Impacto del COVID-19 en el fútbol colombiano

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Son ya múltiples los trabajos que se han hecho para Europa sobre el impacto del COVID-19 en el fútbol. Alguno lo comenté hace algunas semanas en este espacio. Poco se ha hecho para el caso de Colombia.

Con 42 partidos disputados tras la reanudación del fútbol profesional colombiano, los equipos locales en la prepandemia ganaron el 38,5 %, y perdieron el 21,8 %. En la pospandemia, la diferencia se reforzó: los locales han ganado el 45,2 %, y perdido el 21,4 %.

La gráfica compara el antes y después de cuatro variables desagregando por localía. Destaca que después del forzado parón, el equipo local, como antes, marcaba más goles que la visita. Ahora, sin embargo, la diferencia, en sentido estadístico, es más fuerte.

El porcentaje de pases acertados, aproximación lejana del estilo de juego, favorece siempre al equipo local. La tasa de acierto apenas si cambia, pues los equipos locales en prepandemia acertaban alrededor del 77 % de los pases, y los visitantes el 74 %.

Si algo merece analizarse, debe ser el comportamiento de los árbitros, pues al jugar sin público se entiende que tendrán menos presión externa. Buena parte de la muy reciente literatura encuentra diferenciales en faltas pitadas o número de tarjetas que suelen asociarse con la nula presión del público en estadios vacíos. En Colombia la diferencia en tarjetas amarillas entre equipos locales y visitantes no varía entre la pre y pospandemia. De hecho, llama la atención que el número de tarjetas amarillas es prácticamente igual sin importar si se es local o visitante. Aunque hay una diferencia, curiosa eso sí, en contra de los equipos locales en tarjetas rojas, tampoco se encuentran diferencias en el número de faltas pitadas por el árbitro.

Si bien, a medida que haya más información, el tema amerita un trabajo estadístico más formal, el ejercicio descriptivo tiene menos acción de la esperada. Salvo en tarjetas rojas, no hay evidencia de que se perjudique menos (o más) al equipo visitante.

En los estudios para Europa suelen encontrarse algún tipo de beneficios arbitrales hacia los visitantes, generalmente explicados en que, gracias a los estadios vacíos, no están sintiendo la presión. Hay dos formas de explicar los números: o nuestros árbitros tienen una personalidad fuera de lo común, o el público en Colombia no pesa. Me adhiero a la segunda. En tiempos normales la asistencia promedio a los estadios es escasa, porque la mitad de los equipos carecen de afición, y pocos de los que la tienen, buscan crecer deportivamente.

En contraste con otros países, quizás el coronavirus nos abra los ojos y obligue a replantearnos el sendero que está siguiendo el fútbol en Colombia. Un espectáculo en el que el público no pesa tiene fecha de caducidad. Las barras bravas no son la solución. El debate debe ser cómo diseñar un camino para que el fútbol colombiano crezca en un entorno de competencia global. Fácil no es.

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