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“Familia Izquierdo Mena, por medio de la presente les comunicamos que a partir del próximo mes iniciaremos nuestras actividades extracurriculares en las que su hijo tendrá la oportunidad de practicar el deporte de su elección entre fútbol, natación, tenis, voleibol y baloncesto. Contamos con su apoyo”, decía, palabras más, palabras menos, una carta que llegó del colegio Calasanz de Pereira a los papás de José Heriberto, quien estaba en preescolar y tenía tan sólo cinco años. Sin preguntar, su mamá le compró pelotas y raqueta y lo inscribió en clases de tenis. Allí duró sólo una semana porque el profesor se cansó de que todo el tiempo estuviera haciendo veintiunas con las pequeñas bolas verdes o respondiendo con el pie y no con la raqueta, y por eso habló con Wilson Sepúlveda, el profesor de fútbol, para recomendarle que se llevara a José Heriberto a entrenar con él.
A pesar de dominar bien el balón, al llegar al entrenamiento de fútbol, lo que más le llamó la atención fue ser arquero. Por eso le pidió a su mamá que le comprara unos guantes y al otro día le solicitó al entrenador que lo ubicara debajo de los tres palos. Volaba de lado a lado y se divertía mucho más que en una cancha de tenis. Sin embargo, la pasión se apagó cuando un día salió al parque a jugar con su hermano y en un disparo intentó atajar el balón, pero se tronchó los dedos de la mano derecha. Ese fue la última ocasión en que se puso guantes y al regresar a los entrenamientos de su colegio le dijo a Wilson que quería pasar a ser jugador de campo.
Fue 10, pero su principal virtud era el gol, así que poco a poco pasó a ocupar posiciones de ataque. Cuando fue creciendo se convirtió en un fijo de la selección de su colegio. Desde preinfantil hasta mayores fue el referente, el que sus compañeros admiraban y el que daba confianza al tenerlo de aliado. Fue William Londoño, un padre de familia del colegio, el que se encargó de motivarlo para que siguiera el camino del fútbol. Le regalaba guayos, uniformes y le exigía. Incluso, una tarde consiguió que Izquierdo fuera a un entrenamiento de la selección colombiana juvenil, en la que el DT era Eduardo Lara. “Encara, encara, abre el campo, corre”, le decía Lara en medio de la prueba al joven pereirano, quien recuerda que fue el entonces técnico de la selección nacional el que le recomendó que buscara un equipo profesional.
Con la ayuda de Londoño, José Heriberto ingresó al Deportivo Pereira en 2010, club en el que logró destacarse, pero en el que también sufrió y estuvo a punto de dedicarse a su otra pasión: la administración de empresas. Primero fue la muerte de su hermano Diego Julián en un accidente automovilístico y después la falta de oportunidades. Fue el entonces técnico del equipo risaraldense, Jesús Kiko Barrios, quien le dijo que era un extraordinario jugador y que el Once Caldas lo quería. Eso fue un segundo aire para él. Decidió entonces jugar cada partido en memoria de su hermano y con la motivación de llegar lejos, más allá de donde Diego Julián lo había visto triunfar.
Tras destacarse en el cuadro manizaleño con 22 años, llegó al fútbol europeo, más exactamente al Brujas de Bélgica, en donde le costó adaptarse, pero se convirtió en titular indiscutido y frecuente goleador. “Fue un poco complicado llegar a un país con una cultura e idioma diferentes sin conocer a nadie. Eso me costó mucho, pero en la parte futbolística fue diferente porque rápidamente entendí lo que quería el técnico de mí”, le asegura a El Espectador el jugador que actualmente está sufriendo de pubalgia, una lesión que causa fuertes dolores en la ingle, y por eso no ha podido comenzar esta temporada jugando con el cuadro belga. Sin embargo, tiene toda la ilusión de recuperarse pronto y seguir su sueño europeo.
Siempre ha sido una persona familiar. ¿Cómo es estar lejos de padre y madre?
Mi padre y mi madre son mis grandes referentes y poder comunicarme con ellos es una bendición. Levantar una familia de cuatro hermanos en una época complicada de Colombia es algo de admirar. Mi papá viene de padres analfabetas y sacó a la familia adelante. Fue relojero, carnicero, administrador de supermercados. Le tocaba despertarse temprano para ir a llevar desayunos al centro. Cuando uno oye lo que hicieron para sacarnos adelante se llena de orgullo. Son mi felicidad, mi ejemplo, y ellos son mi orgullo, por los que quiero llegar muy lejos.
¿Todavía piensa en su hermano Diego Julián?
Siempre pienso en él. Creo mucho en Dios y por eso estoy seguro de que estoy en donde estoy porque Él me permite cumplir el sueño de mi hermano. Él quiso ser futbolista, y al no lograrlo siempre estuvo apoyándome para poder llegar lejos. Me trataba como si yo fuera un hijo. Creo que desde el cielo me está viendo, así que trato de dar lo mejor de mí para hacerlo sonreír en la distancia.
¿Cómo va su adaptación a Bélgica?
Lo que se me dificultó en el momento de la adaptación es que la parte física y la resistencia son muy importantes acá, así que me tocó trabajar en eso, porque no eran mi fuerte. Me he puesto en la tarea de trabajar todos los días para aportarle al equipo lo que ellos quieren. Espero recuperarme pronto de esta pubalgia y poder mantener el nivel en esta temporada.
¿El idioma ha sido lo más difícil?
Lo bueno es que acá el 99% del equipo habla inglés, así que así me puedo comunicar con todos. Ya en caso de que no entienda del todo, el club tiene un traductor. La verdad es que las charlas técnicas las entiendo casi perfectamente. No soy muy fluido para expresar lo que quiero decir o lo que estoy pensando, pero estoy en esa tarea.
¿Se hablan los colombianos de la Liga?
Yo me la paso con Felipe Gedoz, un brasileño compañero de equipo. Desde el principio entablé buena relación con él y casi todos los días nos vemos y salimos. Con el único colombiano que hablo mucho es con Darwin Andrade. Es complicado vernos porque ni él ni yo tenemos licencia de conducir, pero por Whatsapp estamos pendientes el uno del otro siempre.
Entonces, ¿cómo hace para movilizarse?
Imagínese que me tocó contratar un chofer para ir a entrenamientos. Sacar licencia es un proceso largo y además sólo hay citas en español cada dos meses. En el examen tengo que sacar 41; lo hice y saqué 38. Después de pasarlo tengo que hacer 20 horas de práctica, es decir, dos a la semana, pero con mi trabajo es complicado. Voy a ver si la saco por España, que parece ser más fácil.
¿Se habla mucho de Carlos Bacca?
Sí, claro. Carlos va a ser siempre un referente dentro de esta institución. Al ser colombiano siempre me relacionan con él. Eso para mí es un orgullo, porque quiere decir que voy por buen camino. Obvio que quiero escribir mi propia historia, pero eso me alegra.
¿Y ha podido hablar con él?
Sí. Antes de venir hablé con él y me comentó todo sobre el club y sobre la ciudad. En enero compartí con él en el camerino. Él bajó, estuvo con los compañeros y charló un buen rato conmigo. Fue un momento corto, pero que siempre recuerdo.
¿Qué tanto ha evolucionado usted como futbolista?
Han cambiado muchas cosas. Acá son diferentes los entrenamientos. Al llegar a un club grande hay que estar muy bien mentalmente porque se maneja una presión muy alta por la obligación de ganarlo todo. Hay que estar así para estar a la altura de las exigencias. He aprendido a manejar esa presión.