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Pocos personajes han sido tan decisivos en la historia del deporte mundial como el brasileño Joao Havelange, a quien los años le están pasado factura y ni su fortuna ni su poder pueden ayudarlo en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Samaritano de Botafogo, en Río de Janeiro, en donde está recluido con pronóstico reservado desde el 18 de marzo por una insuficiencia cardíaca y respiratoria.
Exatleta olímpico, participó en las pruebas de natación en los Juegos de Berlín 1936 y en el torneo de waterpolo de Helsinki 1952 y se dedicó después a los negocios particulares y la dirigencia deportiva.
En 1974 fue elegido presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (Fifa), en reemplazo de sir Stanley Rous. Y desde esa posición convirtió el balompié en una de las industrias más lucrativas del planeta.
Sus estrategias, unas santas y otras cuestionadas, le sirvieron para llenarse de dólares y de poder, así como para enriquecer y desarrollar el fútbol y el deporte en general, pues fue un hombre influyente en el seno del Comité Olímpico Internacional hasta hace apenas cuatro meses, cuando decidió renunciar a su membresía aludiendo problemas de salud, pero también evitando de esa manera investigaciones por corrupción y sobornos.
Su legado después de dejar la presidencia de Fifa, en 1998, fue verdaderamente impresionante: aumentó de 16 a 32 el número de países en los mundiales de mayores y creó los de categorías sub-20 y sub-17. Consolidó el futsal y promovió el desarrollo del fútbol en continentes hasta entonces olvidados, como África, Asia y América. Sentó las bases del fútbol femenino y logró involucrar a la entidad en proyectos sociales en diferentes regiones. Cuando llegó había US$100 en caja; al irse, en 1998, dejó un patrimonio superior a los US$4.000 millones.
Firmó los astronómicos contratos por derechos de televisión y patrocinios con empresas como CocaCola, Nike, Budweiser y McDonald's, entre otras, que hicieron de la Fifa una multinacional respetada y hasta temida. Además, logró aislar el balompié de las diferencias políticas, raciales y religiosas que se visualizaron durante su mandato.
Esa gestión, sin embargo, no le valió para descansar en paz durante sus últimos años. De hecho, desde muy joven estuvo siempre en el ojo del huracán, porque fue acusado de evadir impuestos y leyes para su beneficio.
Pasó así cuando comenzó a trabajar. Ya se le criticaba el hecho de haber heredado la empresa de su padre, un belga que llegó a Brasil a comienzos del siglo XX y que se dedicó al comercio de armas, pero fue mucho más cuestionado tras convertir a Viajes Cometa en una de las principales transportadoras del país. Después lideró compañías de seguros y del sector químico, todas ellas acusadas de prácticas no profesionales.
Pero fue en el fútbol en el ámbito en el que fue más polémico. Logró ser reelegido cinco veces al frente de la Fifa gracias a su astucia para manejar a los miembros de la asamblea general, a quienes otorgaba favores y prebendas a cambio de sus votos.
Y cobró jugosas comisiones, por encima y por debajo de la mesa, por cado uno de los acuerdos en los que involucró a la entidad durante 24 años, según lo denunciaron hace casi dos décadas los periodistas Vyv Simson y Andrew Jennings en su libro Los señores de los anillos, en el que explican la cercana relación entre Havelange y Horst Dassler, uno de los dueños de Adidas, empresa que nunca ahorró esfuerzos para convertirse en la más importante proveedora de artículos deportivos y que de la mano del brasileño se afincó en Fifa y en el Comité Olímpico Internacional.
Su retiro, en 1998, se vio empañado por el posterior escándalo por la quiebra de la firma de mercadeo ISL, que manejó durante muchos años los derechos de televisión y que le habría pagado decenas de millones de dólares a Havelange, así como a otros dirigentes de FIFA, entre ellos su yerno Ricardo Teixeira, por cederles el control de las transmisiones y contratos de patrocinio de varias copas del mundo.
Eso sin contar asuntos ‘menores’, como el arreglo que hizo la Confederación Brasileña de Fútbol con Nike, en el que se especula que esos directivos también tuvieron su participación.
Ángel y demonio, Havelange será recordado mucho más que la mayoría de los futbolistas del mundo. En vez de gambetas y goles, aportó su visión empresarial, su astucia y carisma para hacer del deporte un negocio que mueve al mundo.
Tenía tan claro lo que pretendía, que durante años preparó a su sucesor y lo puso en el trono. Joseph Blatter, su discípulo, ha hecho bien la tarea y bajo su mandato la Fifa no ha dejado de crecer. El suizo también sabe que Joao Havelange fue el hombre que cambió el fútbol.