Jercy Puello, dejar el alma en la pista

Cuando Jercy Puello cruzó la meta no pudo hacer nada más que llorar.

Acababa de correr los 500 metros en el Mundial de Patinaje de China Taipéi y había logrado otro título más en su carrera, el número 27 para ser exactos. Aun así, cuando se dio el parte de victoria, no pudo celebrar. “Lloré como una niña chiquita a la que le arrebatan su juguete favorito”, rememora.

Con la bandera de Colombia en las manos y los ojos llenos de lágrimas, Jercy intentaba asimilar un triunfo que para ella pesaba más que otros. En agosto pasado, cuando se dio a conocer la lista de convocados para representar a Colombia en el Mundial, su nombre no figuraba entre los seleccionados. La sorpresa fue mayor. Pese a ser la patinadora con más oros en la historia del país, los tiempos obtenidos en las pruebas preliminares no le habían favorecido y como consecuencia había quedado por fuera del equipo.

Hubiera podido dejarse vencer por la frustración y replantear su rumbo y su continuidad en el deporte que tantas glorias le había dado y que, por lo visto, cada vez se volvía más competitivo. Sin embargo, Jercy decidió no renunciar. Perder, para ella, nunca ha sido una opción. Se entregó por completo a los entrenamientos y se esforzó al máximo impulsada por esa berraquera que, según ella, ha sido siempre la clave de sus éxitos.

El desquite llegó dos meses después en los Juegos Nacionales que se realizaron en Guarne y Rionegro (Antioquia). Jercy no sólo ganó tres medallas de oro, dos de plata y una de bronce, sino que además batió los récords de 300 metros pista y 200 metros contrarreloj individual en ruta. La sonrisa prominente -que siempre la ha caracterizado- volvió a brillar en su rostro y el triunfo fue el abrebocas de una felicidad aún mayor. Su destacada actuación en los nacionales llevó a los técnicos de la selección colombiana de patinaje a tomar la decisión de convocarla para el Mundial.

“Estaba nerviosa antes de empezar la carrera, hablaba con mis entrenadores y ellos me daban el apoyo y me decían que no me tensionara, sino que disfrutara. Le pedí muchísimo a Dios que me diera esa fuerza, esa berraquera para dar lo mejor de mí y hacer una carrera limpia. Esas ganas que tenía de ser campeona nuevamente, así que me relajé”.

En China, Jercy superó las expectativas. La medalla la ganó a pulso, con coraje y echando mano de su experiencia deportiva. De ahí el llanto casi incontenible que le empapó el rostro y no le permitió saborear el momento de gloria más que merecido. Fue el instante en el que el triunfo le mostró el resultado de su entrega, de la lucha diaria e implacable que sostiene con ella misma en la eterna búsqueda de la excelencia. Por eso la Jercy que sale a las pistas se parece poco a la mujer tierna y menuda que es cuando no compite. La Jercy patinadora, la de alta competencia, es una mujer tan tenaz como feroz, que no duda en dejar el alma en cada reto. Una que no renuncia así todo parezca perdido.

Y el título de China fue la prueba de ello. Se bañó en oro y obtuvo su título mundial número 27 consolidándose como una figura histórica para el patinaje colombiano. Y eso que, a sus 28 años, todavía le falta camino por recorrer. “Mi meta es llegar a los 30 títulos. Ahí pensaré en un retiro y en concentrarme en mis estudios”.

A menudo Jercy piensa en su futuro, en lo que hará cuando deje para siempre las pistas y las competencias. Quizá su destino no esté del todo alejado del mundo del patinaje que tanto adora, pero por el momento los planes están orientados a terminar sus estudios: la carrera de gastronomía que ya casi culmina y la de pedagogía infantil que hace un semestre comenzó.

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