Homenaje este miércoles en el Atanasio Girardot a Chapecoense, un campeón de corazón

Tras perder la vida 19 de sus 22 jugadores, su técnico y varios directivos, Nacional pide que se le otorgue el título de la Copa Sudamericana.

De izq. a der.: Cléber Santana, Willian Thiego, Kempes, Neto (superviviente), Ananias, Gil, Tiaguinho, Josimar, Mateus Caramelo, Dener y el portero Danilo. / EFE
De izq. a der.: Cléber Santana, Willian Thiego, Kempes, Neto (superviviente), Ananias, Gil, Tiaguinho, Josimar, Mateus Caramelo, Dener y el portero Danilo. / EFE

El humilde Chapecoense brasileño se disponía a disfrutar de su primera final en un torneo internacional, un hito que sorprendió a todo un continente por el ascenso meteórico que experimentó el club en los últimos años.

Hace menos de una semana, efectivamente fascinó: un equipo modesto, desconocido para muchos, se clasificaba para la final de la Copa Sudamericana en su segunda participación internacional. El sueño de 43 años de historia, descensos y precariedad, se hacía realidad. El lunes en la noche quedó roto en Colombia: 19 de los 22 jugadores de su plantilla fallecieron cuando se accidentó entre los municipios de La Ceja y La Unión un avión de la aerolínea Lamia Corporation SRL, de Bolivia, de matrícula CP2933, que provenía de Santa Cruz de la Sierra y transportaba al equipo, que iba a disputar hoy la final de la Copa Sudamericana contra Nacional. También murieron su técnico, Caio Junior, y varios de sus directivos.

Sobrevivieron Alan Ruschel, Jackson Follmann y Hélio Neto. El portero suplente, Follmann, pasó por una cirugía y se le amputó una pierna, mientras que Neto tiene un traumatismo craneal.

Ayer en la tarde llegó a Medellín el presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, quien anunció la suspensión de todas las actividades competitivas hasta nueva orden. Se espera que en las próxima horas anuncie qué pasará con el título de la Sudamericana.

Nacional, en un comunicado, pidió que se le entregara la copa al equipo brasileño. “Luego de estar muy preocupados por la parte humana, pensamos en el aspecto competitivo y queremos publicar este comunicado en donde Atlético Nacional invita a Conmebol a que el título de la Copa Sudamericana le sea entregado a Chapecoense como laurel honorífico a su gran pérdida y en homenaje póstumo a las víctimas”.

Nacional y la Alcaldía de Medellín invitaron a que hoy, a las 6:45 p.m. –hora del partido–, los aficionados vayan al estadio vestidos de blanco y con un vela blanca como símbolo de solidaridad.

El sueño que no fue...

Con sede en la ciudad de Chapecó, en el estado de Santa Catarina, sur de Brasil, El huracán del oeste, como apodan al equipo, llegó a la máxima categoría del fútbol brasileño en 2014 y dos años después se clasificaba para la final de la Copa Sudamericana, que iba a disputar contra Nacional.

En 2007 saboreó lo que era ganar un título como el campeonato del estado y un año antes se quedó con la Copa Santa Catarina, triunfos que certificaron su viabilidad como club tras los problemas económicos que estuvieron a punto de hacerle desaparecer.

Después de unas malas administraciones, en los primeros años del nuevo siglo, los gestores del club decidieron cambiar el nombre del equipo a Associação Chapecoense Kindermann/Mastervet, limpiar las deudas y renacer con un proyecto deportivo a largo plazo que dio sus frutos en poco tiempo.

Tal es la modestia de este equipo, que la directiva del Chapecoense tuvo que ponerse a buscar un estadio la semana pasada para jugar el encuentro de local de la final Sudamericana, ya que su casa, el Arena Condá, no cumplía con las exigencias de la Conmebol al no tener capacidad para 40.000 aficionados.

Y es que el Chape es un equipo relativamente joven, pues fue fundado el 10 de mayo de 1973 y la mayor parte de su historia la ha pasado en categorías inferiores disputando torneos estatales.

Con su ascenso al Campeonato Brasileño se convirtió en el equipo referencia e icónico de un estado sin grandes clubes a nivel regional pero con una gran rivalidad que mantiene con Joinville, Figueirense, Avaí y Criciúma.

En su primer año en la primera división del fútbol brasileño se clasificó para jugar la Copa Sudamericana y llegó hasta los cuartos de final, donde fue eliminado por el todopoderoso River Plate argentino. El Chapecoense no cesó en su empeño de querer hacer algo grande en un torneo internacional y repitió esta temporada, pero con un resultado a todas luces histórico al llegar a la final.

Superados los argentinos del Independiente en octavos de final tras una tensa tanda de penaltis, pasó con soltura los cuartos ante Júnior de Barranquilla y sobrevivió ante el San Lorenzo, que ya había conseguido el título de la Sudamericana en 2002.

Los pupilos del entrenador Caio Júnior se distinguían por un carácter aguerrido, el mismo de su grada, y sus armas más fuertes eran la velocidad de Ananías en ataque, el acierto goleador de Bruno Rangel y, sobre todo, la experiencia del volante Cléber Santana, de 35 años, conocido por su paso por el Atlético de Madrid y el Mallorca.

La defensa era otro de sus pilares, ya que su portero, héroe en el último partido de semifinales contra el San Lorenzo al sacar un pie milagroso en el último minuto, solo había sufrido cuatro goles en los últimos siete partidos y solo uno de local. Es por eso que se ganó el apodo de El Huracán del Oeste, por el sentimiento de lucha de sus aficionados y también por su ubicación geográfica al estar Chapecó, una ciudad de 200.000 habitantes que llora la desaparición de un equipo que tocó la gloria con las manos.

 

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