber recibido, es que mi método de trabajo, mi contenido futbolístico, mi expresión en el campo de juego, es efectiva y productiva. Fue la prueba fehaciente, en un Mundial, la máxima expresión del fútbol, de que el trabajo riguroso genera buenos resultados. En Brasil celebré todos los goles.

El recibimiento en Costa Rica después de llegar hasta cuartos de final fue una locura. Inolvidable. Recibimos detalles de todo tipo: desde el presidente de la República hasta el más humilde de los ticos. Todo el pueblo emocionado, feliz. De esos momentos que nunca se olvidan. No había decidido mi futuro aún, pero tener en frente a 350.000 personas gritando “Pinto no se va”, “Pinto no se va” fue gratificante, una sensación que guardo conmigo y recuerdo constantemente, casi tanto como los dos penaltis que fallamos contra Holanda y nos dejaron por fuera. De esos dos penaltis me acuerdo todos los días. 

* Adaptación hecha por Diego Alarcón Rozo.