Juan Pablo Montoya: "Me mamé de la Fórmula Uno"

Cuatro años después de dejar la máxima categoría del automovilismo, el bogotano dice que no se arrepiente de su decisión y que en la Nascar es feliz.

En 2010 Juan Pablo Montoya cerró su cuarta temporada en la Copa Sprint de Nascar, una llena de altibajos y contrastes cuando las expectativas suyas y de su equipo apuntaban al menos a repetir lo de 2009, cuando fue uno de los 12 aspirantes al título. Eso no ocurrió esta vez y si bien hubo una victoria, tres poles, 17 carreras lideradas y 14 resultados entre los 10 primeros, en contraste hubo siete carreras que no terminó, demasiadas para poder estar en la élite que disputó el máximo trofeo del automovilismo americano en las últimas diez fechas.

En diálogo con El Espectador, Montoya mira por el retrovisor más allá de lo que ha sido su paso por la Nascar y proyecta lo que será su futuro a mediano plazo.

¿Qué balance hace de 2010?

La verdad fue un año complicado. Tuvimos la victoria en Watkins Glen, que fue muy buena, tuvimos otra vez la posibilidad de haber ganado en Indianápolis, lideramos muchas carreras, pero al mismo tiempo nos hemos quedado sin gasolina, con motores rotos, en accidentes de otros, mejor dicho... nos ha pasado de todo lo malo que puede pasar y cuando las cosas son así es muy complicado tener buenos resultados.

¿Qué esperaba de este año?

La idea era tratar de entrar al Chase, pero después de las tres primeras carreras ya estábamos 200 puntos atrás porque en una nos estrelló el compañero de equipo y en la otra se rompió el motor. Después pudimos recuperar mucho, pero no es fácil con este sistema de puntaje. El año pasado fuimos conservadores y eso nos ayudó, esta vez tuvimos carros más rápidos, pero si sumamos todos los puntos que perdimos por diferentes motivos en las malas carreras y los reemplazamos por un resultado promedio, habríamos estado en el Chase.

En Indianápolis una decisión estratégica de su jefe de equipo, Brian Pattie, le impidió ganar. De sus seguidores un buen grupo no entiende como él continúa en su posición. ¿Usted qué opina?

Somos un equipo y es algo que la gente tiene que entender. Esto no es un deporte individual, aunque se puede decir que yo soy como el número uno porque soy quien maneja el carro, pero detrás hay mucha gente. Nosotros ganamos juntos y perdemos juntos. No es que cuando nos va bien es por mí y cuando nos va mal es culpa de Brian. Hay veces que yo cometo errores y voy por donde no debería en la pista y termino pegándole a la pared y dañando el carro. Pero eso pasa.

Después de un año como este, especialmente, existe en nuestro país la percepción de que usted dejó la Fórmula Uno para venir a Nascar y no ha tenido éxito. ¿Cómo lo ve usted?

Uno no puede vivir de lo que dice la gente. En este momento estoy feliz, Target, mi patrocinador, está feliz y Chip Ganassi también. Eso es lo único que me importa. Desde que me sienta que estoy haciendo un buen trabajo y el equipo también, no hay más.

¿Realmente son tan diferentes estos autos de Nascar a lo que usted estuvo acostumbrado toda su carrera? Un ex campeón del mundo, Jacques Villeneuve, ha intentado en esto sin éxito y otros, como Darío Franchitti, campeón de IndyCar, no aguantó media temporada como su coequipero...

La verdad sí es diferente, pero a veces pienso que he podido acostumbrarme gracias a que corrí los Chevrolet Swift o los Lada Samara que usé en Colombia... No, hablando en serio son carros bien difíciles de manejar y la sensación no tiene nada que ver con lo que uno está acostumbrado. Yo sé que manejo el carro muy diferente a como lo hace la demás gente acá, pero me funciona a mí. Cuando el carro se me mueve mucho en las curvas ya no me asusto tanto como antes, no levanto tanto el pie del acelerador. Estos carros no hay que llevarlos al ciento por ciento si uno no está cómodo. Hay mucho peso y poco agarre, todo lo contrario de un IndyCar o un F1.

¿Qué tan duro ha sido manejar en estos años, el tener una temporada tan intensa, corriendo cada semana?

Le digo la verdad: para mí mentalmente este calendario es mucho menos exigente de lo que era el de Fórmula Uno. Con McLaren cuando no estaba en la pista estaba en el simulador en Inglaterra y creo que en mi última temporada hice más kilómetros simulados que los que recorrí manejando el carro en pista. Era yo sólo metido en un cuarto con dos ingenieros hablando del carro todo el día. Sentía que se perdía un poco el sentido de lo que yo quería.

Cuatro años después, ¿qué responde a por qué dejó la F1?

Porque me mamé. Para que me entienda, es como tener una mona de ojos verdes y medidas perfectas que no sirviera para nada. La respuesta a esa pregunta es la misma de hace cuatro años. Me cansé de la politiquería dentro de los equipos, la manipulación de todo y eso no es vida. Yo trabajé duro toda la vida para llegar allá y estar en la punta y pienso que si llega el momento en el que uno no disfruta lo que hace, es mejor dejarlo. Mi familia y yo llevamos una mejor calidad de vida acá en los Estados Unidos y las carreras son mucho más divertidas. Me dio por ver la final de la Fórmula Uno y la verdad es lo mismo de todos los años. Un carro que es un segundo más rápido que otro no puede pasarlo. Dicen que el problema son las pistas, pero sinceramente eso ha sido siempre F1.

Mucha gente cree que si usted hubiese aceptado correr para Red Bull cuando tuvo alguna conversación con ellos, hoy sería campeón del mundo...

Pero igual antes si me hubiera quedado con McLaren, entonces podría haber sido campeón con ellos también. Los hubiera no cuentan. Todo eso ya pasó y para mí la decisión que tomé fue la mejor. Personalmente estoy feliz. Cuando me iba para F1 la gente en Colombia no entendía por qué iba a dejar la Cart si era campeón. Lo mismo pasó cuando me fui de la F1 y aunque acá en Nascar ha sido más difícil, estoy contento. Al que no le guste, pues que no mire. Si la gente cree que yo debería haber corrido con Red Bull en vez de venir a Nascar, eso no quiere decir que yo seguiría con ellos de haberlo hecho y que estaría ganando carreras y el campeonato. A ellos apenas en los últimos dos años les ha ido bien porque antes de eso les iba como a los perros en misa. Es muy fácil especular. Es muy fácil hablar después de que han pasado las cosas, igual que en Indianápolis este año cuando perdimos la carrera por haber cambiado cuatro llantas y no dos en la última parada. La cosa no salió, simplemente.

Usted conoce al actual campeón del mundo, Sebastián Vettel, quien de hecho lo acompañó en Bogotá hace años en el bautizo de su primer hijo. ¿Ha hablado con él después de Abu Dabi?

No he hablado con Sebastián, pero sí puse un mensaje diciendo que me alegraba por él. Se lo merece porque tiene mucho talento y aunque hizo todo lo posible por no ganarse el título, quedó campeón. Él y su equipo cometieron muchos errores y eso les complicó mucho las cosas, pero creo que ganó el piloto y equipo más rápidos.

¿Qué quiere de su futuro en Nascar?

Lo que quiero es poder pelear el campeonato y ganar carreras. Las temporadas son muy largas y por eso uno va fin de semana por fin de semana. Pero el objetivo no ha cambiado.

¿Cuánto tiempo le queda en Nascar después de terminar su contrato en 2011?

La idea es firmar un contrato nuevo con Chip y de ahí ver qué pasa. El día que no me quiera subir más al carro, no me monto y ya. Eso va a ser más o menos así. En este momento estoy contento, somos competitivos, creo que he aprendido mucho, he madurado como piloto, como persona y no me cambio por nada. Algunos me dicen que debería volver a la F1, pero estoy feliz. Creo que está claro que no hay chance de irme para otro lado por ahora. ¿Qué haría si dejara de correr? Sería un verraco golfista y practicaría windsurf, seguramente.

“La prioridad es estar donde esté contento”

Ya es padre de tres hijos. ¿Qué tanto pesa eso hoy día en sus decisiones profesionales?

Las decisiones profesionales son eso. Así las hemos manejado y me lo han respetado. La prioridad ha sido estar en donde esté contento y eso nos ha funcionado. Antes de correr acá nunca vinimos a ver una prueba de Nascar. Hablé con Chip, le dije: “Me parece chévere, hagámosle”. Donde hubiese sabido lo complicado que era, tal vez no habría venido.

¿Habrá otra generación de pilotos Montoya?

A Sebastián le gusta. Lo estamos tomando con calma porque apenas tiene 5 años. Vamos a la pista una vez al mes y no hay afán. Cuando yo era niño mis papás tuvieron claro que yo podía hacer lo que quisiera de mi vida, que no era solamente las carreras, porque si uno los trata de enfocar en un tema desde tan chiquitos, probablemente cuando sea el momento de empezar a correr en serio van a estar aburridos.

 

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