Entrevista con Járlinson Pantano

Járlinson Pantano: “Si soy ciclista es porque me gusta sufrir”

En diálogo con El Espectador, el vallecaucano de 29 años, del equipo Trek Segafredo, habló sobre su historia en este deporte, su rol de padre y sus objetivos en la actual temporada, en la que espera ganar alguna etapa del Giro de Italia y figurar en el Tour de Francia.

Járlinson Pantano, ciclista colombiano del equipo Trek Segafredo. / Mauricio Alvarado - El Espectador

A las cuatro de la mañana se despertaba Járlinson para inflar las llantas de las bicicletas de José Gabriel y Andrés, su padre y su hermano mayor, quienes salían a las 4:30 a.m. a montar con un grupo de amigos que se hacían llamar La Zaranda del Norte. Hacían un recorrido de cerca de 60 kilómetros por los alrededores de Palmira. Con 10 años, su padre no lo dejaba salir, pero su pasión por el ciclismo era tan fuerte que quería tener algo que ver con el plan y por eso se ofrecía como mecánico, antes de la salida. Que el agua, que el aire de las llantas, que los repuestos. Todo listo y cuando se iban regresaba a la cama a dormir.

Al regreso, Andrés y José Gabriel hablaban sobre las horas sobre la bicicleta, lo que les pasaba a sus compañeros, el clima, la ruta o cualquier novedad. “Yo quería hacer parte de eso, pero no me dejaban porque estaba muy chiquito”, recuerda Járlinson. La primera vez que lo dejaron salir con La Zaranda del Norte fue cuando cumplió 15 años. “A pesar de que iba con una relación 42/14, les aguanté el paso y dejé sorprendidos a todos”, cuenta el caleño de 29 años, quien con el apoyo de su padre comenzó su evolución en este deporte.

Junto a él veía ciclismo por televisión y nunca olvidará el día que lo comparó con el alemán Jan Ullrich. “Mi papá, en el año 97, estaba entrenando conmigo. Al terminar, fuimos a donde mi padrino y se comenzaron a tomar unos tragos. Por unos segundos mi padre guardó silencio y me dijo: ‘Mijo, estoy seguro de que usted algún día va a ser como Ullrich’. Todavía me lo recuerda. No soy un corredor como él, pero he llegado a la élite del ciclismo”.

¿Siente que ya cumplió el sueño de su papá?

Creo que con lo que he hecho en el ciclismo estoy satisfecho. Yo soñaba de niño con correr un Tour de Francia y estar con los mejores ciclistas del mundo. Eso es de esas metas que uno se pone en algún momento, pero las ve lejanas, casi imposibles. Eso lo pude hacer realidad. Dios me ha premiado bastante. Hay gente que lleva 10 años o más corriendo el Tour de Francia y no ha podido ganar una etapa.

¿Cuál es el momento que marcó el inicio de su carrera?

Con 17 años fui a Europa por primera vez con el equipo de la UCI, gracias a Dalivier Ospina, quien estaba en el Centro de Alto Rendimiento de Suiza y me ayudó a estar tres meses con un equipo juvenil. Allí viví un tiempo difícil. Me engordé, fue una locura. Pero eso me abrió las puertas del Colombia es Pasión. Veía que subiendo tenía la valentía para estar allá adelante y me convencí.

¿Por qué cree que esta generación de ciclistas colombianos ha sido tan buena?

Lo primero es que hemos tenidos hambre de ganar, de salir adelante. Para nosotros, el ciclismo ha sido una oportunidad de vida, una salida para tener un futuro mejor. Me acuerdo de que lo hablábamos con Sergio Luis Henao y Darwin Atapuma, estando en el inicio de nuestras carreras.

¿Qué hablaban?

Me acuerdo de que estábamos con el Colombia es Pasión en una concentración en Europa y salimos todos a la carretera a ver pasar la caravana en la París-Roubaix. Vimos a esos ciclistas pasar y nos decíamos como: “Uy, qué bacano sería poder nosotros estar ahí. Nos falta poco”. Luego todos lo logramos.

¿Qué es lo más duro de ser ciclista?

Sacrificar a la familia es muy jodido. Claro que al final todo esto es para el beneficio de mi esposa y mi hijo. Yo amo lo que hago. Si soy ciclista es porque me gusta sufrir, mojarme, sentir frío, calor, dolor en las piernas. Todo esto lo disfruto a pesar de los momentos en los que quiero tirar la toalla. Para mí eso no es lo duro; lo duro es dejar a mi familia.

¿Jerónimo, su hijo, sigue con la idea de no seguir los pasos de su padre?

Sigue diciendo que no quiere esto tan duro (risas). La verdad es que está muy chiquito, puede que más adelante le guste. Claro que yo nunca lo voy a presionar, que él haga lo que lo haga feliz.

¿Cómo es usted como papá?

Soy estricto porque a mí me criaron así. Mi esposa es un poco más relajada. Claro que hay veces que me toca ser laxo, porque duro mucho tiempo fuera de la casa y cuando vuelvo no puedo andar todo el día regañando. Pero sí le exijo mucho a Jerónimo.

Él es su más grande motivación.

Para mí es difícil estar lejos de él, porque yo sé que él me extraña. Cuando estamos juntos la pasamos increíble. Si voy a su colegio, los niños se me arriman y yo veo que se siente orgulloso y me dice: “Mis amigos quieren un autógrafo tuyo”. Sé que cuando gano, él es el que más lo disfruta, y por eso es mi más grande inspiración.

¿Su relación con su padre es similar a la de Jerónimo con usted?

Sí. Yo a mi papá siempre lo he visto como un amigo. Ha sido incondicional conmigo y así mismo he sido y quiero ser por siempre con mi hijo.

Cuando no está en una concentración o en una carrera, ¿cómo se distrae?

Me encanta pasear. Mi hijo es feliz estando en un hotel, así que siempre intentamos salir en familia a conocer nuevos lugares.

¿En qué es lo que más ha mejorado como ciclista desde que llegó a Europa hasta hoy?

Estando en el Team Colombia no encontraba mi mejor forma, así que contacté a John Freddy García, corredor en Europa, la imagen del ciclismo en el Valle del Cauca. Le dije que si me entrenaba y aceptó mi invitación. Comenzamos a trabajar cosas puntuales y comencé a rendir mejor. Nos trazamos el objetivo de llegar a un equipo World Tour, lo logramos y luego llegaron las victorias. En lo que más he mejorado es en eso, en mi manera de prepararme para las carreras.

¿Esa victoria de etapa en el Tour de Francia de 2016 fue la que lo convenció de que podía hacer parte de la élite del ciclismo?

Tal cual. Ese año era el segundo en el IAM Cycling. El equipo me dejó venir a Boyacá a preparar ese Tour y llegaron los resultados. Esa victoria me dio confianza y me abrió aún más las puertas en el World Tour.

¿Por qué en ese Tour cruzó la meta de una de las etapas con una sombrilla?

En esa etapa salimos y hacía un calor increíble, pero luego terminábamos en Andorra. Yo me puse ropa de verano. Antes de comenzar la subida el carro del equipo me alcanzó y me pasó la chaqueta. Pero yo sentía tanto calor que dije que ya para subir para qué. Comenzó a llover durísimo, un granizo que pegaba fuertísimo en la espalda. En una de las curvas un aficionado español me pidió el bidón. Yo le dije que no, pero que le daba los guantes si me daba su sombrilla. Hicimos el trato y así subí hasta el alto.

¿Qué le dejó la temporada anterior, en la que compartió con Alberto Contador?

La verdad es que Alberto es una persona increíble. No es sólo un fenómeno sobre la bici sino en la vida cotidiana. Me enseñó que a pesar de las derrotas no hay que rendirse. Él nunca se dejó afectar de los malos días y siempre salió cada mañana a dar el máximo.

¿Por qué hubo tanto “feeling” con él?

Porque yo soy una persona que cuando está en carrera se concentra, pero fuera de la competencia le gusta estar relajado y disfrutar de todo. Yo llegaba al hotel y ponía música, hablaba de otros temas, no sólo de ciclismo. Creo que yo le sacaba ese estrés de la cabeza y por eso la relación fluyó. Además, en competencia siempre mostré lealtad al líder.

¿Cuál va a ser su objetivo en este Giro de Italia?

Voy a trabajar para Gianluca Brambilla, pero también espero poder ganarme alguna etapita.

Pero, el objetivo grande de la temporada es el Tour, ¿no?

Sí, claro. Ahí estaré a mi 100 %. Trabajaré para Bauke Mollema, que va como el líder del equipo.