El Masters de Augusta, más que una chaqueta verde

Este jueves comenzará la edición 83 del torneo más emblemático del golf mundial en Georgia, Estados Unidos.

El estadounidense Tiger Woods ha ganado cinco veces la chaqueta verde en Augusta.AFP

Cuando Bobby Jones recorrió junto a su socio Clifford Roberts el terreno en el que hoy está construido el campo más exclusivo de Estados Unidos, sólo ellos dos tenían claro en lo que se convertiría. El lugar era una finca donde producían duraznos y nadie más que un genio como Jones podía visualizar que allí se podía hacer un trazado de golf.    

Él sabía que para cumplir su sueño necesitaba a su lado a un socio estratégico que manejara las finanzas para llevar a cabo el proyecto, y no dudó un segundo en comentarle su idea a Roberts, reconocido banquero de la época que trabajaba en Wall Street.     

Estamos hablando de 1930, año en el que sus creadores contrataron al famoso diseñador inglés Alistair Mackenzie para que plasmara las ideas que Jones tenía en su cabeza y convirtiera a Augusta en un lugar único y mágico en el que sus jardines se mezclan con los ‘fairways’, lagos y ‘greens’ como si se tratara de un cuadro sobre óleo.   

Mackenzie, creador de campos tan tradicionales como el Royal Melbourne Golf Club, Cypress Point en California y el Jockey Club de Buenos Aires, moriría meses previos a la primera edición del Masters, siendo esta joya arquitectónica su última obra como diseñador.        

Bobby Jones es considerado el mejor golfista amateur de la historia y nunca quiso ser jugador profesional, pues argumentaba que el golf tenía que ser visto como un pasatiempo y no como un empleo. Sin embargo, y a pesar de su talento innato, se retiró como jugador antes de cumplir 30 años, pero nunca dejó el golf de lado y tras ejercer su profesión como abogado y escritor, fue fundamental en el crecimiento de este deporte en el mundo y especialmente del torneo que fundó; el Masters de Augusta.

Gracias a su legado y a su pasión, hoy las principales organizaciones como Augusta National, la USGA y la R&A preservan el golf aficionado, pues entienden que es de los pocos deportes que forma a las personas y el escenario perfecto para construir relaciones a través del tiempo.   

La tradición del primer ‘Major’ del año viene desde los detalles impuestos por Jones y Roberts. Reunir a los mejores golfistas del mundo y hacerles entender que no todos pueden jugar allí, causa una sensación similar a la de un deportista que representa a su país en unos Juegos Olímpicos, un mundial de fútbol o una de las tres carreras de ciclismo más importantes.

El respeto por el deporte, los jugadores, el campo, los ex campeones, voluntarios, socios, amateurs y la propia historia hace del Masters un torneo único que desde que Horton Smith ganara en 1934 su primera edición paraliza a todos los golfistas del mundo.

Todo está listo para que el jueves muy temprano Jack Nicklaus y Gary Player peguen el primer golpe que da inicio al torneo. Recordarán a Arnold Palmer, a Gene Sarazen, a Ben Hogan, a Byron Nelson, a Bobby Jones, a Clifford Roberts, al ex presidente Eisenhower y a todos los protagonistas que a través de la historia nos han hecho entender que el Masters es más que una chaqueta verde.

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Juan Manuel Morales Calderón / ESPECIAL PARA EL ESPECTADOR

Golf

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