Por: Hernán Peláez Restrepo

Ilusiones

Juan David Torres es el nombre del joven barranquillero que ingresó a la categoría sub 20 del Corinthians de Brasil. Realizó sus primeros acercamientos al fútbol competitivo en Banfield de Argentina, donde había suscrito contrato hasta 2021. Los verdiblancos del taladro (así llaman a Banfield) habían estipulado una cláusula para traspaso de US$15 millones.

La “joya” colombiana se une a un equipo grande y espera consolidarse, después de dos microciclos con la selección sub 17 de Colombia. Hasta ahí solo admiración y reproche a los equipos nuestros, que no vieron su calidad. En esa categoría sub 20 otro colombiano, Iván Angulo, ya está con Palmeiras y ni hablar de los jugadores que transitan por Europa. Hablo de los jóvenes.

¿Por qué se van los jugadores nuestros que insinúan calidad? Hay dos razones contundentes, el interés familiar y la presión, también buscando lucro de los llamados empresarios. ¿Por qué prefieren muchos jugadores probar suerte en la segunda división del fútbol mexicano? La respuesta es la misma y el billete es el principal animador de la aventura, porque no todos aquellos emigrantes consiguen el objetivo. Nadie se pierde con probar y si es del caso retornar. Eso mismo ocurre con jugadores de recorrido, y en eso se puede citar el caso de Andrés Cadavid, quien vislumbrando el futuro intentó en Colón de Santa Fe estirar su carrera. No fue así y ahora en el Medellín puede encontrar una opción decorosa para el cierre de su carrera.

Existe alguna relación de estos casos con los lamentos de los equipos profesionales de Colombia. Todos reclaman más ingresos, si no publicitarios, sí derivados de la televisión, que anuncia un canal Premiun. Sin embargo, los dirigentes nuestros, o no están preparados para visualizar el futuro o son “aves de paso” con bolsillos rotos.

Conseguir futbolistas de nombre y con peso específico es muy difícil por el mercado mismo. Conociendo las cifras astronómicas que se manejan, no en Europa sino en Suramérica, resulta más que difícil traer grandes figuras. Si acaso dos equipos, o a lo sumo tres, pueden embarcarse en esos riesgos. No por llamarse Matías Fernández, que significó gran inversión, se benefició el Júnior.

Aquello de armar equipos buenos y baratos no es regla eficiente en el fútbol actual. Por más plata que llegue, si los dirigentes no se avispan, continuarán despilfarrando el dinero. Mirar a las divisiones menores es lo indicado, pero allí la clave del éxito está en quienes ven y descubren el talento.

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2019-07-27T20:00:00-05:00

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