Por: Antonio Casale

James necesita divertirse

Todo lo que involucra a James termina en novelón. Mientras tanto el jugador, el humano, no termina de reencontrar su lugar en el mundo de su profesión.

Lo cierto es que aunque poco queda de aquel goleador de la Copa del Mundo de Brasil, cuya actuación con la camiseta de Colombia le valió ser contratado por el Real Madrid, James sigue siendo el mejor jugador de nuestra selección, con tan mala suerte para él y para nosotros, que Queiroz parece no encontrarle un lugar en el campo, en la concentración ni en los ensayos previos a la competencia oficial, que comenzará el próximo año.

El presidente de la Federación, Ramón Jesurún, dijo a la emisora Antena 2 y su programa Planeta fútbol, del viernes pasado, que la ausencia de James en los dos recientes partidos amistosos del equipo de todos obedeció a un acuerdo entre el entrenador y el jugador, porque convinieron que “era importante que él tuviera un trabajo mancomunado en el Real Madrid”.

Eso es muy distinto a lo que Queiroz, enojo de por medio con la prensa, había expresado sobre su ausencia. El portugués resaltó que no hubo acuerdos ni complicidades con ningún jugador.

Más allá de interpretaciones y de las diferencias entre las versiones, el hecho es que James no estuvo por segunda fecha FIFA consecutiva con la selección, ya se perdió cuatro de seis ensayos previos a la competencia del otro año, su ausencia se nota porque aunque su desempeño no es el mejor hace ya un buen tiempo, es de los pocos capaces de solucionar problemas en la cancha cuando la cosa, como sucedió frente a Venezuela, Chile y Argelia, no anda bien.

Esto es grave no solo por lo que significa la figura de James, sino porque en el esquema de Queiroz no caben jugadores con las características de James. El portugués definitivamente quiere imponer un esquema y lograr que los jugadores se adapten a él y no al revés; respetable y lo trajeron para que hiciera lo que crea conveniente. Pero en ese esquema europeo que les exige a los volantes tanto en materia creativa como en marca, James no cabe en el medio campo. Quedaría tan perdido como ha estado en el Madrid y en el Bayern, salvo cuando estuvo Ancelotti. Tampoco es un extremo nato como para hacer parte del tridente “europeizado” que quiere imponer el entrenador. James es un diez y esa figura para Queiroz es obsoleta. James es un disco de vinilo en tiempos de descargas digitales: suena mejor pero no es funcional.

A diferencia de hace un tiempo, hoy para James no es tan divertido llegar a la selección, y los jugadores de sus características necesitan disfrutar el fútbol, no sufrirlo, para poder brillar y hacer brillar a sus compañeros.

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2019-10-21T06:00:00-05:00

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