17 Aug 2021 - 8:49 p. m.

Jaminton Campaz, el pescador de goles

Esta es la historia de Jaminton Campaz, nuevo jugador de Gremio, que nació en una de las zonas más violentas del país: Tumaco.

Camilo Amaya - @CamiloGAmaya

Jaminton Campaz sabe, por lo que dice la gente, que por allá andan matando mucho, que guerrilleros, o personas que se hacen llamar guerrilleros, se dan plomo con otros que usan camuflaje y que al parecer son paramilitares. Allá, como él se refiere a su lugar de nacimiento, es la vereda Chontal de Tumaco, en Nariño, con el Pacífico al frente y la selva abrumadora a las espaldas. “No voy hace 10 años, porque eso está muy peligroso. Así no era antes, o por lo menos no se notaba tanto”. El hoy delantero de Tolima jugaba fútbol en las playas de una región misteriosa, pero muy atractiva, donde la persistencia de la lluvia va de la mano con la fuerza del aguacero, un paraje al que solo se puede llegar por el río Mira, en panga, y donde se vive de la pesca y de la extracción de la pinagua, un molusco que nace en los entramados de manglares y un manjar gastronómico que se conoce poco en el interior del país.

“La vendía en la vereda San Lorenzo porque nos la pagaban en dólares”. En Chontal es más fácil saber quién es quién por los apodos, por eso Jaminton habla del profe Teacher cuando le preguntan cómo aprendió a pegarle a la pelota; de Miñia, un hombre de arrugas seniles que lo llevaba de noche mar adentro para tirar el chinchorro y esperar hasta la madrugada a ver qué había quedado para jalar desde la playa. “Una vez me picó una culebra en el dedo pequeño del pie derecho y se me puso rojo, y estábamos bien adentro, entonces don Alirio, un señor que ya se murió y que iba a veces con nosotros, me apretó fuerte, sacó el veneno y me lo curó”.

Campaz aprendió a identificar los peces rayas, a usar jean y botas para pescar, y a no tenerle miedo a la oscuridad, mucho menos cuando se está rodeado de agua. También a engañar el mareo de alta mar. “Eran jornadas largas, de mirar al cielo despejado y no moverse mucho para ahorrar fuerzas, porque a la madrugada tocaba tirar duro de la red y recoger lo que había cogido. Eso es lo típico allá”. Así sobrevivía la familia Campaz en aquel tiempo, aún hoy lo hacen los abuelos y los tíos de Jaminton, gente que reniega a verse involucrada en un negocio que llegó en los 90: la coca (según un informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y Delito, Tumaco es el municipio con más cultivos de uso ilícito en el mundo).

Por eso en la casa de los Campaz siempre se procuró hablar de fútbol y se promovieron los partidos contra otras veredas, los duelos intensos con La Candelilla, las derrotas con La Mar, las goleadas a San Lorenzo y las victorias ajustadas sobre Imbili. “Era lindo jugar en la arena porque podía correr más rápido. La planta del pie quedaba curtida y le pegaba más duro a la pelota”. Jaminton se fue de Chontal a los 10 años. Su mamá, que había sido arquera del primer equipo de Tumaco, lo mandó para Pasto para que se probara en las inferiores del club nariñense, para quizás alejarlo de una violencia incontrolable para un Estado ajeno.

“No jugué porque mi mamá no mandó la autorización que necesitaba. Decía que estaba muy pequeño y terminé entrenando con América gracias a mi tío Gilbert, el papá de Carlos Darwin Quintero. Sin embargo, no pasó nada, no hubo muchas oportunidades y mi hermano Mike, que en ese entonces estaba en Tolima, me llevó para Ibagué para que siguiera mi proceso”. Betzabet, la madre de los Campaz, fue la que empezó a tocar puertas y buscarle club a Jaminton. Con frases sencillas, armoniosas, pero contundentes, la temperamental mujer logró que el equipo River Soccer lo aceptara.

Y ya adentro, Jaminton se encargó de llamar la atención de ojeadores, entre ellos Dúmar Rueda y Ricardo Salazar (el gerente deportivo de Tolima). Y a ambos, exfutbolistas, los deslumbró la capacidad que tenía el pequeño de contextura fina para hacer cambios de frente y patear al arco con mucha potencia. Y de gambetear a rivales que, en apariencia, eran más fuertes que él. Un par de pases entre líneas, de enganches con la zurda y de goles hicieron que Salazar se convenciera y lo recomendara para el equipo sub-20 de Tolima. “Le aprendí mucho al profe Víctor Hugo del Río y al profe Rueda. Ambos me dedicaron tiempo, mucho tiempo, para que fuera mejorando”.

El 1° de abril de 2017, con 16 años, Jaminton debutó con el equipo ibaguereño. Y marcó en la victoria 3-0 sobre Tigres. Eso lo llevó a la selección de Colombia sub-17, con la que jugó el Suramericano en Chile, hace dos años, y, seguido, el Mundial de la categoría en India, torneo en el que nuestro país perdió contra Alemania en octavos de final (4-0). “Espero seguir tomando buenas decisiones para jugar más y, por qué no, llegar algún día a España. Soy joven y queda mucho camino por recorrer”, concluye el hombre que ahora se dedica a pescar goles y que tendrá su primera experiencia en un club a nivel internacional al vincularse al Gremio de Porto Alegre.

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